Un hogar de cuatro personas necesitaba S/1.848 mensuales en 2025 para no ser considerado pobre. Con una inflación anual de 5,25% en Lima Metropolitana en octubre, la más alta en más de tres años, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), cubrir las necesidades básicas cuesta cada vez más, sobre todo para las familias que apenas superan ese umbral. Aunque la pobreza monetaria bajó a 25,7% en 2025, millones de personas todavía tienen dificultades para mantener esa mejora.
Salir de la pobreza tampoco significa dejar atrás la precariedad económica. Según un informe del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), el 32,8% de la población era en 2025 “no pobre vulnerable”, es decir, personas cuyo gasto supera la línea de pobreza, pero que tienen una alta probabilidad de caer en ella si enfrentan un choque, como perder el empleo, ganar menos o asumir gastos imprevistos.
Al sumar a quienes ya son pobres (25,7%), casi seis de cada diez peruanos están en situación de pobreza o vulnerabilidad. Una subida de los alimentos, los pasajes o los recibos de los servicios básicos puede obligar a estas familias a endeudarse, pedir ayuda a familiares o reducir su consumo de alimentos.
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Tres economistas consultados por La República advierten que la situación puede complicarse si los precios siguen subiendo mientras los ingresos pierden capacidad de compra, el empleo se vuelve más inestable y los fenómenos climáticos afectan la producción de alimentos.
Inflación reduce el poder de compra de quienes apenas lograron salir de la pobreza
Carolina Trivelli, investigadora principal del IEP y exministra de Desarrollo e Inclusión Social, explica que una parte importante de la población vulnerable está apenas por encima de la línea de pobreza. Sus ingresos superan el mínimo necesario para cubrir una canasta básica, pero no siempre alcanzan para imprevistos ni para alzas prolongadas de precios. "La línea de pobreza refleja el mínimo ajustadísimo que tendrías que tener para cubrir tus necesidades básicas", afirma.
Para 2025, el INEI fijó la línea de pobreza total en S/462 mensuales por persona y la de pobreza extrema, que equivale al costo de la canasta básica de alimentos, en S/260. Para un hogar de cuatro integrantes, esto representa S/1.848 y S/1.040 al mes, respectivamente.
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La diferencia se vuelve evidente cuando suben los gastos que las familias no pueden evitar. El recibo de luz, el balón de gas y los pasajes para llegar al trabajo deben pagarse aunque los ingresos sigan iguales y, como dejan poco margen para reorganizar el presupuesto, el ajuste termina recayendo en la alimentación.
"Es el único espacio donde pueden hacer ajustes que les queda", advierte Trivelli. Una familia que gasta más en transporte o servicios básicos puede terminar comprando menos alimentos, sustituyéndolos por otros más baratos o reduciendo la calidad de su dieta. También puede recurrir a préstamos o a la ayuda de familiares, alternativas que dejan de servir cuando el encarecimiento se prolonga.
La magnitud del problema se refleja en la inseguridad alimentaria. El estudio del IEP estima que más de 10 millones de peruanos tuvieron dificultades para acceder a alimentos en cantidad o calidad suficiente durante 2025: alrededor de 3,7 millones eran pobres monetarios, otros 3,7 millones eran no pobres vulnerables y cerca de tres millones no eran pobres ni vulnerables.
Es decir, aproximadamente dos de cada tres personas con inseguridad alimentaria no estaban clasificadas como pobres monetarias, lo que revela que superar el umbral de ingresos no garantiza una alimentación adecuada. Una familia puede estar por encima de la línea oficial y aun así tener dificultades para conseguir alimentos por sus precios, la distancia hasta los mercados o la limitada oferta de su localidad.
A ello se suma que la propia línea de pobreza sube cuando se encarece la canasta básica. Así lo explica Ismael Muñoz, economista y docente del Departamento de Economía de la PUCP: si los precios siguen aumentando, también crecerá el ingreso que una familia necesita para superar esos umbrales. Por eso, incluso quienes mantienen sus ingresos podrían perder la condición de no pobres si su capacidad de compra se deteriora.
Empleo inestable y fenómeno de El Niño podrían devolver a más familias a la pobreza en 2027
La capacidad de los hogares para resistir el encarecimiento depende también de cómo generan sus ingresos. Fernando Cuadros, economista de la Universidad del Pacífico y exviceministro de Promoción del Empleo, advierte que los trabajadores con remuneraciones bajas son especialmente sensibles a las subidas de precios, porque destinan una mayor proporción de sus ingresos a la alimentación y a otros gastos esenciales.
La situación se complica para quienes trabajan en la informalidad, pues sus ingresos no necesariamente aumentan cuando sube el costo de vida y no cuentan con la protección laboral de un trabajador formal.
Pero tener un empleo en planilla tampoco garantiza estabilidad. Cuadros señala que alrededor de siete de cada diez trabajadores formales del sector privado tienen contratos temporales, una condición que dificulta construir una trayectoria laboral, ahorrar o afrontar periodos sin empleo.
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Esta fragilidad podría agravarse por el origen del repunte inflacionario. Según el INEI, entre noviembre de 2025 y octubre de 2026 los precios subieron 5,25% en Lima y 4,83% a nivel nacional, con el transporte (15,75% en Lima) y los combustibles (43,67%) entre los rubros que más empujaron el alza.
Muñoz explica que esa tasa supera el rango meta del Banco Central de Reserva (BCRP), de 1% a 3%, pero que la presión viene sobre todo de factores de oferta y no de un aumento de la demanda interna. El encarecimiento internacional del petróleo, vinculado a las tensiones en Medio Oriente, eleva el costo de los combustibles y afecta a quienes transportan productos desde las zonas agrícolas hacia los mercados de consumo.
El efecto llega directamente a los alimentos, porque cuando trasladar una cosecha cuesta más, ese gasto termina incorporándose al precio que paga el consumidor.
El Niño agrava el riesgo para los precios y los ingresos hasta 2027
El riesgo es que esa presión coincida con El Niño Costero. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene la alerta y prevé que el evento conserve una magnitud extraordinaria hasta febrero de 2027, para luego disminuir gradualmente hasta junio.
El INEI atribuyó parte de las alzas de octubre en hortalizas y tubérculos a factores climáticos y a costos externos, lo que indica que el clima ya comenzó a influir en los precios.
Muñoz advierte que las lluvias intensas pueden destruir cultivos, carreteras, puentes e infraestructura de riego, mientras que las sequías también pueden reducir la producción en determinadas regiones. La afectación no se limitaría a una menor disponibilidad de alimentos y a precios más altos: agricultores, comerciantes y trabajadores informales también podrían perder ingresos si se interrumpe el transporte o la actividad productiva.
Según Muñoz, alrededor de 12 millones de personas se encuentran en situación de vulnerabilidad monetaria y podrían retroceder ante un choque económico. "Este es un problema social. Es un problema público y el Estado ante un problema público tiene que dotarse de todos los instrumentos que pueda", señala.
Un retroceso no sería inédito, pues en 2019 la pobreza monetaria era de 20,2% y llegó a cerca de 30% tras la pandemia; en 2025, pese a la mejora (25,7%), sigue por encima del nivel prepandemia. Para Muñoz, la combinación de fenómenos climáticos y mayores costos de los combustibles podría comprometer nuevamente los avances de los últimos años, aunque la magnitud dependerá de cómo evolucionen los ingresos y la actividad económica.
Hogares vulnerables necesitan protección antes de volver a caer en pobreza
El Gobierno anunció un paquete de S/18.000 millones adicionales para 2027, que incluye hasta S/2.500 millones en bonos para familias vulnerables afectadas por El Niño y S/500 millones en subsidios a los combustibles, destinados sobre todo al transporte urbano de pasajeros y de carga. El ministro de Economía y Finanzas, Elmer Cuba, explicó que las medidas buscan responder a tres choques de oferta: El Niño, el alza del petróleo y las mayores tasas de interés internacionales.
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Los especialistas consultados por este diario coinciden en que las políticas públicas no pueden concentrarse solo en quienes ya cruzaron la línea de pobreza, sino que deben incluir a las familias que la superaron y que podrían regresar a esa condición ante una pérdida de empleo, una emergencia climática o una subida prolongada del costo de vida.
Trivelli plantea fortalecer el Registro Social de Hogares para identificar a las familias vulnerables que no necesariamente reciben programas sociales, pero que podrían necesitar asistencia cuando sus ingresos se deterioren. Propone, además, incorporar indicadores de inseguridad alimentaria en los criterios de focalización, pues la clasificación monetaria no siempre refleja las dificultades reales para acceder a una alimentación adecuada.
Desde el ámbito laboral, Cuadros considera necesario proteger los ingresos y evitar un mayor deterioro del empleo, entre otras medidas, como la reactivación del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, créditos con garantías estatales para las micro y pequeñas empresas afectadas por El Niño y el adelanto del incremento pendiente de la remuneración mínima vital.
Muñoz, por su parte, plantea evaluar una reducción de impuestos a los combustibles y establecer bonos alimentarios para las familias de menores recursos, además de fortalecer programas existentes como Juntos, Contigo y Pensión 65 para ampliar la capacidad de respuesta del Estado.
Por tanto, la reducción de la pobreza no depende solo de que más personas superen el ingreso mínimo establecido por el INEI, sino también de que puedan conservar esa mejora cuando cambien las condiciones económicas.
Mientras millones de peruanos sigan dependiendo de ingresos inestables, sin ahorros y con presupuestos destinados casi por completo a cubrir sus necesidades básicas, una nueva subida de precios puede devolverlos a una situación que estadísticamente habían conseguido dejar atrás.


