La vitalidad de una democracia nace en los espacios donde una sociedad es capaz de afrontar sus conversaciones más difíciles, desde la deliberación formal en las instituciones hasta el debate abierto en la opinión pública. Brasil acaba de mostrar la vitalidad de esos espacios con la elección de Luiz Inácio Lula da Silva para un cuarto mandato, tras derrotar a Flávio Bolsonaro con el 51,8% de los votos frente al 48,2%, un margen más amplio que el que obtuvo sobre su padre en 2022.
La particularidad histórica de estos resultados es que ningún candidato que quedó segundo en la primera vuelta ha logrado imponerse en la segunda desde el fin de la dictadura militar. Y, en ese sentido, la evolución de la participación electoral es elocuente ya que entre ambas vueltas se ha registrado la mayor disminución de la abstención desde 1989.
No obstante, en medio de los resultados, la jornada tuvo además un episodio de controversia, ya que la campaña de Lula denunció dificultades de transporte que habrían complicado el acceso de votantes a los centros de votación en varias ciudades, entre ellas São Paulo y Salvador. Una denuncia que las autoridades electorales deberán dirimir. Pese a ello, la participación en su gran mayoría se impuso a los obstáculos.
La candidatura de Lula se planteó desde el cuidado de las mayorías empobrecidas y la protección de poblaciones vulnerables como lo son los pueblos originarios, frente a una opción que plantea recortar derechos.
En lo anterior reside el sentido de resistencia democrática que alcanza este resultado, pues la victoria defiende a la vez el valor del voto y la inclusión de quienes suelen quedar fuera de las decisiones.
Por ello, no es exagerado sostener que estos resultados trascienden las fronteras brasileñas, porque ocurre en una región donde los discursos de derecha radical han ganado espacio en distintos procesos electorales de los últimos años y meses.
Vale la pena destacar que la resistencia democrática es una práctica que se ejerce más allá de las urnas. Y se defiende con apertura al diálogo para mejorar las condiciones que todavía están muy lejos de ser óptimas para la mayoría de latinoamericanos.


