Hay quienes tienen grabado cada detalle de lo que realizan, mientras que a otros les cuesta hasta poder decir exactamente lo que desayunaron el día anterior o a dónde fueron el fin de semana. La mente es muy poderosa y así como permite interpretar el entorno, resolver problemas de lógica y crear nuevas realidades a partir de la experiencia y la memoria, también juega un papel complejo a la hora de hacernos pensar en los errores o aciertos. ¿Te has puesto a pensar por qué recuerdas lo que hiciste mal y olvidas todo lo positivo que lograste? La psicología se encargó de analizar qué hay detrás de esto y los expertos coinciden en que todo se trata del sesgo de negatividad. Aquí te brindo más detalles.
Nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir, no para ser feliz
Imagina esta escena: hiciste una exposición excelente frente a tu jefe y compañeros de trabajo que fue muy aplaudida, pero te quedaste pensando en la frase que podrías hacer dicho mejor y al final guardaste esa crítica que hizo una sola persona, en lugar de almacenar los diversos elogios que llegaron, ¿por qué ocurre esto?
Desde el punto de vista evolutivo, nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir, no para ser feliz. Para nuestros ancestros, recordar dónde estaba el peligro (un depredador o un hongo venenoso) era una cuestión de vida o muerte, mientras que recordar dónde había un paisaje bonito era secundario. Por ello, el cerebro procesa el estímulo negativo con mayor intensidad y lo graba con más fuerza en la memoria a largo plazo. A esto se le conoce como el sesgo de negatividad.
De esta manera, el cerebro registra las experiencias negativas con mucha más intensidad que las positivas porque, a lo largo de la evolución, prestar atención al peligro era una cuestión de supervivencia.
Esto ocasiona que muchas personas empiecen a creer que se equivocan más de lo que aciertan, que decepcionan más de lo que logran o que el resto avanza mientras ellos siguen estancados.
El impacto de la rumiación
Cuando cometemos un error, solemos caer en la rumiación, que es el acto de dar vueltas obsesivamente al mismo pensamiento negativo. Cada vez que revives un error en tu mente, el cerebro reactiva las mismas emociones de vergüenza o culpa, lo que fortalece las conexiones neuronales de ese recuerdo y hace que sea aún más fácil de evocar en el futuro.
Los expertos coinciden en que reconocer este patrón es el primer paso para dejar de permitir que una versión distorsionada de ti mismo tome las decisiones por ti.
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