En el Perú, la búsqueda de un embarazo suele concentrar la atención médica en la mujer, mientras que la evaluación de la fertilidad masculina puede quedar relegada. Esta práctica retrasa la identificación de posibles causas de infertilidad y puede llevar a las parejas a procedimientos de reproducción asistida más complejos y costosos. Según el ginecólogo especialista en fertilidad Luis Ernesto Escudero, al menos 24.000 hombres podrían tener problemas de fertilidad sin diagnosticar, de acuerdo con una estimación basada en las cifras de atención que maneja.
El especialista señala que aproximadamente el 10% de las parejas peruanas enfrenta dificultades para concebir y que en el país se realizan al menos 60.000 tratamientos de reproducción asistida al año, entre procedimientos de baja y alta complejidad. Sin embargo, estas cifras corresponden a sus estimaciones y no constituyen un registro oficial de hombres diagnosticados con infertilidad.
A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada seis personas experimenta infertilidad a lo largo de su vida. Además, el factor masculino está presente en aproximadamente el 40% al 50% de las parejas que tienen dificultades para lograr un embarazo, según la información proporcionada por especialistas en medicina reproductiva.
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¿Cuáles son las principales causas de infertilidad masculina?
Entre las alteraciones que Escudero identifica con mayor frecuencia en sus pacientes se encuentran el bajo conteo espermático y la movilidad reducida de los espermatozoides. Ambas condiciones pueden dificultar la fecundación, aunque su impacto depende de cada caso y requiere una evaluación médica.
El especialista también advierte que los hábitos cotidianos pueden influir en la calidad seminal. El sedentarismo, la exposición a temperaturas elevadas en la zona testicular, el tabaquismo y el uso de testosterona o esteroides anabólicos son factores que deben considerarse al evaluar la salud reproductiva.
Si bien estudios internacionales han reportado una disminución de la concentración espermática en las últimas décadas, Escudero precisa que en el Perú existen pocos estudios que permitan establecer cómo ha evolucionado esta variable en la población nacional. Por ello, no es posible afirmar que la misma tendencia se haya confirmado con datos representativos del país.
Otro aspecto importante es que una función sexual normal no garantiza la fertilidad. Tener erecciones y eyaculaciones sin dificultades no permite determinar si los espermatozoides presentan una concentración, movilidad o calidad adecuadas. Asimismo, la edad masculina puede influir en la salud reproductiva, pues con el paso de los años aumenta el riesgo de algunas alteraciones en el esperma.
¿Cuánto cuesta evaluar la fertilidad masculina en Perú?
La evaluación inicial suele incluir una consulta con un especialista en andrología y un espermatograma, examen de laboratorio que analiza las características del semen. Dependiendo de los hallazgos, el médico puede solicitar pruebas hormonales u otros estudios complementarios.
De acuerdo con Escudero, una evaluación básica puede costar entre S/ 200 y S/ 1.000, según los exámenes requeridos. En cuanto a los tratamientos, la inseminación artificial puede oscilar entre S/ 1.500 y S/ 2.000, mientras que la fecundación in vitro puede alcanzar entre S/ 18.000 y S/ 22.000. Los montos son referenciales y pueden variar según el centro médico, la complejidad del caso y los procedimientos adicionales.
El especialista sostiene que el acceso económico continúa siendo una barrera para muchas familias, especialmente fuera de Lima, donde la disponibilidad de laboratorios con tecnología avanzada puede ser más limitada. También señala que los tratamientos de fertilidad no cuentan con cobertura formal generalizada por parte de los seguros de salud, por lo que recomienda revisar las prestaciones y condiciones de cada institución antes de iniciar un procedimiento.
¿Un hombre sin espermatozoides puede lograr tener hijos?
La ausencia de espermatozoides en el eyaculado no significa necesariamente que el paciente no pueda ser padre. Escudero explica que es importante distinguir entre los casos en los que el hombre no produce espermatozoides y aquellos en los que sí los produce, pero estos no llegan al semen.
En determinadas situaciones se puede realizar una biopsia testicular o una microcirugía para intentar recuperar espermatozoides directamente del testículo. Si se encuentran células aptas, pueden utilizarse en técnicas de reproducción asistida, como la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), que consiste en introducir un espermatozoide seleccionado dentro del óvulo.
El especialista señala que, en los casos en los que se recuperan espermatozoides y se realiza un tratamiento adecuado, las probabilidades de embarazo pueden ser favorables. Sin embargo, los resultados dependen de factores como la causa de la infertilidad, la calidad de los gametos y las condiciones reproductivas de ambos integrantes de la pareja. Si no se encuentran espermatozoides, la donación de semen puede ser una alternativa.
Especialista plantea incluir el espermatograma en la prevención pública
Frente a esta situación, Escudero considera que el Estado debería facilitar el acceso al espermatograma dentro del sistema de salud, con el objetivo de detectar alteraciones antes de que las parejas necesiten procedimientos más complejos.
El especialista sostiene que algunos pacientes pueden beneficiarse de tratamientos médicos y cambios en el estilo de vida antes de recurrir a la fecundación in vitro. La producción de nuevos espermatozoides toma aproximadamente 74 días, por lo que los resultados de las medidas adoptadas pueden evaluarse después de varios meses, según la condición de cada paciente.
La evaluación de ambos integrantes desde las primeras consultas permitiría identificar oportunamente las posibles causas de infertilidad y definir las alternativas de tratamiento. El diagnóstico no debe recaer exclusivamente en la mujer ni interpretarse como una medida de la masculinidad del hombre, sino como parte de un abordaje médico compartido.


