Esta semana, Marco Zunino nos recibió en su casa para conversar sobre la remisión de su cáncer de vejiga, una noticia que compartió recientemente en su cuenta de Instagram. El actor habla del proceso con naturalidad y sin dramatismos. “Tuve mucha suerte con la inmunoterapia, que en mi caso fue menos agresiva que otros tratamientos. El proceso es fastidioso y puede hacerte sentir mal durante un par de días, pero he estado acompañado por un equipo extraordinario”, cuenta. La última sesión tuvo un desenlace muy a su estilo: cuando el médico le anunció que el tratamiento había terminado, Marco le respondió: “Gracias, doctor, tengo ensayo. Me tengo que ir”.
Y es que, incluso en medio del tratamiento, el trabajo no se detuvo. Entre ensayos, funciones y otros compromisos, el actor ha tenido una agenda especialmente intensa. En unos días estrenará “Una Navidad de locos”, comedia teatral que bien podría ser el broche de oro para un año que, para él, ha sido literalmente de locos.
Este año te ha puesto a prueba, tanto en lo personal como en lo profesional. ¿Cómo sientes que llegas a los 50?
Hace poco alguien me decía: “Qué bonito año has tenido”. Y yo pensaba que ni siquiera tenía expectativas, porque quería tomarme las cosas con más tranquilidad y trabajar menos. Pero aparecieron proyectos que no esperaba y que terminaron siendo mucho mejores de lo que imaginaba. Siempre he tomado clases de canto, baile y otras disciplinas, y pensé que había llegado a cierto límite. Pero este año descubrí que puedes seguir aprendiendo y sorprendiéndote a ti mismo el resto de tu vida. Eso ha sido increíblemente satisfactorio.
Uno de esos proyectos fue “Mi vida en musicales”. ¿Qué buscabas transmitir con ese espectáculo?
Quería compartir canciones que habían hecho algo en mí, que me habían sorprendido y movido muchísimo. No necesariamente eran musicales en los que yo había participado, sino canciones cuyas letras me habían volado la cabeza. Quería que el público sintiera, a través de nuestras expresiones y de la cercanía, lo que esas palabras habían tocado en mí. Es increíble descubrir letras escritas veinte o treinta años antes de que tú existieras y sentir que hablan de ti.
El show también te exigió físicamente, con números de tap y coreografías. ¿Qué aprendiste de ese reto?
Quería hacer un número de tap grande, con mucha gente en el escenario, algo que no se había visto acá de esa manera. Pero tenía que aprender a hacerlo. Ya había tapeado antes, aunque muy poco, y fue una pesadilla. Hay un momento en que puedes practicar todo lo que quieras, pero te dicen que ya no va a salir ese día y tienes que dejar descansar el cuerpo. Debes respirar, volver al día siguiente y entender que la obsesión no te ayuda. Son la constancia y la disciplina las que te permiten evolucionar.
Con tantos años de carrera, ¿sigues sintiendo la misma emoción al subirte a un escenario?
Lo que me emociona es lo que puedo generar en el público. Cuando fui a ver “Cabaret” en Broadway, no podía entender lo que estaba sintiendo como espectador. Me sentí incómodo, excitado, me dio vergüenza. Pensé: “Yo quiero hacer eso, quiero que la gente sienta esto”. Cuando alguien viene después de una función y me dice que una canción lo emocionó o que fue a buscarla porque lo tocó, para mí es un regalo.
Este año también regresaste a “Al fondo hay sitio”. ¿Qué significa para ti interpretar a Leonardo?
Le tengo muchísimo cariño. Creo que la serie se ha permitido burlarse de nosotros mismos, de las ridiculeces que ocurren en el país. El cariño del público por mi personaje ha sido enorme, incluso después de tantas repeticiones. Eso me permite seguir jugando con él. Al final, “Al fondo hay sitio” es un gran juego: entramos todos a divertirnos para que la gente pase un buen momento.
En medio de todo ese trabajo, has atravesado un proceso de salud importante. ¿Cómo diste con el diagnóstico?
Me pasó que me hice un chequeo porque Christian Thorsen hizo pública su enfermedad. Pensé que hacía tiempo que no me revisaba la próstata y que debía hacerlo una vez al año. Fui a hacerme los exámenes y recordé que había visto una gota de sangre en la orina, a la que no le di importancia. Se lo comenté a la doctora, me hicieron una ecografía y encontraron algo que debían revisar. Si Christian no hubiera hablado, quizá habría dejado pasar seis meses o un año más. No sé qué habría ocurrido entonces.
¿Qué tan complicado fue compaginar el tratamiento con tu ritmo de trabajo?
Felizmente, el cáncer me lo detectaron en estadio uno. Cuando me confirmaron que tenía que operarme, se acercaba el reencuentro por los 35 años de “Nubeluz”, una etapa muy feliz de mi vida, con amigos que hasta hoy son como mis hermanos. Lo primero que le pregunté al doctor fue si podría participar. Me respondió que no y me puse a llorar como un imbécil, porque todo para mí es trabajo, trabajo y trabajo. Finalmente, después de la operación, me dijo que sí podría hacerlo, pero que bajara un poco el ritmo.
¿Crees que esa reacción refleja tu manera de afrontar la vida?
Es curioso. Cuando me diagnosticaron, un médico llegó a decirme que había muchas posibilidades de que todo saliera bien, y ni siquiera había pensado que también existía la posibilidad de que no fuera así. Lo hablaba con mi psicóloga: terminé el tratamiento y no sentí que tuviera que salir corriendo a celebrar. Pensé: “Genial, vamos, tengo que ir a ensayar”. Mi actitud siempre ha sido vivir.
Eres una persona reservada con su vida personal. ¿Qué te animó a hablar públicamente de este proceso?
A veces me pregunto quién soy yo para hablar de estas cosas o por qué debería importarle a alguien lo que digo. Pero poco a poco entiendes que puedes llegar a personas que están pasando por lo mismo y ayudarlas. Ahí empiezas a comprender cuál puede ser tu papel y qué puedes hacer con la exposición que tienes. No importa tanto lo que la gente diga: si al final dos personas se hicieron un chequeo gracias a lo que contaste, es maravilloso.
Sin embargo, anteriormente has hablado abiertamente de tu salud mental. ¿Cómo fue dar ese primer paso?
Una vez hice una entrevista en la que hablé de mi depresión y dije que tomaba pastillas. Fue muy loco porque algunos actores mayores, de otra generación, me llamaron para decirme que no contara esas cosas. Me sentí muy mal. Pero después empecé a encontrarme con gente que me decía que no sabía que aquello que sentía podía ser una enfermedad mental, hasta que leyeron mi entrevista. Había personas que no necesariamente tenían acceso a un psicólogo ni sabían que eso que les pasaba tenía un nombre. Entonces dije: “Esto ayuda a la gente, realmente crea conciencia”.
Hace poco, tus declaraciones sobre los actores blancos y la televisión generaron polémica. ¿Cómo tomaste lo que ocurrió?
Lo que dije, y puedes ver la entrevista, fue que me parece sumamente positivo el cambio que ha habido en la televisión peruana. Antes habíamos normalizado que, si eras de tez morena, ibas a ser la empleada o el chofer. En “Torbellino”, por ejemplo, los personajes que venían de provincia eran Gabriel Calvo y Érika Villalobos. Eso ha cambiado en el Perú. Es superpositivo que haya mucha más representación. Entonces, es más difícil conseguir trabajo ahora si eres un actor rubio o de ojos azules; en los noventa, en cambio, era mucho más fácil. Eso fue lo que dije. Recortaron ese último pedacito y descontextualizaron todo.
¿Te sorprendió que lo que dijiste se interpretara como un caso de racismo inverso?
Me sorprendió que lo dieran por hecho. Había diferentes interpretaciones: algunos hablaban de racismo inverso y otros decían que estaba explicando las dificultades. Yo estoy bien, gracias a Dios, el trabajo no me falta. Sí tengo amigos a los que les falta trabajo por esa razón. Obviamente, sería genial que hubiera trabajo para todo el mundo. Siempre he dicho que es muy positivo lo que ha pasado con la televisión peruana.
¿Qué fue lo que más te molestó?
Ver a gente que habla con una seguridad y un empoderamiento sumamente ignorantes. Me parece poco respetable decir que te consideras periodista y no haces el trabajo de revisar toda la entrevista. Eso es muy común. Pasa en los estrenos también. A veces no contesto de la mejor manera porque vienen y te preguntan cosas sin haberse informado. Que te pongas el título de periodista en Instagram o TikTok no te hace periodista. Basta de esto. Hay que prepararse mejor. //
La nube de recuerdos
En 2025, el reencuentro por los 35 años de “Nubeluz” reunió a varias generaciones de cíndelas y gólmodis para celebrar el legado de uno de los programas infantiles más recordados de la televisión peruana. El espectáculo convocó al elenco original, entre ellos Marco Zunino, y recuperó las canciones, los bailes y la energía de un fenómeno que marcó la infancia de muchos en el Perú y Latinoamérica.


