La guerra entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a escalar en el Medio Oriente, con ataques que trasladan el conflicto al estratégico tráfico marítimo y al corazón de las exportaciones petroleras iraníes. El sábado, Washington anunció la destrucción o inutilización de tres petroleros iraníes, después de que, según el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), la Guardia Revolucionaria lanzara misiles contra un portaaviones y un destructor de estadounidenses. ¿Estamos camino hacia una nueva guerra abierta o puede instalarse una dinámica de ataques y represalias limitadas, sin negociaciones para resolver el conflicto?
El intercambio de fuego se produce tras una semana de nuevas hostilidades y después de un período de un mes de relativa calma entre ambos países.
La respuesta estadounidense introdujo un nuevo elemento en la confrontación: el golpe directo contra embarcaciones vinculadas al comercio petrolero de Irán, incluida una atacada frente a la estratégica isla de Kharg, principal terminal de exportación de crudo de la República Islámica.
Los ataques estadounidenses “dejaron inutilizados de forma permanente” los buques M/T Downy y M/T Stark 1, dijo el Centcom en un comunicado. También “destruyeron por completo” el M/T Kylo en el Golfo de Omán después de que se advirtiera a la tripulación que abandonara el barco.
El Centcom sostuvo que tomó represalias después de que un portaaviones y un destructor de misiles guiados estadounidenses evadieran misiles disparados por Irán.
El domingo, la Guardia Revolucionaria iraní dijo que atacó un dron naval de Estados Unidos cuando intentaba entrar en aguas “protegidas” del estrecho de Ormuz.
Mientras que el presidente del Parlamento de Irán y principal negociador de paz de su país, Mohamad Baqer Qalibaf, advirtió el domingo a Estados Unidos que Teherán responderá de manera “más rápida, más fuerte y más dolorosa” a futuros ataques contra la República Islámica.
“Los estadounidenses seguramente habrán entendido que la época de ‘respuestas proporcionales’ ha llegado a su fin y que nuestros ataques en las recientes operaciones contra las bases agresoras solo han sido un comienzo, y por si hasta ahora no lo han entendido deberían de comprenderlo antes de que sea tarde, que las reglas del juego han cambiado”, indicó Qalibaf en un discurso difundido por la televisión estatal iraní IRIB.
Irán bloqueó el estrecho de Ormuz tras el comienzo de la guerra, el pasado 28 de febrero, y lo ha convertido en su principal medida de presión en el conflicto, pues logró paralizar casi todas las exportaciones de petróleo. Además, exige que los buques que quieran cruzarlo obtengan su permiso.
En respuesta, Estados Unidos ha establecido un cerco a puertos y buques iraníes y, en las últimas semanas, ha logrado restablecer parte del tráfico marítimo a través de Ormuz por una ruta cercana a Omán.
En tanto, El alto el fuego pactado entre Estados Unidos e Irán en junio quedó prácticamente colapsado. El Memorando de Entendimiento (MoU) firmado el 17 de junio establecía el cese de las operaciones militares y daba un plazo de 60 días para negociar un acuerdo definitivo, además de compromisos sobre la navegación por el estrecho de Ormuz, sanciones y el programa nuclear iraní. Ese plazo expiró sin un acuerdo final.
Seis meses después del inicio de la guerra, el periodista y analista internacional Carlos Novoa cree que la dinámica actual entre Estados Unidos e Irán ya puede considerarse una suerte de nuevo statu quo. Sostiene que Washington no ha conseguido cumplir su objetivo inicial de doblegar a Teherán de manera contundente, por lo que el conflicto ha entrado en una fase de ataques y represalias que podría prolongarse.
“Estados Unidos busca atacar Irán, busca resquebrajar Irán, pero no cumple su objetivo”, sostiene Novoa a El Comercio.
Considera que, ante la falta de resultados decisivos, ambos gobiernos han terminado librando también una “guerra por el discurso”, en la que cada uno intenta demostrar que mantiene la iniciativa y que no ha sido derrotado.
Novoa indica que mientras los ataques permanezcan dentro de ciertos límites y se concentren en intereses de ambos países, la guerra de baja intensidad podría mantenerse durante un período muy prolongado.
“Esta guerra de baja intensidad (...) puede mantenerse indefinidamente”, advierte.
El problema, enfatiza Novoa, aparecería si alguno de los dos bandos cruza una línea que obligue al otro a responder con mayor intensidad. Un intenso bombardeo contra Teherán o una expansión del conflicto hacia países aliados de Estados Unidos en el Golfo podría cambiar radicalmente el escenario.
“El riesgo no está únicamente en un ataque directo entre Washington y Teherán, sino en que el conflicto termine involucrando a otros actores regionales, especialmente a países como Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, cuya posición frente a Irán podría endurecerse si sus territorios o intereses son atacados”, remarca.
El analista sostiene que, aunque ambos países están sufriendo las consecuencias del conflicto, el impacto se percibe de manera diferente en sus respectivas sociedades.
Novoa explica que Irán tiene una población acostumbrada desde hace años a la guerra, a las crisis económicas y a las consecuencias de las sanciones. Mientras que Estados Unidos puede sentir de manera más inmediata el impacto del conflicto a través de la subida del precio de los combustibles. Considera que ese factor puede adquirir importancia en el escenario político estadounidense, especialmente de cara a las elecciones de medio término de noviembre.
Para Novoa, uno de los principales obstáculos para poner fin al conflicto es que ninguno de los dos gobiernos parece tener incentivos políticos suficientes para dar el primer paso hacia una solución.
En el caso de Estados Unidos, dice que el presidente Donald Trump difícilmente aceptaría una salida que pudiera interpretarse como una derrota.
“A Estados Unidos le conviene de una u otra forma seguir, porque si no tendría que reconocer que ha perdido, y eso no lo va a hacer Trump nunca”, afirma.
Del lado iraní, observa una dinámica similar en el discurso oficial, caracterizada por amenazas de represalias cada vez mayores. “Es un discurso grandilocuente que sirve para llamar la atención al comienzo. Pero ya es más de lo mismo”, señala.
¿Qué tendría que pasar para la vuelta de las negociaciones? Novoa manifiesta que la reanudación de las conversaciones requeriría posiciones más realistas de Washington. Explica que Estados Unidos no puede sentarse a negociar planteando exigencias que sabe de antemano que Teherán no aceptará.
“Estados Unidos no puede exigirle a Irán cosas que sabe que Irán no va a cumplir, como el desarme, la desmilitarización, la eliminación de su programa nuclear o la reapertura sin condiciones del estrecho de Ormuz”, sostiene.
Sin embargo, Novoa insiste en que por ahora la ausencia de una salida negociada no significa necesariamente que el conflicto vaya a desembocar en una guerra total.
