La monoparentalidad dejó de ser una realidad excepcional y hoy forma parte del paisaje cotidiano de muchas familias. A diferencia del siglo XX, las formas de criar han cambiado y cada vez son más frecuentes los hogares encabezados por un padre o una madre solos. Sin embargo, detrás de esta nueva dinámica familiar también pueden aparecer desafíos emocionales para quienes asumen la crianza. Un estudio de la Universidad de Bamberg, en Alemania, publicado en 2026, puso el foco precisamente en esta situación. La investigación buscó conocer cómo esta experiencia puede relacionarse con los niveles de felicidad de los progenitores.
Bajo el liderazgo de la científica Susanne Elsas, el estudio revisó la evidencia disponible en la Base de Datos Mundial de la Felicidad y reunió 54 investigaciones con información empírica sobre padres solteros. Para llegar a sus conclusiones, los especialistas analizaron datos correspondientes a unos 2,5 millones de participantes. Los resultados permitieron poner en duda la idea de que criar sin pareja necesariamente conduce a una mayor felicidad. Por el contrario, la revisión encontró elementos que muestran que los padres monoparentales pueden experimentar menores niveles de bienestar que quienes comparten la crianza con una pareja.
Esto dice la psicología sobre la infelicidad de los padres solteros comparado con los que viven en pareja
Las investigaciones revisadas por el Journal of Happiness Studies dibujan un panorama que rompe con algunas ideas instaladas sobre la vida familiar. En la mayoría de los países estudiados, los padres que crían solos presentan, en promedio, menores niveles de felicidad que quienes viven y comparten la crianza con una pareja. Esta diferencia ha sido identificada por los investigadores como la denominada “penalización de la felicidad”. El hallazgo aparece de manera consistente en distintos contextos y vuelve a poner bajo la lupa los desafíos emocionales de la monoparentalidad.
Aunque gran parte de la evidencia científica se ha concentrado en las madres que crían solas, los padres también aparecen en este escenario. Los datos disponibles muestran que ambos grupos presentan tendencias similares cuando se comparan con progenitores que viven en pareja. Incluso frente a la población general, los niveles de bienestar siguen un patrón parecido. La investigación, así, deja una conclusión clara: la experiencia de criar sin una pareja puede estar acompañada de dificultades que afectan la percepción de felicidad de madres y padres por igual.
Conoce cuáles son los factores psicológicos y socioeconómicos de la infelicidad de los padres solteros
Detrás de la crianza en solitario aparece una carga que va mucho más allá de las responsabilidades cotidianas. Al depender de un solo ingreso para sostener el hogar y cuidar a los hijos, las dificultades económicas y el riesgo de pobreza pueden convertirse en una fuente constante de preocupación. A ello se suma el desafío de conciliar el trabajo con la familia, especialmente cuando existen empleos poco flexibles o limitaciones en los horarios de cuidado infantil. La ausencia de un segundo adulto termina multiplicando las tareas y dejando poco espacio para el descanso.
Sin embargo, la historia también puede comenzar con una ruptura que deja huellas profundas en el bienestar emocional. El divorcio o la separación suelen representar un golpe importante, especialmente cuando existen hijos en común y la relación con la expareja continúa siendo necesaria. A la presión económica y al cansancio pueden sumarse conflictos, negociaciones difíciles y una sensación de aislamiento que deteriora la salud física y psicológica. En ese escenario, los padres solteros pueden enfrentar un mayor riesgo de ansiedad, depresión, soledad y agotamiento emocional.
¿Qué hacer para contrarrestar la insatisfacción si no eres feliz al ser padre soltero, según expertos?
Cuando la tristeza, el desánimo o la sensación de perder el control aparecen, la presencia de alguien cercano puede convertirse en un refugio. Un amigo o familiar puede brindar esa contención necesaria para atravesar los momentos más difíciles, mientras que la terapia psicológica puede ayudar a recuperar el equilibrio emocional. También existen factores externos que pueden aliviar la carga cotidiana de las madres que crían solas. Contar con un empleo y acceso a jardines infantiles o guarderías permite distribuir mejor el tiempo y reducir el agotamiento.
Al final, la investigación plantea una mirada distinta sobre la felicidad en los hogares monoparentales. No se trata de una condición que condene inevitablemente a la infelicidad, sino del resultado de una suma de responsabilidades y dificultades que pueden acumularse con el tiempo. Las presiones económicas, la sobrecarga de roles, los problemas de salud y las rupturas familiares pueden debilitar el bienestar emocional. Sin embargo, una red de apoyo sólida y políticas públicas que protejan a estas familias pueden reducir considerablemente ese peso.
