Una cápsula puede parecer una solución sencilla para combatir el cansancio, fortalecer las defensas o compensar una alimentación poco equilibrada. Por esa razón, los suplementos vitamínicos han ganado protagonismo en la rutina de muchas personas, que los incorporan por recomendación de conocidos, publicidad o iniciativa propia. Sin embargo, existe una pregunta que no siempre se plantea antes de consumirlos: ¿realmente necesitamos todas esas dosis adicionales? Aunque estos nutrientes cumplen funciones indispensables para mantener el organismo en buenas condiciones, ingerirlos sin conocer las necesidades individuales también puede ocasionar problemas. La científica Cocó March abordó esta cuestión durante una entrevista en el programa La Mesa Caliente, donde reflexionó sobre los cambios en los hábitos de vida, la alimentación actual y la importancia de mantener niveles adecuados de vitaminas. Su intervención puso sobre la mesa un asunto que merece atención: suplementarse no consiste simplemente en tomar más, sino en saber qué necesita nuestro cuerpo.
¿Por qué las vitaminas son indispensables para el organismo?
Las vitaminas intervienen en numerosos procesos que permiten al cuerpo mantenerse activo y funcionar correctamente. Participan en el metabolismo, contribuyen al mantenimiento de los tejidos, intervienen en el sistema inmunitario y favorecen distintas funciones celulares. Aunque se requieren en cantidades relativamente pequeñas, su ausencia puede afectar diferentes aspectos de la salud.
Durante su participación televisiva, Cocó March defendió la importancia de prestar atención a estos nutrientes y cuestionó que las condiciones actuales permitan cubrir siempre todos los requerimientos mediante los hábitos cotidianos. “El peligro es no tomarlas”, expresó al referirse a la suplementación. También mencionó los cambios en los cultivos y las diferencias entre el estilo de vida contemporáneo y el de generaciones anteriores como factores que, desde su perspectiva, deben considerarse al hablar de las necesidades nutricionales.
Dos categorías de vitaminas y una diferencia fundamental
No todas las vitaminas se comportan de la misma manera una vez que ingresan al organismo. Desde el punto de vista de su solubilidad, se clasifican en dos grandes categorías: liposolubles e hidrosolubles. Esta distinción resulta importante porque determina cómo se absorben, dónde pueden permanecer y de qué manera el cuerpo elimina sus cantidades sobrantes.
Las vitaminas A, D, E y K pertenecen al primer grupo. Necesitan la presencia de grasas para facilitar su absorción y pueden almacenarse en el hígado y los tejidos adiposos. Por esa razón, su acumulación puede representar un riesgo cuando se consumen cantidades excesivas durante periodos prolongados. Entre las posibles consecuencias de una ingesta elevada se encuentran diferentes manifestaciones de toxicidad, cuya gravedad depende de la vitamina y de la dosis ingerida.
¿Qué ocurre con las vitaminas B y C?
A diferencia de las anteriores, las vitaminas hidrosolubles se disuelven en agua. En esta clasificación se encuentran las del complejo B y la vitamina C, nutrientes que participan en actividades esenciales como la producción de energía, el funcionamiento del sistema nervioso y la protección de las células frente al daño oxidativo.
Una característica de este conjunto es que el organismo almacena cantidades limitadas de la mayoría de ellas y elimina buena parte de sus excedentes mediante la orina. Sin embargo, esto no significa que puedan consumirse sin control ni que todas estén libres de efectos adversos. Algunas dosis elevadas, especialmente cuando proceden de suplementos, pueden ocasionar reacciones perjudiciales. Además, durante el lavado o la cocción de determinados alimentos, parte de estos nutrientes puede perderse en el agua, lo que modifica su contenido final.
Alimentación equilibrada o suplementos: ¿qué conviene priorizar?
Frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, huevos, pescados y otros productos frescos permiten incorporar una variedad de micronutrientes necesarios para el funcionamiento corporal. Por ello, una alimentación diversa constituye el punto de partida para cubrir los requerimientos nutricionales, siempre que esté adaptada a las necesidades de cada persona. No existe una única combinación de alimentos que funcione de la misma manera para todos.
Los suplementos pueden resultar útiles cuando existe una deficiencia comprobada, una necesidad nutricional particular o una condición que dificulta obtener determinados nutrientes mediante la dieta. No obstante, su consumo debería responder a una evaluación profesional y no a la idea de que una dosis mayor garantiza mejores resultados. Antes de incorporar una nueva cápsula a la rutina, conviene revisar la alimentación, considerar los antecedentes personales y consultar con un especialista. En materia de nutrición, mantener el equilibrio es tan importante como evitar las deficiencias: el objetivo no es acumular vitaminas, sino proporcionar al organismo las cantidades que realmente necesita.


