El Estado debe prepararse para los desastres antes de que ocurran. Para eso necesita equipos, presupuesto y procedimientos de compra que funcionen a tiempo. Lo demás es gestión de daños.
La Fuerza Aérea del Perú proyectó este año la adquisición de diez sistemas Bambi Bucket para equipar sus helicópteros contra focos de fuego. La FAP había previsto el impacto del Fenómeno El Niño sobre el sur del país y contaba con solo seis kits operativos para una flota mayor.
La licitación era, en efecto, una respuesta concreta a un riesgo anunciado. La canadiense SEI Industries, diseñadora y fabricante del equipo, ganó la buena pro con una oferta de US$1.56 millones, por debajo del valor referencial. Pero hubo una impugnación.
Ante ella, la FAP reformuló el requerimiento técnico y se lo entregó a la ACFFAA a mediados de julio para reactivar la contratación. Sin embargo, el proceso administrativo necesitaba semanas para completarse. En ese intermedio, el presupuesto quedó a la deriva.
El gobierno interino de José María Balcázar modificó partidas presupuestales en julio y el 6 de agosto, ya bajo la conducción de la presidenta Fujimori, el Decreto Supremo N° 155-2026-EF transfirió los recursos hacia la Reserva de Contingencia, entre ellos los destinados a ese equipamiento. De esa manera, la institución castrense quedó sin dinero para la adquisición.
Este año el país ha registrado 437 incendios forestales. Al 19 de octubre, once seguían ardiendo y se habían perdido más de 1.178 hectáreas de cultivos y 11.779 de pastos. La FAP tiene seis equipos para apagar fuego en diez helicópteros. Los otros cuatro vuelan sin ellos.
El fujimorismo ha hecho del respeto a las Fuerzas Armadas una bandera permanente. A pesar de que la FAP hizo su tarea, identificó el riesgo y pidió al Estado los medios para hacer su trabajo, la respuesta de los supuestos defensores fue un decreto que reasignó sus fondos. Esa es la distancia entre el discurso y la capacidad de gobernar.


