Estuve hace unos días en Trujillo. Un taxista me contó orgulloso que ya habían encauzado las aguas de las quebradas de San Ildefonso y San Carlos, las mismas que en el 2017 arrastraron lodo hasta el centro de la ciudad. Me dijo que la ciudadanía había presionado para que las autoridades avanzaran. Me comentó que, sin embargo, el sistema de drenaje pluvial seguía pendiente.
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Proteger una ciudad de las lluvias exige hacer ambas cosas: encauzar el agua que baja por los ríos y las quebradas, así como implementar un sistema para drenar la que cae sobre la ciudad.
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Las lluvias de octubre refuerzan nuestra situación de alerta. Según la información presentada por Ambiand, en Tumbes llovió más de 100 veces lo normal y en Talara, más de 50. Bien que la presidenta haya suspendido su viaje a la Cumbre Iberoamericana y que el ministro de Defensa haya ido a Tumbes. La presencia de las autoridades es importante en una emergencia. Pero necesitamos dejar de vivir de emergencia en emergencia.
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En el 2017, las lluvias cortaron la Panamericana Norte. Recuerdo que las empresas pesqueras organizaron un puente marítimo para llevar ayuda. También recuerdo los videos que circulaban de ciudades de países vecinos que, después del Niño de 1998, habían construido diques, canales y defensas en sus ríos y que, por tanto, enfrentaban menos daños con el incremento de las lluvias. Los mirábamos con envidia sana.
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En el Perú vino la Reconstrucción con Cambios, las discusiones sobre quién debía ejecutar las obras y, en el 2023, la creación de la ANIN. Casi diez años después, Piura sigue sin un sistema de drenaje pluvial y sin una solución integral para su río. El proyecto de drenaje recién obtuvo viabilidad en junio.
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Necesitamos trazarnos un objetivo nacional claro. Ideal si lo impulsa la Presidenta de la República y logra el acuerdo de las diferentes fuerzas políticas para ello. Podríamos proponernos que las 20 ciudades más vulnerables tengan sus quebradas y ríos con puntos críticos protegidos, así como un sistema de drenaje adecuado. Y podríamos diseñar un tablero de control que nos indique qué obras faltan, cuánto hemos avanzado, cuándo estarán terminadas y quién es el responsable. Un tablero sencillo, con indicadores en rojo, amarillo y verde, que todos podamos consultar.
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Los ministros de Agricultura y Vivienda deberían ser los principales responsables de que avancemos en este frente, la Oficina de Cumplimiento de Gobierno de la PCM debería estar a cargo del tablero de control y las organizaciones de la sociedad civil deberían difundir la información y exigir permanentemente avances. Sería bueno también que algún congresista tome la bandera y use el poder que los peruanos le hemos confiado para impulsar avances.
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¿Por qué hemos avanzado tan poco y tan lento? ¿Será el temor de los funcionarios a firmar y tomar decisiones ante posibles cuestionamientos (muchas veces infundados) de la Contraloría y la Fiscalía? ¿Será el clientelismo que ha desplazado a la meritocracia en el Estado? ¿Será la falta de partidos políticos serios, con buenos cuadros, que privilegien la capacidad y los resultados? Probablemente todos estos factores estén contribuyendo. Son problemas medulares que tenemos que enfrentar.
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Mientras tanto, hay tareas que no pueden esperar. El Gobierno Nacional, así como los gobiernos regionales y municipales, deben limpiar cauces y drenajes, despejar puntos críticos y tener operativa su maquinaria. Las autoridades que asumirán funciones en enero deben conocer cuanto antes la situación que recibirán.
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Las familias deben protegerse: revisar techos y canaletas, limpiar desagües, guardar lo importante en un lugar en alto, preparar una mochila de emergencia y acordar un plan familiar. Deben además eliminar el agua estancada, porque con las lluvias lamentablemente se multiplica el dengue.
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Las empresas pueden ayudar a las familias. Capitalismo Consciente, Hombro a Hombro y L+1 han preparado una campaña con piezas listas para difundir entre los trabajadores: cómo preparar la casa, cómo actuar en una emergencia y cómo prevenir el dengue.
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Trujillo muestra que podemos avanzar. Pero también cuánto nos falta. Han pasado casi diez años desde el Niño de 2017 y seguimos a medio camino. Necesitamos metas, responsables y ciudadanos vigilantes. Que no pasen diez años más.
Elena Conterno es especialista en políticas públicas.


