Empezó su segunda centena de días con una corrección. Mejor hubiera sido con un acierto; pero peor hubiera sido con una metida de pata. Keiko Fujimori decidió no usar su permiso del lunes 2 al viernes 6 para viajar a la Cumbre Iberoamericana en Madrid. Luego del polémico viaje a El Salvador, empalmar con España hubiera invocado al fantasma dinista del ‘turismo presidencial’.
Lo de El Salvador delató una búsqueda de la identidad esquiva, visitando a Nayib Bukele como el referente que ya lo era en el 2025 cuando veíamos pintas con su nombre, como si el electorado la descartara a ella y a los demás candidatos para llenar nuestro vacío de poder; como si su principal referente no siguiera siendo su padre. Juan Sheput, Ministro de Trabajo, llamó al viaje un ‘benchmarking’, o sea compararte y asimilar lo mejor de una buena práctica ajena. Pero Keiko aún tantea su identidad y su marca, que está en dificultosa construcción: la restauradora del orden con una alianza cívico militar y empresarial, la destrabadora de proyectos y simplificadora de la vida del pequeño emprendedor. La criminalidad y el impacto del Niño complotan contra ello. Al menos, la medida contracíclica de los S/. 18,000 millones tiene una previsión de mediano plazo: la mayor parte, alrededor de S/.15 mil millones, está pensada más en la reactivación pos Niño que en el desastre en sí.
Cualquier balance y proyección de escenarios tienen que considerar que estos tanteos continuarán y, eso sí, que Keiko -bien, mal o regular- está llenando el vacío mentado. ¿Habrá más orden y menos indefinición durante los próximos 100 días, contados del 4 de noviembre al 12 de febrero? Respuesta preliminar: sí, porque la naturaleza impondrá un consenso nacional; no, porque el gobierno será inevitablemente desbordado.
Keiko aprovechó el viaje cancelado para ensayar la estrategia contra El Niño y dar algunos anuncios en las de seguridad y destrabe. El 15 de octubre había informado la responsabilidad territorial asignada a 5 ministros: Piura y Tumbes para el Ministro de Defensa, Rafael Belaúnde; Lambayeque para el Ministro de Transporte, José Tangherlini; La Libertad y Lima para Marco Vinelli de Agricultura, quien además preside la coordinación ante el FEN (Fenómeno de El Niño); Áncash para Luis Dyer, ministro de Agricultura; Ica y Arequipa para Mauricio Arnillas, de Vivienda. No fue suficiente.
Por ejemplo, esta semana, con el anticipo de lluvias intensas en el Norte, vimos a Rafael Belaúnde en Tumbes mientras empezaba a llover en Máncora, Piura. Habrá, por necesidad, más operadores y voceros de alto nivel cuando las alertas salten en varios lugares a la vez. Ya fuimos notificados de que el desborde empezó y será largo. El gobierno de los próximos 100 días tiene la doble misión de ser eficiente con la poca prevención que pudo acopiar en los primeros 100 días y a la vez conseguir que la gente perciba que el desastre ocurrirá a pesar de su visible esfuerzo. Esperamos ver a presidenta, primer ministro y gabinete calzando botas de jebe y embarrándose. Tendremos la imagen recurrente de presidenta y alto comando anti FEN (Galarreta, Vinelli, Belaunde, Dyer, Indeci, Senamhi, PMO u oficina de gestión manejada por el sector privado) informando del riesgo y mitigación de desastres.
El lunes pasado vimos un primer tanteo de comunicación de gobierno que busca orden comunicacional. Keiko y entorno anti FEN veían en una pantalla a Belaúnde informando desde Tumbes. Pero fue algo improvisado con discursos circunstanciales de cada uno de los presentes. No ha sido una prioridad diseñar una estrategia de comunicación, pero es una necesidad. No tiene que ser el show diario de Vizcarra cuando estábamos recluidos en pandemia. Pero debe tener un formato, buen trabajo de equipo, clara división de roles.
Bálsamo y tempestad
Por lo pronto, la agenda será simbólicamente transferida a León XIV. Su visita concitará atención nacional entre el 11 y el 16 de noviembre. En Chiclayo estará el 13 y 14, fechas que preceden por un día, en los pronósticos climatológicos, con el probable inicio de lluvias intensas en la región. Si estas se adelantaran, el programa tendría algunos ajustes. El canciller Carlos Espá y la propia Keiko, han llamado a la visita un ‘bálsamo’ y seguro lo será, pero su efecto calmante pasará pronto.
La agenda nacional del siguiente tramo de los 100 días, la tempestad, estará progresivamente dominada por el mega Niño. Hasta Iver Maraví ha dicho que su bancada dará prioridad y solución a cualquier pedido urgente relacionado al FEN. En realidad, el Congreso bicameral ha demostrado que es mucho más fácil aprobar un crédito suplementario que aprobar facultades legislativas o leyes de reformas. La presión transversal de la mayoría regional, hace que sobren votos para validar presupuestos que incluyen proyectos y asignaciones para sus regiones. Es la gran reserva de votos del gobierno y lo saben sus atribulados líderes opositores.
Pero hay una tarea pendiente con un plazo máximo que se vence el 20 de enero. Desde el 23 de octubre están corriendo los 90 días para publicar los decretos legislativos en base a los 27 ítems delegados por el Congreso, todos asociados al FEN y a la seguridad. Todavía no hemos visto ninguno, pero pronto veremos algunos. Su publicación dará algo de sentido a la batalla de las facultades en la que el gobierno se enredó -y desgastó- en sus primeros 100 días.
Podemos prever un conflicto de percepciones regionales. La sierra sur -siempre el Sur- percibe que la agenda de prioridades y preocupaciones del gobierno está concentrada en la Costa. A pesar de que hay pronóstico de sequía e incendios en dicha mega región, y ya hay varios cultivos de subsistencia amenazados, no hay claridad sobre las medidas de mitigación. El gobierno ya sintió ese llamado y en el discreto discurso de balance de sus primeros 100 días, Keiko intentó que su discurso no sonara tan costeño y limeño como suena el de la mayor parte de voceros. Cuando el impacto arrecie en muchos lados, las imágenes de inundaciones y huaicos ganarán, para mal del Sur andino, a la hambruna silenciosa. Los posibles incendios sí nos estremecerán. La furia de los elementos -agua, tierra, fuego aire- se intensificará en los próximos 100 días y continuará en parte de la siguiente centena.
Los congresistas también competirán para calzar botas de jebe y embarrarse. Algunos acompañarán a autoridades, lo que servirá para ganarlos a la colaboración; otros estarán donde no esté el gobierno, denunciando desatención. Por ejemplo, Jaime Delgado de Ahora Nación, estuvo en Máncora haciendo denuncias y advertencias. La voz de los alcaldes y gobernadores se oye débil porque están de salida. La transferencia de gobiernos subnacionales el 1 de enero, por un lado debilitará su presión al gobierno; por otro lado dificultará la indispensable coordinación.
Quienes tengamos acceso fluido a la información, clave en situaciones de emergencia, veremos los diversos, algunos inesperados, efectos de la furia elemental. Cuando el desastre no es tan grande, como en niños anteriores, las historias de resiliencia se combinan con las de mera devastación. La imagen de Evangelina Chamorro reviviendo del barro y los escombros en un huaico en Punta Hermosa en el 2017, sigue en nuestra retina. Si la devastación se impone sobre cualquier historia resiliente, será más difícil sostener la narrativa de la reconstrucción.
Las expectativas ciudadanas para los próximos 100 días varían por regiones, por razones que ya expusimos. En el último sondeo de Datum se preguntó al encuestado si, tras sus primeros 100 días, su confianza en Keiko ha variado. El 10% dice que ha aumentado y el 48% dice que sigue igual. En Lima/Callao el 14% dice que aumentó. En el sur, solo el 6%. En el norte, que suele ser más naranja, aumentó para el 9%. De hecho, el temor ante el Niño incide en esas cifras. Preguntados directamente sobre el futuro del gobierno, el 41% cree que este mejorará; el 25% cree que este seguirá igual y el 27% cree que empeorará. En el Centro solo el 29% cree que mejorará y en el Sur, un 30%. Todas estas cifras podrían alterarse dramáticamente cuando arrecie la emergencia.
El empresariado tiene otra expectativa: antes que poner orden, quiere que Keiko achique el Estado y simplifique la tramitología. El crecimiento informal del aparato estatal con trabajadores CAS y con cargas fiscales aprobadas en el Congreso pasado con votos fujimoristas, nos pasa factura a todos. Pero también hay regímenes especiales, exoneraciones y disminuciones tributarias, que fueron bienvenidas por los empresarios y ahora cuestionadas por el MEF de Elmer Cuba. Los próximos 100 días son candentes jurídicamente pues el TC tiene que sentenciar sobre la inconstitucionalidad de los extralimitados regímenes pensionarios de uniformados y maestros, además de la ley que otorga gratificaciones para el personal CAS. Si declara que son inconstitucionales, consecuente con su propia jurisprudencia que aclaró que el Congreso no tiene iniciativa de gasto; serán victorias caletas para el Ejecutivo y protesta segura de los perdedores.
En este primer tramo, antes que el FEN le imponga la agenda; Keiko avanza sus tanteos en varios frentes. Tras volver de El Salvador hizo anuncios sobre entrega de terrenos para la construcción de cárceles. Antes, había difundido las imágenes de la destrucción de antenas de wifi en el vecindario carcelario. Fue una medida visible. Menos visible ha sido el estreno del Comando Unificado, dirigido por la policía, salvo en algunas zonas de emergencia como el VRAEM y Pataz donde lo dirige las FFAA. Contra su notoriedad complota la escasa presencia mediática del comandante general de la PNP, Fredy López, y del jefe del Comando Conjunto de las FFAA, César Briceño. Los próximos 100 días, Keiko, sus ministros clave y estos comandos de perfil bajo tendrán que mostrar presencia, voluntad, voz y definición. Menudo reto les espera y nos espera.


