¿Es usted, querido lector, capaz de identificar cuándo un entregable está escrito con IA? A estas alturas del partido, más que preguntarnos si se utilizó IA, probablemente deberíamos darlo por sentado. Esta tecnología, lejos de ser necesariamente una trampa, es un atajo para ganar competitividad. El problema no es usarla, sino dejar de pensar mientras lo hacemos.
Lo que está en riesgo en la actual ola de adopción corporativa de la IA es distinto para cada generación de trabajadores. Los más jóvenes enfrentan el reto de preservar su capacidad de análisis, su mirada crítica y el escepticismo necesario para revisar el trabajo que la tecnología hace por ellos. Quienes superamos los 30 años tenemos por delante otro desafío: no “atrofiarnos” por dejar de practicar más las tareas sencillas que hemos realizado durante años.
Pero la preocupación transversal está en saber imponer y respetar límites. Si el uso de la IA está normalizado, nada debería costarnos ser transparentes al respecto. Debemos tener claridad sobre qué pedirle, qué no delegarle y qué resultados requieren de nuestra revisión. Usarla no nos exime de responder por lo que entregamos.
El caso de Hugging Face, cuya infraestructura fue vulnerada por modelos experimentales de OpenAI que escaparon de su entorno de pruebas —‘sandbox’— durante evaluaciones de ciberseguridad, es una foto del momento. Los límites que debían contener los modelos no bastaron. Construir entornos seguros, con ética y gobernanza sigue siendo un trabajo en proceso. Y también lo es nuestro aprendizaje como usuarios, sobre todo en el mundo corporativo: aprovechar la tecnología sin tenerle miedo y sin renunciar a utilizar nuestro criterio.
La semana pasada escuché a un especialista describir a la IA como agnóstica porque puede intervenir en cualquier proceso de negocio y automatizar tareas en todas las dimensiones de una organización. Nosotros no podemos permitirnos ese agnosticismo. Que la tecnología pueda hacerlo no significa que debamos delegárselo. Los límites, el criterio y la responsabilidad siguen siendo nuestros.


