Cuando hablamos de inteligencia artificial (IA), solemos imaginar grandes centros de datos, inversiones multimillonarias y tecnologías capaces de transformar industrias enteras. Sin embargo, el Banco Mundial propone prestar atención a la inteligencia artificial de pequeña escala, una alternativa menos espectacular, pero potencialmente más trascendente para países como el Perú.
Conocida como “Small AI”, comprende herramientas económicas y especializadas que funcionan con recursos tecnológicos limitados. Aplicaciones como Plantix, que ayuda a identificar enfermedades agrícolas mediante fotografías, o Teachable Machine, de Google, que permite crear modelos sencillos de reconocimiento de imágenes sin programar, ilustran sus posibilidades. Su principal virtud es acercar conocimientos y capacidades tecnológicas a negocios que antes no accedían a ellos.
En el Perú, esta oportunidad adquiere especial importancia. Según el Ministerio de la Producción, existen 2,4 millones de micro y pequeñas empresas, que representan el 99,2 % del tejido empresarial formal. En conjunto, las micro y pequeñas empresas generan unos 10,3 millones de empleos. Se concentran en Comercio y Servicios, aunque también participan en Manufactura, Construcción y Agricultura.
Muchas de ellas sostienen actividades familiares y ocupaciones de baja productividad. No obstante, estas empresas aportan el 20,6 % del producto bruto interno (PBI), equivalente a unos S/ 246 mil millones anuales. Si consiguieran incrementar su valor agregado en apenas 5 %, manteniéndose constante el resto de la economía, podrían sumar S/ 12.300 millones a la producción nacional, equivalentes a un punto porcentual del PBI. Es un estimado que revela la magnitud de la oportunidad.
Para aprovechar las herramientas de inteligencia artificial de pequeña escala, los trabajadores deberán aprender a identificar procesos susceptibles de mejora, registrar información confiable, formular consultas, interpretar recomendaciones y contrastarlas con su experiencia. Los propietarios necesitarán, además, fortalecer sus capacidades de gestión para convertir esos resultados en mejores decisiones.
El Perú cuenta con una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) 2026-2030 y un Plan Nacional de Competitividad y Productividad 2024-2030. El desafío es articular ambos instrumentos para impulsar programas que acerquen la IA a las pequeñas empresas, mediante capacitación aplicada, asistencia técnica descentralizada, financiamiento y metas verificables, en los que los CITE, las universidades y los gobiernos regionales desempeñarían un papel fundamental.
Para los empresarios, la motivación reside en reducir costos, incrementar ventas y mejorar su competitividad. No es necesario convertirse en especialistas informáticos ni realizar grandes inversiones, ya que pueden comenzar identificando un problema cotidiano, experimentar con una herramienta accesible y comprobar sus resultados.
La inteligencia artificial no resolverá por sí sola las limitaciones estructurales de nuestra economía, pero puede ayudarnos a enfrentar la baja productividad, uno de los aspectos más preocupantes. Su mayor contribución al desarrollo del será conseguir que millones de pequeños negocios produzcan más, generen mayores ingresos y ofrezcan mejores empleos. El verdadero desafío es que estas capacidades extraordinarias sean una oportunidad al alcance de millones de peruanos.


