Estar en pareja es construir día a día una vida en común. Pero ¿qué sucede cuando una ciudad o incluso otro país se interpone entre dos personas? Con la migración y las oportunidades laborales o de estudio, los kilómetros pueden convertirse en un nuevo reto para una relación. Porque, aunque el amor es un pilar fundamental, no basta con esperar hasta que la otra persona regrese, sino que es necesario aprender a relacionarse de una manera diferente.
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Y es que, nos guste o no, inevitablemente la dinámica cambia. La convivencia diaria y las conversaciones espontáneas se transforman en llamadas, mensajes o videollamadas. Además, la distancia puede hacer que aparezcan dudas que antes quizá no estaban presentes: cuándo hablar, qué acuerdos establecer y, sobre todo, cómo sostener un proyecto de vida compartido cuando uno empieza a vivir en una realidad distinta.
¿Tu relación está preparada para la distancia?
Para el psicólogo Iván La Rosa, de la Universidad Científica del Sur, antes de pensar en cómo sostener la vida en pareja, conviene mirar menos la distancia en sí y más la calidad de la relación actual.
En este sentido, es importante revisar la confianza, la capacidad de resolver conflictos, la comunicación, el compromiso y las expectativas sobre el futuro. “Una relación a distancia no suele solucionar los problemas previos, al contrario, los hace más visibles”, explicó a Somos.
Aunque pueda sonar un tanto repetitivo, la confianza cobra todavía más importancia cuando disminuye el contacto presencial. Natacha Duke, psicoterapeuta de Cleveland Clinic, señaló que, si antes de la distancia ya existen celos frecuentes, dudas constantes o necesidad de comprobar lo que hace la otra persona, esos problemas pueden volverse más difíciles de manejar frente a los espacios de incertidumbre.
Extrañar no significa que la relación esté fallando
Un punto a considerar durante este proceso, es que la separación rara vez se vive de la misma manera en ambos lados. Por eso, como recalcó César Sotillo, terapeuta psicoanalítico, el desequilibrio es real y conviene reconocerlo, porque quien se va suele tener la agenda llena de estímulos—lugar y personas nuevas y diversas ocupaciones— que amortiguan la falta. Mientras que, el que se queda sigue en el mismo escenario, pero ahora con una ausencia significativa.
Además, las primeras semanas pueden sentirse más difíciles de lo esperado, en especial para quien tiene mayor resistencia al cambio. En esa etapa inicial, es clave observar más que juzgar y darle tiempo al proceso de adaptación. “Sentir tristeza, ansiedad o nostalgia es una reacción normal ante la pérdida de la rutina compartida, no una señal automática de que el vínculo no funciona”, aseguró la psicoterapeuta Liliana Tuñoque, de Clínica Internacional.
Así puedes sostener el vínculo desde la distancia
Acepta que la relación tiene que cambiar
Tratar de reproducir a distancia la relación que tenían antes puede convertirse en una forma poco saludable de afrontar la separación si uno o ambos miembros se niegan a reconocer que la realidad cambió y continúan comportándose como si la presencia física siguiera existiendo.
Para Manuel Roca, psicólogo y docente del Instituto de Educación Superior CERTUS, reconocer esa ausencia también es una forma de cuidar la salud mental. El verdadero problema surge cuando se intenta llenarla con mensajes, fotografías, llamadas o la necesidad constante por saber qué hace el otro. Al final, esto solo alimenta un círculo agotador: la persona busca una confirmación, se tranquiliza por un instante, la duda reaparece y necesita corroborar otra vez.
“Más que llenar cada momento de ausencia con una pantalla, asumir esta distancia física permite que la pareja mantenga el vínculo transformándolo. No se busca borrar la separación, sino encontrar nuevas maneras de relacionarse y de estar cerca”, agregó el psicólogo.
Habla antes de que la duda responda por ti
Antes de la separación, hay conversaciones que muchas parejas prefieren evitar porque temen “arruinar” el momento. Sin embargo, para Liliana Tuñoque, hablar de lo que esperan de la relación, con qué frecuencia quieren comunicarse, cómo manejarán las salidas, qué entienden por fidelidad, qué límites tendrán y qué harán cuando aparezca un conflicto no arruina la relación, sino que evita que cada uno se vaya con expectativas totalmente diferentes.
Por ejemplo, una vez separados, aunque no existe una frecuencia que funcione para todas las parejas, tampoco es necesario estar conectados todo el día. De acuerdo con Jayden Chávez, psicólogo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), lo que protege el vínculo es la calidad de la comunicación y no la cantidad de mensajes o el tiempo que permanecen en WhatsApp.
“Intentar compensar la ausencia con miles de mensajes, llamadas o videollamadas, lo único que genera es tensión, una sensación de obligación y menos espacio para la individualidad. Por eso, puede ser útil reservar un momento para conversar o realizar una actividad compartida y avisar con anticipación si hay cambios, tomándolo como una pausa dedicada exclusivamente a ambos y no como una tarea más en la agenda”.
Eso también implica aceptar que no ambos necesitarán la misma cantidad de contacto. En este sentido, La Rosa nos propone buscar un punto intermedio. Por ejemplo, si una persona necesita varios mensajes durante el día y la otra tiene jornadas laborales intensas, pueden acordar un mensaje breve al mediodía y una conversación más profunda por la noche. La clave está en expresar las necesidades sin convertirlas en exigencias: “Necesito sentirme conectado contigo” es diferente de “si no me escribes, no te importo”.
Lo mismo ocurre con los celos. Pueden aparecer incluso en relaciones saludables, pero se convierten en una señal de control cuando la persona intenta reducir su ansiedad restringiendo la libertad del otro, como revisar el teléfono, exigir fotografía, prohibir amistades o supervisar horarios. Dicho ello, es mucho más positivo para la relación decir, “me sentí inseguro cuando ocurrió esto, ¿podemos conversarlo?”, en lugar de exigir “no salgas con esa persona porque yo no estoy allí”.
La intimidad también cambia con la distancia
La intimidad no desaparece con la distancia, pero necesita transformarse. Iván La Rosa explicó que, la pareja puede mantener la cercanía mediante conversaciones afectivas, expresiones de deseo, videollamadas y otras formas de intimidad acordadas mutuamente.
Sin embargo, el deseo puede fluctuar y eso no necesariamente significa una falta de interés, ya que una persona puede querer una conversación íntima mientras la otra no, y eso no tiene por qué interpretarse como rechazo.
“Ninguna práctica sexual debería convertirse en una obligación para demostrar amor o compromiso. Si uno quiere mantener sexting, enviar fotos íntimas o tener videollamadas sexuales y el otro no, la respuesta no debería ser la presión o el chantaje emocional, sino la negociación y el respeto, además del consentimiento explícito y el cuidado de la privacidad”, advirtió el psicólogo.
Amar a distancia no significa pausar tu mundo
Una relación saludable requiere dos dimensiones simultáneas: identidad individual y proyecto de pareja. Durante la distancia, cada persona debería continuar desarrollando amistades, intereses, trabajo, estudios y actividades propias y, en paralelo también necesitan espacios donde sigan construyendo un “nosotros”.
Por ejemplo, pueden establecer objetivos profesionales individuales y, paralelamente, ahorrar para un viaje, planificar una vivienda futura o definir cuándo volverán a vivir en la misma ciudad. Tener una vida propia no significa alejarse emocionalmente; significa que la relación se integra a una vida completa, en lugar de convertirse en el único centro de ella.
El reencuentro no es volver al pasado
Definir un horizonte temporal le da propósito a la distancia. Aunque no siempre exista una fecha final definitiva, según La Rosa, fijar metas concretas —como cuándo volverán a verse, cuánto tiempo durará la siguiente etapa o qué condiciones permitirían vivir nuevamente en la misma ciudad— reducen la incertidumbre.
Y es que saber que “nos veremos cada dos meses y evaluaremos la convivencia al terminar el contrato” ofrece una esperanza realista y permite verificar si ambos siguen remando hacia el mismo objetivo.
Sin embargo, es importante hacer un matiz sobre el reencuentro. Como nos recuerda Liliana Tuñoque, la distancia modifica la rutina, las amistades e incluso los intereses. Por eso, al volver, el objetivo no es “regresar a ser los de antes”, sino descubrir cómo encajan hoy. Esto es un proceso que exige tiempo y paciencia para reajustar la convivencia sin presiones.
TEST: ¿Quieres saber si tu relación a distancia está funcionando?
Marca las señales que reconoces en tu relación. No se trata de tenerlas todas, sino de observar que patrón predomina.
Hay una relación que se está sosteniendo cuando:
☐ Existe confianza y ninguno necesita vigilar constantemente al otro para sentirse seguro.
☐ Pueden hablar de lo que sienten, incluso cuando hay incomodidad, tristeza o desacuerdos.
☐ Respetan sus espacios y sus vidas individuales sin interpretar la autonomía como falta de amor.
☐ Los esfuerzos son recíprocos y no depende de una sola persona mantener el contacto.
☐ Pueden resolver los conflictos sin recurrir al control, los reproches o las amenazas.
☐ Siguen sintiéndose parte de la vida del otro y existe interés genuino por lo que cada uno está viviendo.
☐ Los encuentros renuevan las ganas de estar juntos, en lugar de generar cada vez más indiferencia o tensión.
☐ Existe un proyecto compartido, aunque todavía no tengan una fecha exacta para terminar la distancia.
Puede haber desgaste cuando:
☐ La relación se ha convertido en una fuente constante de ansiedad, vigilancia o desconfianza.
☐ Hablar se siente como una obligación y el contacto pesa más de lo que conecta.
☐ Aparecen reproches y discusiones repetidas que nunca llegan a resolverse.
☐ Uno de los dos sostiene casi todo el contacto y el esfuerzo, mientras el otro simplemente responde.
☐ Alguno empieza a sentirse presionado, vigilado, aislado o emocionalmente agotado.
☐ Existe miedo a hablar de determinados temas para evitar conflictos.
☐ Uno empieza a construir su vida sin considerar al otro y la relación deja de formar parte de sus planes.
☐ Ya no existe una conversación real sobre cómo o cuándo volverán a compartir la vida.
