A pesar de tener edad para ser más bien abuelo, Jorge Nieto luce una cabellera más que decorosa. Hasta envidiable, podría decir alguien como Alfonso López Chau, que, a pesar de ser solo un año mayor que él, exhibe los embates de la alopecia de un modo mucho más dramático. El líder del Partido del Buen Gobierno (PBG) tiene desde luego entradas a cada lado de la frente, pero conserva sobre la testuz una avanzada capilar que, adecuadamente cultivada, podría adquirir ribetes de penacho. Bien por él.
Allá por 1548, sin embargo, Francisco de Carvajal, guerrero veterano de mil campañas apodado el “Demonio de los Andes”, nos hizo notar que existen también en esta vida otro tipo de cabellos. Cabellos de un orden más bien figurado que, a diferencia de los reales, uno no puede permitirse perder sin pagar a la postre un alto precio. Cuentan, en efecto, las crónicas de Garcilaso y Cieza de León que, justo antes de la batalla de Jaquijahuana y al ver que sus soldados empezaban a pasarse al bando enemigo, Carvajal recitó con sorna: “Los mis cabellicos, maire, uno a uno se los lleva el aire”... El resultado, por supuesto, fue que las fuerzas de Gonzalo Pizarro, que él comandaba, cayeron casi sin combatir frente a las realistas, que lideraba Pedro de la Gasca. Hablamos, en consecuencia, de una historia con moraleja, casi de una fábula a la que uno pensaría que Nieto, habitualmente tan pendiente de lo que relatan los cronistas, prestaría especial atención. Para sorpresa de todos, no obstante, el excandidato presidencial del PBG parecería haber hecho ante ella oídos sordos. O eso por lo menos es lo que sugiere el menú de sanciones con el que ha amenazado a los dos senadores de su bancada que votaron esta semana a favor de otorgarle 27 facultades legislativas al gobierno.
Como muchos comentaristas han apuntado, Nieto ha quedado en esta coyuntura bastante descolocado. Su proclamada resistencia a “estar en una coalición que tenga miembros del Movadef elegidos” se vio desvirtuada cuando su partido se alineó en la controversia de las facultades detrás de una postura que tuvo como vocero más caracterizado a Iber Maraví. Y su intención de encarnar el centro en el actual Parlamento acabó convertida en humo ni más ni menos que por obra de Ricardo Belmont. Algunos sostienen que, al final, una cierta nostalgia izquierdista dictó el comportamiento de Nieto y que el discurso que vendió durante la campaña no fue más que el sueño de una noche de verano.
En todo caso, si la idea de votar en abstención –y no en contra– de las facultades en el pleno del Senado era desmarcarse del ultrismo de Juntos por el Perú y Ahora Nación, no ha funcionado. Particularmente si ahora el propio líder del PBG anuncia que Jorge Gavidia y Juver Flores, los dos miembros del partido que votaron a favor de conceder las facultades al Ejecutivo, podrían ser objeto de una medida disciplinaria. Una medida susceptible de materializarse hasta en el pago de 1.100 soles (20% de una UIT) o la separación de la bancada, y que parece ignorar que los congresistas no están sujetos a mandato imperativo. Es decir, no tienen que votar como las autoridades de sus organizaciones políticas les indican.
¿Cómo cree Nieto que esos senadores reaccionarán si la orden de proceder con alguna de esas sanciones se concreta? ¿Qué cree que pasará con los otros integrantes de su equipo parlamentario con ideas propias si ven el ingrato futuro que podría estar esperándolos? Difícil saberlo, pero no estaría demás que Nieto se ponga una redecilla en la cabeza o vaya tomando nota del sentido en el que sopla por estos días el viento.


