Nuestro comercio exterior lleva dos décadas creciendo, impulsado por la minería, la agroexportación y la pesca. Sin embargo, la infraestructura portuaria que lo sostiene sigue concentrada desproporcionadamente en el eje central del litoral. Todo operador conoce el resultado: sobrecostos, congestión y largas distancias terrestres que castigan la competitividad de las regiones.
La macrorregión norte es el ejemplo más elocuente. Concentra proyectos agroexportadores como Olmos y Chavimochic, corredores mineros de clase mundial y una pesquería consolidada, pero buena parte de su producción recorre cientos de kilómetros para salir al mar. El norte produce; lo que necesita es exportar desde el norte.
Hay una razón que no admite espera. El Enfen prevé que El Niño costero en curso alcance una magnitud extraordinaria, comparable a la de 1997-1998. En 1998 y en el 2017, las lluvias cortaron la Panamericana Norte y Lambayeque quedó incomunicada por tierra. Piura tiene Paita, La Libertad tiene Salaverry; Lambayeque no tiene puerto. Si la carretera vuelve a caer, no tendrá por dónde recibir combustible, alimentos y medicinas, ni por dónde sacar su cosecha.
En este contexto, el Terminal Portuario Multipropósito de Eten adquiere una dimensión estratégica nacional. La bahía ofrece 16 metros de profundidad natural sin dragado, y fue puerto activo hasta bien entrado el siglo XX. El proyecto, bajo el modelo ‘landlord’, contempla US$540 millones de inversión, unos ocho millones de toneladas anuales de capacidad e inicio de operaciones en el 2030. Cuenta con plan maestro aprobado por la Autoridad Portuaria Nacional y un esquema bancable de derechos reales.
Eten no compite con los puertos existentes; los complementa. El Callao seguirá siendo el gran ‘hub’ del Pacífico central. Eten aporta un nodo de aguas profundas al servicio directo del norte, que acorta distancias, descongestiona el eje central y puede articularse con el corredor bioceánico.
Desde la Cámara Nórdica hemos visto cómo países pequeños construyeron prosperidad sobre una premisa simple: la logística marítima eficiente no es consecuencia del desarrollo, sino su condición previa. Róterdam y Amberes no son grandes porque sus países sean ricos; sus países son ricos porque decidieron ser grandes puertos.
El norte ha esperado casi medio siglo para recuperar su salida natural al mar. La carga existe, la ingeniería está resuelta y el marco institucional avanza; corresponde ahora convertir esa convergencia en obra. Los puertos no se construyen para el presente, sino para las generaciones siguientes. Eten es esa decisión de futuro.


