Mantener viva “la pasión” suele considerarse uno de los grandes desafíos de las relaciones amorosas; sin embargo, esperar que el entusiasmo y el deseo permanezcan siempre en el mismo nivel puede convertirse en motivo de frustración. La psicoterapeuta de parejas Esther Perel dedicó buena parte de su trabajo a explicar por qué el amor y el deseo no funcionan de manera tan constante como algunas personas suelen pensar.
En una entrevista con The New Yorker, la especialista abordó esta idea al hablar sobre cómo entiende el amor. Perel lo describió como un verbo, es decir, como una experiencia que requiere participación y compromiso. Asimismo, explicó que sus emociones pueden cambiar con el tiempo y que el entusiasmo no permanece siempre en el mismo nivel.
Qué dice Esther Perel sobre la pasión en una relación
“No es un estado permanente de entusiasmo”, afirmó Perel, al explicar que el amor puede tener momentos de mayor intensidad y otros en los que parece disminuir. Para ilustrarlo, comparó ese comportamiento con la Luna: hay ocasiones en las que parece desaparecer, pero después vuelve a mostrarse.
Esta perspectiva también aparece en una conversación con Krista Tippett para el portal On Being. Allí, Perel señaló que la pasión tiene altibajos y que no es realista esperar que las personas vivan permanentemente en ese estado. La terapeuta planteó que, más allá de perseguir una intensidad constante, las personas buscan sentirse vivas, experimentar posibilidades y mantener una conexión que les permita renovarse.
Por qué el amor no siempre se siente igual
Por eso, una etapa de menor pasión no significa necesariamente que el amor se haya terminado o que la relación esté condenada al fracaso. Las parejas atraviesan distintas etapas y pueden experimentar cambios en su cercanía, deseo y entusiasmo. Interpretar cada variación como una señal de que algo está mal puede generar presión y alimentar expectativas difíciles de cumplir.
El planteamiento de Perel invita a mirar las relaciones desde una perspectiva realista: el amor no depende únicamente de las emociones intensas, sino también de la manera en que dos personas construyen y sostienen su relación. Esto no significa resignarse a la rutina o dejar de cultivar el deseo, sino comprender que la pasión puede transformarse y que no tiene por qué mantenerse siempre en su punto máximo.
En ese sentido, su reflexión no plantea que la pasión sea innecesaria, sino que convertirla en una exigencia permanente puede distorsionar la manera en que se evalúa una relación. En lugar de medir el amor por la intensidad de cada día, la experta propone reconocer sus cambios y entender que una pareja también se construye durante los momentos de calma.


