En sus obras, el psicoanalista Erich Fromm no solo suele hablar del amor o los sentimientos, sino que también hace una constante crítica a la sociedad capitalista y materialista. Hoy te traigo una nueva frase que se mantiene poderosa hasta hoy y que parece no variar en el tiempo: “Vivimos en un mundo de cosas y nuestra única relación con ellas es que sabemos cómo manipularlas o consumirlas”. En esta nota te explico al detalle a lo que hace referencia el también psicólogo social alemán y su impacto en la actualidad.
La supremacía del “Tener” sobre el “Ser”
Con esta frase, Erich Fromm critica la alienación del ser humano moderno, atrapado en una sociedad de consumo donde prioriza el “tener” sobre el “ser”. El primero se basa en la posesión, el control y la acumulación y lo segundo en la experiencia viva, la presencia activa, la creatividad y la conexión auténtica con el mundo.
El psicoanalista y filósofo alemán describe cómo hemos reducido nuestra existencia a una relación puramente utilitaria y superficial tanto con los objetos como con los demás seres vivos.
Entonces, esta afirmación encierra una crítica profunda a la sociedad contemporánea porque al reducir nuestro entorno a objetos de manipulación (utilidad) o consumo (destrucción/asimilación), nos relacionamos con el mundo de forma puramente instrumental.
La manipulación y el consumo como claves de la sociedad
Saber cómo manipular una cosa (por ejemplo, saber qué botones tocar en un teléfono inteligente o cómo funciona un electrodoméstico) no significa que tengamos una relación profunda con ella. Hemos cambiado el conocimiento íntimo y el asombro por la mera destreza técnica y ya no intentamos comprender la esencia de lo que nos rodea; solo nos interesa que nos sea útil.
Para Erich Fromm, el hombre moderno solo consume para llenar un vacío interno, la ansiedad y la soledad. Se compran cosas, se usan brevemente y se desechan para buscar el siguiente estímulo. El consumo no nos conecta con el objeto, sino que perpetúa un ciclo de insatisfacción constante.
Ahora, lo que también preocupa al autor y lo expone es que esa manipulación y consumo también se ha trasladado a las relaciones con las personas: se trata a los demás como “cosas” útiles para nuestros fines y se buscan parejas o amigos basados en lo que nos pueden aportar o “entretener”, descartándolos cuando ya no satisfacen nuestras necesidades inmediatas.
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