El avance de los incendios forestales en el país coincide con un escenario climático que podría incrementar los riesgos durante los próximos meses. En la comunidad nativa de Cutivireni, distrito de Río Tambo, provincia de Satipo, Junín, un incendio que afecta a comunidades asháninkas continúa generando daños en bosques, cultivos y viviendas. CARE estima que el fuego ha alcanzado más de 2.500 hectáreas de territorio asháninka, mientras que reportes oficiales difundidos días antes daban cuenta de más de 1.200 hectáreas afectadas en el distrito.
La emergencia ocurre mientras la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) advierte que El Niño continúa fortaleciéndose. Su última actualización, del 8 de octubre, señala que existe más de 83% de probabilidad de que el fenómeno se mantenga con una intensidad fuerte a muy fuerte durante el periodo enero-marzo de 2027. Además, el organismo reportó anomalías superiores a los 4 °C en sectores del Pacífico ecuatorial oriental.
En la cuenca del río Ene, las altas temperaturas ya son una señal de alerta. El 15 de octubre, la estación meteorológica de la comunidad nativa de Potsoteni registró una máxima de 41,6 °C. La cifra se acerca a los 41,8 °C registrados en octubre de 2024 en Tingo de Ponaza, San Martín, que el Senamhi identificó entonces como la temperatura más alta registrada a nivel nacional, según CARE.
Río Tambo: fuego, sequía y comunidades en riesgo
El incendio en Río Tambo no es reciente. La Defensoría del Pueblo informó el 14 de octubre que los siniestros en los sectores de Tshiapo y Tiboreni habían comenzado desde los primeros días de ese mes y que ya se habían registrado familias afectadas y damnificadas. El organismo pidió al Gobierno Regional de Junín reforzar la articulación entre los diferentes niveles de gobierno para enfrentar la emergencia.
Días después, la Agencia Andina informó que el incendio había alcanzado más de 1.200 hectáreas y que existía preocupación por su posible aproximación a la Reserva Nacional Otishi. Sernanp movilizó una brigada para sumarse a las labores, mientras más de 150 brigadistas vinculados a CARE participaban en las acciones de respuesta.
La emergencia también ha golpeado directamente a las familias. Reportes difundidos por RPP, con información de Defensa Civil, señalaron que al menos 50 familias habían resultado afectadas y que diez viviendas fueron destruidas, además de registrarse daños en cultivos y cobertura forestal.
Para CARE, este escenario evidencia que la respuesta no puede comenzar cuando las llamas ya avanzaron sobre los bosques. La organización propone que el país adopte una política nacional de Manejo Integral del Fuego (MIF), con participación de los gobiernos nacional, regional y local, comunidades indígenas e instituciones especializadas.
No solo apagar incendios: qué propone el Manejo Integral del Fuego
El Manejo Integral del Fuego busca cambiar el enfoque de una respuesta centrada principalmente en la extinción hacia una estrategia que también priorice la prevención y la reducción del riesgo.
La propuesta contempla tres dimensiones: reconocer la relación cultural de las comunidades con el fuego; comprender sus efectos sobre los ecosistemas; y desarrollar mecanismos para gestionarlo de manera segura. Entre las acciones se encuentran el monitoreo, la identificación de zonas de riesgo, las quemas controladas, la capacitación de brigadas y la preparación para una respuesta rápida.
Esto resulta especialmente relevante en territorios indígenas, donde el fuego también forma parte de prácticas productivas y culturales. El problema surge cuando las quemas se realizan bajo condiciones que favorecen que las llamas escapen de control, especialmente en periodos de altas temperaturas y menor disponibilidad de agua.
En Río Tambo, además, el Gobierno declaró mediante el Decreto Supremo 140-2026-PCM el estado de emergencia por peligro inminente ante déficit hídrico para el periodo de lluvias 2026-2027. La medida comprende al distrito y tiene una vigencia de 60 días.
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PAAMARI: una experiencia de prevención desde las comunidades
CARE sostiene que una alternativa ya viene funcionando en la propia cuenca del río Ene. A través de la estrategia PAAMARI, la organización trabaja con 45 comunidades para combinar conocimientos ancestrales con herramientas científicas y tecnológicas destinadas a prevenir y responder ante incendios forestales.
De acuerdo con sus registros, en 2023, antes de la implementación de la estrategia, se reportaron 25 incendios que afectaron más de 2.600 hectáreas. En 2024, la cifra bajó a nueve incendios y unas 492 hectáreas afectadas. En 2025, CARE asegura que no registró incendios forestales dentro de su ámbito de intervención.
Actualmente, PAAMARI cuenta con 75 brigadistas comunitarios distribuidos en nueve cuadrillas y 19 instructores-facilitadores. Su trabajo incluye la identificación de zonas de riesgo, vigilancia, detección temprana y respuesta inicial. La estrategia se desarrolla, según CARE, en coordinación con el Senamhi, la Intendencia Nacional de Bomberos del Perú y el Ministerio del Ambiente.
El conocimiento del territorio es uno de los principales recursos de estas brigadas. Los comuneros conocen las rutas de acceso, fuentes de agua y sectores donde el fuego puede avanzar con mayor rapidez, lo que les permite detectar situaciones de riesgo y actuar antes de que una emergencia alcance mayores dimensiones.
Comunidades piden que prevención sea parte de una política nacional
Para CARE, la experiencia de PAAMARI demuestra que las comunidades indígenas no deben ser consideradas únicamente como población afectada por los incendios, sino también como actores clave para prevenirlos y responder ante ellos.
La propuesta incluye fortalecer las brigadas comunitarias, garantizar su capacitación y protección, mejorar los sistemas de monitoreo, promover prácticas de quema seguras y establecer mecanismos de restauración de las zonas dañadas. También plantea incorporar de manera efectiva los conocimientos de los pueblos indígenas en las decisiones sobre sus territorios.
El incendio de Cutivireni vuelve a colocar esta discusión sobre la mesa. Mientras el país enfrenta un periodo de altas temperaturas, déficit hídrico en varias zonas y un El Niño que NOAA proyecta como fuerte a muy fuerte hasta los primeros meses de 2027, la discusión ya no pasa únicamente por cuántas brigadas se necesitan para apagar un incendio, sino por cuánto se está haciendo para evitar que el siguiente avance.


