A propósito del Día Nacional de la Cocina y Gastronomía Peruana, que se celebra cada segundo domingo de setiembre, es importante recordar que nuestra culinaria es una de las expresiones que mejor representa el mestizaje de la cultura nacional. Es el resultado de más de cinco siglos de intercambios de productos y métodos de cocina originarios con aquellos que fueron llegando mediante las corrientes migratorias de Europa, África y Asia. Todo ello ha contribuido a forjar una tradición culinaria única de la que nos sentimos profundamente orgullosos y que se ha consolidado, además, como fuente de empleo y promoción del turismo.
Sin embargo, esa riqueza también se enfrenta al desafío de preservar los elementos que le dan identidad a cada preparación. Porque cuando estos se modifican o se pierden en el transcurrir de los años, el plato puede alejarse de su origen y puede debilitarse el vínculo con la tradición y el pueblo al que representa.
Por ello, con el propósito de proteger nuestro patrimonio gastronómico, en el 2019 se adoptó la figura jurídica de las Especialidades Tradicionales Garantizadas (ETG), las mismas que se perfilan como un elemento constitutivo de la propiedad industrial y que no son otra cosa que las recetas de nuestra cocina tradicional.
La idea es reclamar su origen y salvaguardar que estas comidas se elaboren de la manera ancestral. Para ello, estos platos y productos preparados según los métodos originarios y empleando los ingredientes auténticos podrán ser designados con el sello de ETG, lo que protege así su legado histórico.
Las ETG brindan valor agregado a nuestra cocina y reconocen la labor de la industria de la restauración, especialmente para los pequeños restaurantes y productores artesanales. Del mismo modo, para los consumidores representa una garantía de autenticidad y calidad.
En la actualidad, nuestro país cuenta con un registro de nueve Especialidades Tradicionales Garantizadas que han sido reconocidas por el Indecopi. Se trata del Pan de Anís de la Concepción, la Papa a la Huancaína, la Ocopa Arequipeña, el Seco de Chabelo, la Malarrabia de Catacaos, las Rosquitas de Manteca de Cajamarca, los Prestiños Huanuqueños, la Sopa de Novios y el Pan Chacayano de Pasco.
Esta lista es apenas el inicio de la infinidad de productos y recetas tradicionales de cocina que podrían enriquecer nuestro patrimonio gastronómico. Por ello, resulta fundamental promover este mecanismo y motivar a más comunidades a preservar sus saberes culinarios. Proteger nuestras recetas tradicionales no solo significa preservar una forma de cocinar, sino también reconocer nuestra historia e identidad. Ahora que celebramos el Día Nacional de la Cocina y Gastronomía Peruana vale la pena recordarlo.
