“La apuesta duradera es el criterio, no el dominio de herramientas”McKinsey, Building expertise in the age of AI: Who trains the next generation? Traducción propia abreviada.
En una entrevista con Steven Bartlett, en su podcast The Diary of a CEO, el empresario tecnológico y científico David Friedberg señalaba que, en el campo de la ingeniería de software, aprovechar plenamente el potencial de la inteligencia artificial requiere experiencia programando. Esto explicaba, a su juicio, la competencia por contratar ingenieros experimentados y el menor interés por los perfiles júnior.Aunque todavía puede ser pronto para extender esta conclusión a todos los sectores, existen señales de que la IA está revalorizando el criterio profesional y modificando las oportunidades de acceso a determinados trabajos. Sus efectos, sin embargo, varían según la actividad y la manera en que las organizaciones incorporan la tecnología.La IA es una herramienta poderosa que cada día nos sorprende más. Pero, para convertir sus respuestas en análisis y soluciones aplicables, sigue siendo importante contar con personas capaces de conducirla, evaluar sus resultados y comprender sus límites. Allí adquieren valor el conocimiento del contexto y del sector, la capacidad de reconocer señales relevantes del negocio y los aprendizajes que dejan los errores. También cuenta haber desarrollado, a lo largo del tiempo, una forma de decidir frente a situaciones complejas.Esta revalorización exige un cambio de mentalidad en quienes tenemos experiencia. Aprovechar la tecnología requiere humildad para explicar nuestro razonamiento y aceptar evidencia que, en determinadas circunstancias, contradiga nuestras conclusiones o recomendaciones. La trayectoria aporta valor cuando también permite revisar lo aprendido. Hay que ser flexibles. Si este es el camino, surge una pregunta: ¿cómo pueden prepararse los jóvenes para encontrar oportunidades en un mercado laboral cada vez más influenciado por la IA?Una parte de la respuesta está en ofrecerles oportunidades para desarrollar criterio profesional desde etapas tempranas. Tradicionalmente, las tareas rutinarias y operativas les permitían participar en proyectos junto a profesionales experimentados. Mientras investigaban, preparaban información o elaboraban primeros análisis, también observaban cómo se discutían alternativas, se corregían errores y se tomaban decisiones.Hoy, la IA puede realizar muchas de esas tareas con rapidez y eficiencia. Esto puede reducir la necesidad de contratar perfiles júnior para ciertas funciones, pero también obliga a replantear cómo aprenderán quienes recién empiezan. Tener acceso a una respuesta bien elaborada no garantiza comprender cómo se llegó a ella ni cuándo conviene cuestionarla.Las empresas y las universidades tienen una responsabilidad compartida. Necesitamos crear espacios donde los jóvenes enfrenten problemas reales, contrasten resultados de la IA y defiendan sus propuestas ante personas con experiencia. A su vez, quienes los acompañamos debemos estar dispuestos a explicar nuestras decisiones y a aprender de sus preguntas y perspectivas.Esta relación puede beneficiar a ambos. Los jóvenes desarrollan criterio al participar y asumir responsabilidades progresivamente. Los experimentados actualizan su conocimiento al contrastarlo con nuevas herramientas, evidencias y formas de entender los problemas.Si la experiencia será cada vez más importante para trabajar con IA, debemos hacernos dos preguntas: ¿estamos quienes tenemos trayectoria dispuestos a adaptar nuestra forma de trabajar y aceptar que nuestras ideas puedan ser rebatidas? Y, al mismo tiempo, ¿estamos creando las oportunidades para que quienes empiezan puedan adquirir tempranamente esa experiencia?


