Esta escena la puedes haber vivido en más de una ocasión siendo tú el protagonista o quedándote sin entender por qué pasó: una persona camina por la acera y se aproxima a ella un familiar o amigo del trabajo y, en lugar de detenerse a saludar, agarra su teléfono y hace como si estuviera hablando o decide cruzar la pista. Fingir no ver a un conocido en la calle para no saludarlo es algo que más de uno experimentó alguna vez en su vida y la psicología tiene la respuesta a qué se oculta. Los expertos coinciden en que quienes evitan interactuar no son maleducados o tienen desinterés en el otro, sino que tienen temor a cometer un error social, además de reflejar baja autoestima o ansiedad social. Aquí te brindo más detalles sobre el significado de esta dinámica o comportamiento vinculado a la timidez.
No es desinterés o mala educación, sino fatiga mental
Fingir que no se ve a un conocido en la calle responde a diversos factores emocionales y cognitivos según la psicología y entre los que más destacan están la sobrecarga y fatiga mental, que se entiende a la falta de energía emocional en ese momento específico para sostener una conversación o un compromiso social.
El psicólogo Marcelo Ceberio señala, según publican desde HuffPost, que quien tiene una imagen pobre de sí mismo tiende a creer que molesta, que su presencia no es deseada, y por eso esquiva hasta un gesto tan pequeño como levantar la mano. Por su parte, el psiquiatra Christophe André, agrega que quien la sufre evita saludos y conversaciones para protegerse del miedo al juicio ajeno, no por desinterés ni por rechazo hacia ti.
Ansiedad social y el miedo a la vergüenza
A esto se suma la ansiedad social que es el temor intenso a ser juzgado, a no saber de qué hablar o a cometer un error durante la interacción y la baja autoestima que hace aparecer esa sensación de que la propia presencia es molesta o poco interesante para los demás.
Y es aquí donde quienes fingen no ver a un conocido en la calle también experimentan el miedo al rechazo o la vergüenza que activa la necesidad de protegerse de una situación incómoda o de quedar en ridículo.
Eso sí, no todo tiene una razón desde el lado emocional, ya que también pude deberse al despiste o ceguera por falta de atención que desencadena un enfoque mental absorto en pensamientos propios que impide registrar visualmente el entorno.
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