A la hora de buscar un escudo protector contra el desamor, el fracaso o la pérdida, el ser humano suele recurrir a no encariñarse, no involucrarse profundamente o no arriesgar. Es aquí donde se da un costo destructivo para el individuo, ya que se convierte en un espectador pasivo de su propia vida. Esta es la idea central de una de las frases más poderosas del psicoanalista Erich Fromm. Aquí te explico al detalle lo que quiso decir con: “Evitar el sufrimiento a toda costa solo se logra mediante el desapego total, lo cual excluye la posibilidad de experimentar la felicidad”.
Un profundo dilema filosófico y psicológico sobre la condición humana
El argumento central de Erich Fromm sostiene que al protegernos por completo del dolor a través de la indiferencia o la falta de vínculos, también bloqueamos la capacidad de conectar con la alegría y la autorrealización.
Con su frase sostiene que la inmunidad emocional es una ilusión: si adormeces tu capacidad de sufrir, automáticamente adormeces tu capacidad de disfrutar. Para el psicoanalista y filósofo, el dolor y la alegría son dos caras de la misma moneda llamada “estar vivo”.
Aquí también entra a tallar que las emociones no se pueden anestesiar de forma selectiva. Si apagas tu capacidad de sentir dolor, tristeza o decepción, automáticamente disminuyes tu capacidad de sentir alegría, amor o gratitud.
La vulnerabilidad es un requisito para la vida
Para experimentar la verdadera felicidad, el amor o la realización, es obligatorio abrirse al mundo y a los demás. Al abrirte, te vuelves inevitablemente vulnerable. No puedes amar profundamente a alguien sin aceptar el riesgo de que esa persona te falte algún día y te duela.
Además, Erich Fromm diferencia la protección sana de la apatía. El desapego absoluto no es paz mental, sino una forma de “muerte en vida”. Quien no siente dolor ante la pérdida, tampoco sentirá entusiasmo ante el logro.
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