La jefa del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), Grinia Ávalos Roldán, subraya que Lima también debe prepararse para posibles lluvias de gran nivel por el fenómeno El Niño. Refiere que las lloviznas que causó la DANA Aníbal ya nos han dado una muestra de cuáles son algunas zonas vulnerables.
— Estamos en un invierno atípico con temperaturas de más de 10 grados por encima de lo normal. ¿Esto obedece a El Niño o a algún otro fenómeno?
Definitivamente, este invierno atípico es debido a El Niño. Tenemos un mar sumamente cálido que no solo se ha mantenido desde que empezó el calentamiento en marzo, sino que se ha potenciado. Estos nueve, casi 10 grados en algunos puntos de la costa, se deben a El Niño costero.
— Está El Niño, pero también la DANA Bertha e incluso cae nieve en algunos lugares. ¿Cómo se explica esto?
Las DANA son como burbujas de masa de aire sumamente frío. Su radio de acción es frente a Chile. Entran a la cordillera, generan nevadas intensas y es normal que ocurran las DANA. Pero cuando esa DANA se acerca un poco más hacia el norte, sobre Tacna, Moquegua, Arequipa, genera inestabilidad. La DANA Aníbal causó lloviznas, nevadas, vientos, levantamiento de polvo, altas temperaturas. Pero estas DANA tienen una duración de tres a cuatro días y luego se van hacia el Atlántico. La DANA Bertha ha estado mucho más arriba, es decir, casi frente a Lima, pero no ha sido tan potente o fría como la DANA Aníbal.
— ¿Ya pasó la DANA? ¿Ya no tendremos las intensas lloviznas que inundaron Villa El Salvador y Villa María del Triunfo?
No lo descartamos. Las DANA tienen su trayectoria normal, se presentan con o sin El Niño. Cuando esa DANA se acerca más al territorio nacional, como el agua de mar está tan caliente, genera evaporación, condiciones de inestabilidad y los impactos se exacerban. Por lo tanto, no descartamos que pueda ocurrir una DANA de las mismas características de Aníbal, es parte de la climatología.
— ¿Se exacerba por El Niño?
Se exacerba por la presencia de El Niño que genera mayor disponibilidad de aire húmedo y, por lo tanto, eso capitaliza las DANA y las transforma en lloviznas.
— ¿Lima podría soportar lluvias con el fenómeno de El Niño?
Lima no está preparada para soportar lluvias de gran magnitud.
— ¿Cabe la posibilidad de tener lluvias torrenciales o muy fuertes en Lima por El Niño?
Sí, y ha ocurrido. En el verano de 1970, Lima registró alrededor de 17 milímetros, cuando lo normal en un año es cuatro o cinco. Pero en un solo día se acumularon 17. Estamos hablando de los años 70, con menos población expuesta, menos infraestructura expuesta, pero lo que las crónicas y los reportes de El Comercio nos dicen es que la bajada de Armendáriz se convirtió en una cascada natural; el aeropuerto Jorge Chávez fue impactado y el techo cedió; el ‘by-pass’ de Javier Prado con Arequipa colapsó, las fotos nos muestran carros sumergidos. Y hubo activación de quebradas y huaicos.
— ¿Qué ocurrió entonces?
Fue el mar cálido, ni siquiera fue un Niño tipificado, pero el mar estuvo cálido por varias semanas. El clima costero depende mucho de las condiciones del mar. Si este se calienta o se enfría rápidamente, la atmósfera reacciona. Y lo que tuvimos entonces fueron varias semanas de mar cálido, no necesariamente intenso como ahora, pero fue la condición que gatilló toda esta situación.
— ¿Estamos entrando al pico de El Niño?
Este pico de El Niño, que probablemente sea extraordinario, se va a mantener hasta enero, que ya es un mes lluvioso; por lo tanto, vamos a tener un mar extremadamente cálido que coincide con el inicio del período de lluvias. Y como ya ha ocurrido en el pasado, no descartamos que puedan darse lluvias importantes en Lima.
— ¿Estamos a tiempo de hacer prevención para mitigar el impacto de El Niño en Lima?
Lima ya ha visto como una antesala lo que ha pasado con las lloviznas. Ya sabemos cuáles son las zonas vulnerables, los ‘by-pass’ que no tienen drenes. Entonces, ante una situación aumentada por lluvias, ya no lloviznas, es muy probable que tengamos escenarios similares, incluso más graves. Es importante que, desde la acción local y comunitaria se adopten algunas medidas. Lima, igual que desde Tumbes hasta Ica, está dentro de las zonas afectadas por un fenómeno de El Niño.
— Si en 1970 llegamos a los 17 milímetros, ¿a cuánto llegamos con la llovizna de la DANA Aníbal?
Nueve milímetros en Villa María del Triunfo. Con Yaku [el ciclón de marzo del 2023], fueron a lo más cinco o seis milímetros en Lima, y en Chosica y Santa Clara se dieron 15. No descartamos que puedan repetirse esos escenarios.
— ¿Qué tienen que hacer las autoridades ahora mismo?
Estamos participando de manera muy activa en reuniones con los municipios. Hemos estado en San Isidro, el Callao, San Borja, porque es importante sensibilizar a las autoridades locales, que son los coordinadores de los sistemas de alerta temprana. Es un proceso primero de conocimiento, de centrar bien cuál es el peligro, para luego desencadenar acciones.
— ¿Ya no vamos a tener días ni siquiera parecidos al invierno? ¿Esta alta temperatura será permanente?
Es permanente y es probable que se intensifique porque ya estamos camino a la primavera y se inicia la cresta de incremento de temperaturas porque el verano es el pico. Vamos a transitar rápidamente a una primavera muy cálida.
— Ha habido temperaturas de 28 grados en La Molina.
Se registraron 28,8 grados en la estación de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Un valor extraordinario porque agosto típicamente es el mes más frío del invierno. Es inédito, pues se han superado inclusive los valores que se presentaron en El Niño extraordinario de 1997 y 1998. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ya ha advertido que los impactos de este calentamiento van a ser insospechados porque no tienen antecedentes.
— Insospechados… ¿no sabemos cuál va a ser el impacto?
Nunca antes hemos tenido un calentamiento de esta magnitud. Es un desafío para todos los servicios meteorológicos del mundo conocer los patrones de lluvias que van a acompañar este calentamiento exacerbado.
— ¿La situación es de pronóstico reservado?
Un impacto insospechado tiene que ver también con la incertidumbre, zonas donde normalmente El Niño generaba 200 milímetros, de repente la cifra puede duplicarse. Es una posibilidad, es un escenario. O quizá si se esperan lluvias importantes en una zona históricamente afectada, hay algún mecanismo atmosférico que más bien las suprime y de pronto estamos en una sequía. A eso se refieren la OMM y la NOAA cuando hablan de los impactos insospechados.
— Actualmente los esfuerzos de mitigación están en la costa norte. ¿Qué se espera en la sierra sur?
Sequía, porque aquí entra a tallar el calentamiento fuerte del Pacífico central. Y además tenemos una modulación importante del Atlántico que está yendo también a un escenario cálido. Por lo tanto, es muy probable que las deficiencias se den tempranamente en la Amazonia y la sierra central y sur.
— ¿Qué actividad ha cumplido en su viaje a Piura?
Lo primero que hemos hecho es hacer una actualización de la información de cómo está evolucionando El Niño. Ha habido un incremento importante en las últimas semanas de la temperatura del mar. A pesar de la presencia de la DANA Aníbal, que generó unos dos o tres días de vientos, nuevamente ha vuelto a la normalidad que impone El Niño. No olvidemos que el Niño es un evento sumamente complejo que impacta la infraestructura, pero también ecosistemas. Tiene que ver con situaciones de incrementos en el nivel medio de la atmósfera y esto impacta directamente a los nevados. La tasa de retroceso glacial también se incrementa, por ello el Senamhi, la OEFA, varias entidades hemos estado presentes en esta reunión para articular esa información.
— ¿Y cuál es la respuesta de las autoridades locales?
Primero, ha habido una participación masiva e intervenciones para conocer dónde está la información disponible para gatillar decisiones. Y la pregunta recurrente es: ¿cuándo empiezan las lluvias?
— ¿Y cuándo empiezan las lluvias?
Hecho el análisis estadístico, cada vez que hemos tenido calentamiento de esta magnitud, con los antecedentes de los años 1982 y 1997, las lluvias han empezado en noviembre. Primero por Tumbes, donde normalmente en noviembre llueve alrededor de 15 milímetros a 20 milímetros, pero cuando hemos tenido estos eventos se han registrado 50 milímetros, 80 milímetros. A partir de diciembre sigue la frecuencia de las lluvias, que se dan no solo en Tumbes, sino ya en Piura. Por lo tanto, noviembre es un mes crítico para tener una contingencia frente a los trabajos que se están haciendo. Tenemos una permanente comunicación con la Secretaría Técnica de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) y con el grupo que se ha conformado para tener información contrastada, validada y verificada.
— Lo que ha pasado en Nepal nos ha hecho recordar lo sucedido en Yungay en 1970. Estos eventos corresponden a un tema de calentamiento global. ¿Cómo podríamos calificarlo?
En el caso específico de Nepal, ha habido una suma de condiciones desafortunadas: un movimiento sísmico, lluvias previas y un desprendimiento, una falla tectónica. Pero en el caso de los glaciares tropicales, que en gran mayoría están en el Perú, hay una particularidad: el trópico no debería tener glaciares porque normalmente tienden a derretirse con las altas temperaturas, pues el sol cae perpendicularmente. Sin embargo, tenemos estos glaciares asociados a ecosistemas importantes. Cuando tenemos El Niño, la atmósfera media también se calienta. Está documentado científicamente que cada vez que tenemos un Niño, la tasa de retroceso de los glaciares se incrementa.
— Entonces El Niño no es solo lluvias…
El Niño no solo es lluvias, son altas temperaturas. El Niño condiciona también otra serie de peligros, pueden darse avalanchas y oleajes importantes.
— Si ocurre el derretimiento de glaciares tropicales por las altas temperaturas, ¿cuáles serían las áreas afectadas ante un posible desprendimiento?
Hay todo un análisis que están haciendo el Instituto Geofísico del Perú (IGP) y el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (Inaigem). Y nosotros, como Senamhi, hacemos el seguimiento de cómo van variando las temperaturas. El nevado Huascarán es el más monitoreado porque está asociado a varias lagunas en la cuesta abajo, y ya se han implementado algunos sistemas de alerta comunales y otros más sofisticados. Hay una articulación con el gobierno local, tenemos participación importante de estos entes científicos con la comunidad misma y ya hay un protocolo de acción, porque para los ancashinos los derrumbes glaciares es un tema particularmente sensible tras el terremoto de 1970.
— Para muchos, las imágenes de Nepal han revivido lo de Yungay.
Los orígenes son diferentes, pero digamos más allá de eso, sí, tenemos que estar muy atentos a que un escenario de esa magnitud, de desprendimiento de los glaciares, pueda darse.
— ¿No se descarta?
No se descarta porque tiene que haber un seguimiento y lo está haciendo el IGP, que tiene que ver con movimientos sísmicos; no olvidemos que lo que pasó en 1970 fue después de un terremoto. La gestión de riesgos tiene un desafío en un país tan complejo como el nuestro, expuesto a tantos peligros y amenazas.
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