Roberto Burneo no dio la cara. Tampoco lo hicieron los demás integrantes del Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Era la decisión más importante y polémica que les ha tocado tomar durante su gestión. Sin embargo, en lugar de salir a explicarla y defenderla, optaron por esconderse detrás de la secretaria general, Yessica Clavijo, quien fue la encargada de comunicar los alcances de la resolución en una conferencia de prensa.
La reelección encubierta ha sido desbaratada. Los exalcaldes que quisieron sacarle la vuelta a la Constitución y postularon como primeros regidores no podrán volver a ocupar el cargo durante este período. El problema es que esa decisión debió conocerse antes de que millones de ciudadanos acudieran a votar el pasado 4 de octubre. Es como revisar el VAR y anular un gol mucho después del pitazo final, cuando los hinchas de un equipo ya celebraron, abandonaron las graderías y las luces del estadio se apagaron.
El JNE ha combatido la criollada con otra criollada. En vez de esclarecer las reglas desde el principio, optó por las evasivas y la dilación. La ley prohíbe la reelección inmediata de autoridades municipales y regionales. El organismo electoral solo tenía que garantizar su cumplimiento. En vez de hacerlo, permitió que decenas de funcionarios intentaran esquivar la prohibición mediante una artimaña legal: camuflarse como primeros regidores para luego hacer renunciar al candidato a alcalde y, así, volver a ocupar el sillón municipal. Quienes recurrieron a esta fórmula trataron de burlar la Constitución, pero ahora es la propia autoridad la que se termina burlando de la voluntad de los ciudadanos que votaron por ellos.
El JNE permitió, además, que Rafael López Aliaga participara en el debate de candidatos que la propia institución organizó. Para el ciudadano común, que no tiene por qué conocer los vericuetos de la legislación, verlo debatir en igualdad de condiciones con los demás contendores era una señal de que estaba habilitado para postular. La autoridad electoral contribuyó a que se proyectara esa engañosa percepción.
Gracias al JNE, una señora a quien muy pocos conocen será ahora la alcaldesa de Lima. El porcentaje de votantes de Renovación Popular que sabe quién es Jeanette Alonzo no debe superar un dígito. López Aliaga será ahora primer regidor. Salvo que decida no recibir la credencial, como hizo en su momento con la del Senado.
No esclarecer oportunamente las reglas no solo ha trastocado la voluntad ciudadana. También ha perjudicado a Francis Allison, Carlos Bruce y a los demás candidatos que participaron en la elección municipal por Lima. Su suerte pudo ser distinta si las reglas hubieran estado claras desde el comienzo. La encuesta de Datum, de julio de este año, le daba una intención de voto de 7,5% a Luis Rubio, por debajo de Bruce, Allison y Daniel Urresti. El médico renunció a su postulación en agosto, y ese mismo mes, López Aliaga pasó a encabezar las encuestas. Renovación Popular no habría mantenido esa posición si en los paneles de campaña aparecía el rosto de Alonzo y no el de ‘Porky’.
Más de 20 candidatos participaron en la elección metropolitana. Todos ellos compitieron en un proceso cuyas reglas no fueron esclarecidas oportunamente. Lo mismo ocurrió con los postulantes de otras jurisdicciones del país. Y millones de ciudadanos acudieron a las urnas desconociendo una decisión que pudo haber cambiado el sentido de sus votos.


