La inversión privada atraviesa uno de sus mejores momentos de los últimos años. El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) subió de 12.5% a 14% su estimación de crecimiento para el corriente, lo que implicaría su mayor expansión desde 2021 —cuando avanzó 35.2% tras el estallido de la pandemia—.
Ello abre la siguiente interrogante: ¿Este repunte de la inversión privada cuándo empezará a percibirse con mayor claridad en la generación de puestos de empleo formales e ingresos reales de los trabajadores?
Juan Carlos Odar, jefe de la Unidad de Monitoreo y Evaluación de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico, precisa que el ritmo actual de crecimiento de la economía todavía no sería suficiente para producir una recuperación laboral ampliamente perceptible.
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Considera necesarias tasas del PBI de entre 4% y 4.5%, las cuales distan del 3% y 3.5% que prevén frentes privados y el MEF; lo que genera la siguiente paradoja: “la inversión privada puede crecer a tasas de dos dígitos sin que el empleo formal avance en la misma proporción”.
Añade Odar que la composición de esa inversión importa: una intensiva en capital, por ejemplo, puede elevar significativamente el gasto empresarial y la capacidad productiva sin requerir una cantidad equivalente de nuevos trabajadores.
¿Cuándo más inversión se traducirá en más trabajo?
Antonio Quiroz, docente de Economía en la UPC, coincide en que el crecimiento económico genera empleo formal cuando supera determinados umbrales “como 4% o más durante varios años”, mas advierte que la relación inversión/empleo depende de hacia dónde se dirijan los recursos.
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Quiroz sostiene que, para potenciar la generación de puestos de trabajo, el Estado debería crear condiciones para que parte de la inversión se oriente hacia sectores intensivos en mano de obra: el agrícola y la minería, como ejemplo.
“Si bien la minería es intensiva en capital, puede generar un número importante de empleos indirectos (proveedores) en la construcción, transporte, mantenimiento, servicios empresariales, metalmecánica, alimentación y proveedores regionales. Ahora bien, es por todos conocido que tanto el sector agrícola como el minero tienen una alta incidencia de informalidad laboral, motivada por el propio abandono del Estado”, precisa.
Aparte del abandono estatal y sobrecostos regulatorios que desincentivan la formalización, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, Quiroz prevé que el salto de la inversión privada de este 2026 no necesariamente impactará homogéneamente sobre el empleo.
“El aumento de la demanda por trabajadores no necesariamente implica que entrarán a cubrir puestos formales. Lamentablemente, en el caso peruano, podemos encontrar empresas con distintos grados de informalidad laboral”, dijo a Gestión.
Para Odar, el mercado laboral aún debe absorber los efectos de distintos shocks que han afectado la actividad económica; por esa razón, una recuperación más dinámica del empleo formal no sería inmediata.
Su expectativa apunta a que la mejora podría hacerse más evidente durante la segunda mitad de 2027, siempre que continúe la recuperación de la actividad y la inversión y se disipen los efectos negativos de los choques recientes, como los huaicos, lluvias y sequías que genere el fenómeno El Niño.
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Consecuencias de El Niño
En tiempos de fenómeno El Niño, Odar prevé que los trabajos de reconstrucción de infraestructura, viviendas, fábricas y otros activos representarían inversión dentro de las cuentas nacionales, incluso cuando se trate de reponer capacidad destruida y no de crear nuevos activos productivos, lo cual podría favorecer a la creación de empleos en este sector para la ejecución de obras, mas su efecto sobre el empleo permanente dependerá de cuánto de esa inyección corresponda a nuevos proyectos productivos y cuánto a reposición.
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Quiroz enfatiza que una afectación climatológica importante podría reducir la producción y afectar particularmente a sectores como agricultura, pesca, transporte, comercio y construcción, actividades con una elevada utilización de mano de obra.
El impacto podría darse también a través de mayores costos de combustibles, fletes y transporte, reduciendo los márgenes de las empresas y llevando a algunas compañías a postergar contrataciones, lo cual “podría hacer que el empleo informal gane peso hacia fines del 2026 y en el primer semestre del 2027”.
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Impacto en salarios
¿Puede traducirse en mejores ingresos reales la ola de inversiones? Odar considera que, mientras la recuperación del PBI no sea suficientemente sólida, no necesariamente se producirá una recuperación de los ingresos reales.
“Un incremento del salario nominal, además, no implica por sí mismo un mayor poder adquisitivo si los precios avanzan a un ritmo similar o superior”, apunta.
Quiroz, en tanto, reitera que para que el mercado laboral muestre mejoras evidentes en contratación, ingresos y calidad del empleo, lo más deseable es que la economía anote tasas cercanas o superiores al 4% por varios años.
Para el Perú, un crecimiento cercano a 3% o 3.5% puede generar empleo formal, trasladando la caída de empleo, como consecuencia del fenómeno del Niño, al sector informal principalmente.
