En los últimos años, un número creciente de padres reporta dificultades para lograr que sus hijos duerman solos de manera independiente. Lo que para algunas familias parece un problema de hábitos nocturnos, para los profesionales de la salud mental y la pediatría se trata de un fenómeno complejo donde intervienen la gestión de las emociones, las dinámicas de crianza actuales y las expectativas adultas sobre el desarrollo infantil.
Especialistas en la materia han puesto el foco en cómo los cambios en el estilo de vida, la crianza moderna y la transmisión involuntaria del estrés de los adultos están afectando de forma directa la rutina del sueño de los más pequeños.
Miedos y sobreprotección: El diagnóstico de la psicología infantil
De acuerdo con la psicóloga infantil María Luisa Ferrerós, especialista en neuropsicología y patología del sueño, la tendencia de los menores a requerir acompañamiento continuo a la hora de acostarse ha experimentado un incremento constante. La experta sostiene que este comportamiento no es un hecho aislado, sino la consecuencia de diversos factores emocionales y educativos en el hogar.
“Este fenómeno ha crecido porque son más miedosos, están más sobreprotegidos y se les traspasan los miedos de los adultos”, afirma Ferrerós.
Desde la perspectiva psicoterapéutica, el entorno en el que crecen los niños actuales tiende a ser altamente protegido, lo que en ocasiones limita el desarrollo de herramientas de autorregulación emocional. Cuando a esto se le suma la tensión diaria, la ansiedad o las preocupaciones de los propios progenitores, los menores absorben esta carga de inseguridad, manifestándola con mayor intensidad al momento de enfrentarse a la oscuridad y al aislamiento de la noche.
Expectativas adultas frente a la realidad del sueño infantil
Por otro lado, la doctora Laura Álvarez Chamorro, conocida en el entorno digital como “La pediatra Laura” (donde suma más de medio millón de seguidores), aporta una mirada centrada en la evolución biológica y afectiva de los niños. Según la especialista, el debate en torno a los despertares y la necesidad de compañía nocturna ha sido una constante ininterrumpida a lo largo de su carrera profesional.
La pediatra señala que gran parte del malestar de los padres proviene de exigencias o metas poco acordes con la infancia temprana:
- Poca flexibilidad: Existe la expectativa generalizada de que los niños deben dormir en su propia habitación de forma autónoma desde edades muy tempranas.
- Presión social: La idea errónea de que pedir compañía por la noche representa un retraso en la independencia o un “mal hábito” que debe corregirse de inmediato.
Álvarez Chamorro subraya que “quizás tenemos unas expectativas poco realistas sobre el sueño infantil”, lo que genera frustración en los adultos cuando la conducta del niño no se ajusta a esos estándares prestablecidos.
La búsqueda de seguridad emocional durante la noche
Lejos de interpretarse como una manipulación o una falta de límites, la necesidad de estar acompañado a la hora de dormir responde a una función adaptativa y de apego seguro. La noche implica la transición hacia un estado de vulnerabilidad donde el niño debe desconectarse del entorno y de sus cuidadores principales.
“Buscar compañía durante la noche también puede responder a una necesidad de seguridad, porque necesitan sentirse seguros y la noche es precisamente uno de los momentos en los que más pueden necesitar esa cercanía”, aclara la doctora Álvarez Chamorro.
Para los especialistas, brindar ese acompañamiento no contradice el fomento de la autonomía, siempre que se realice de manera equilibrada y respetando los ritmos de cada etapa evolutiva.
Recomendaciones para gestionar el acompañamiento nocturno
Para lograr un equilibrio entre el bienestar emocional del menor y el descanso de los padres, los expertos sugieren una serie de pautas prácticas:
- Establecer rutinas predecibles: Mantener horarios constantes para cenar, bajar el ritmo de actividad y realizar actividades relajantes (como leer un cuento) ayuda a preparar el cerebro del niño para el descanso.
- Reducir la exposición a pantallas: Evitar el uso de dispositivos móviles, tablets o televisión al menos una hora antes de acostarse para prevenir la sobreestimulación sensorial.
- Validar las emociones del niño: En lugar de desestimar el miedo, es fundamental escucharlo y brindarle herramientas simples de calma para fortalecer su confianza.
- Proceso gradual hacia la autonomía: Si se busca la transición a su propia cama o habitación, resulta más efectivo realizarlo de manera progresiva y pacífica sin generar rupturas abruptas.


