Tras los resultados iniciales de las elecciones regionales y municipales, es evidente la derrota de Fuerza Popular. La ciudadanía ha castigados los dos meses de inoperancia política, pero también le recuerda que, en el país, perdieron las elecciones generales.
La participación electoral ha disminuido. De los 26 millones de electores convocados, solo ha participado el 70%. El desinterés político tiene el grave riesgo de debilitar al Estado y las instituciones sociales.
Se rediseña el escenario político, pero con gran dispersión. Partidos tradicionales con clara ideología como el APRA, Acción Popular y la propia izquierda pierden vigencia, dando paso a diferentes organizaciones que resultan más pragmáticas y que muchas veces carecen de propuestas políticas serias.
Renovación Popular se ha quedado con alguna fuerza en Lima y sobre todo el Callao, pero no arrasó como muchos creían y las últimas encuestas presentaban. A nivel regional, tanto Juntos por el Perú, Somos Perú y Ahora Nación han obtenido gobernaturas regionales, pero también organizaciones regionales y locales. Este avance de fuerzas de oposición indica que el Ejecutivo tendrá serias demandas que enfrentar, negociar y/o cumplir. El sur nuevamente se coloca con claro sentido opositor. La victoria de Venceremos con Verónika Mendoza, en Cusco, y el resultado de Puno, lo reafirman.
La actuación del Jurado Nacional de Elecciones deja más dudas que certezas, pero así se manejan las normas e instituciones cuando se concentra el poder.
Nos queda recuperar la política como actividad de servicio y renovar los liderazgos. Es la única manera de avanzar.