Fue, quizá, el casting más improbable de la ciencia ficción: un actor inglés, calvo, formado entre versos de Shakespeare, al mando de una nave estelar y, para colmo, en el papel de un capitán francés. Pero cuando Patrick Stewart se sentó por primera vez en el puente de la Enterprise, en 1987, las dudas se fueron disipando una a una. Aquel hombre de voz grave y mirada serena hacía que lo imposible sonara a sentido común. Que dar órdenes a una tripulación variopinta era, después de todo, una cuestión de buenos modales.
Ese hombre murió este miércoles en su casa de Los Ángeles, al cuidado de su esposa, la cantante Sunny Ozell, según informó un comunicado de la familia a través de redes sociales. Tenía 86 años y atravesaba problemas con el alzhéimer y la demencia con cuerpos de Lewy. Sus últimas horas transcurrieron entre música en vivo, oraciones, lágrimas y risas, bajo la compañía de sus allegados.
Nacido el 13 de julio de 1940 en Mirfield, un pueblo industrial de West Yorkshire, Stewart no parecía destinado al estrellato. Dejó la escuela a los 15 años y se acercó a las tablas en el teatro aficionado de su región. De ahí al escenario profesional hubo un largo camino de oficio, primero en la Bristol Old Vic Theatre School, luego en la Royal Shakespeare Company y, con los años, participando en obras diversas, fue ganándose el respeto entre los actores británicos de su generación. El cine llegó después y en papeles menores, como en “Hedda” (1975),“Excalibur” (1981) y “Dune” (1984), donde varias de sus escenas fueron cortadas.
Amar el oficio
Entre 1987 y 1994, “Star Trek: The Next Generation” lo convirtió en un rostro familiar en millones de hogares. Su Picard era lo opuesto al capitán de acción: un diplomático, lector y amante de la música, más inclinado a la conversación que al combate. Lo interpretó en cuatro películas y regresó a él en “Star Trek: Picard”. En 2000 dio vida además al profesor Charles Xavier en “X-Men”, otro líder que prefería las palabras a los puños. El papel lo acompañó por más de dos décadas, hasta “Logan” (2017), y estaba previsto que lo retomara en “Avengers: Doomsday”, que se estrenará en diciembre.
Fue en el set de “X-Men” donde ocurrió el otro gran encuentro de su vida. En pantalla, Xavier tenía como némesis a Magneto, interpretado por Sir Ian McKellen; fuera de ella, el actor y su némesis se volvieron inseparables. Se conocían desde los años 70, de la Royal Shakespeare Company, y habían compartido escenario en “Every Good Boy Deserves Favour” (1977), pero fue durante los rodajes cuando la amistad se volvió entrañable. Sus remolques estaban contiguos y, entre espera y espera, se forjó una de las amistades más sólidas y comentadas del espectáculo.
Dos ingleses de modales impecables, ambos Sir -McKellen desde 1991, Stewart desde 2010-, que se trataban con una ternura poco habitual en el cine. En 2013, McKellen ofició la boda de Stewart con Sunny Ozell. Y alguna vez Stewart bromeó: “Estoy en una historia de amor con Ian”. McKellen, por su parte, decía que estar con su amigo era como estar en presencia del Papa.
Sin embargo, la fama no lo alejó de lo que más quería. Mientras seguía al mando de la Enterprise en televisión, Stewart interpretaba a George en “¿Quién teme a Virginia Woolf?”, en el Young Vic de Londres. Ningún éxito televisivo ni de taquilla le hizo olvidar el teatro: volvió una y otra vez a Shakespeare, a Beckett, a Pinter y a Dickens. Incluso compartió escenario con McKellen en Broadway, en “Waiting for Godot”, durante la temporada 2013-2014.
Hubo, además, otro Stewart, el comprometido con las causas sociales. Defendió a las sobrevivientes de violencia doméstica, participó en campañas contra el bullying en las escuelas y abogó por los derechos humanos, los refugiados y el bienestar animal. Para despedirlo, la familia pidió que se respetara el último deseo del actor: que, en lugar de enviar flores, se realizaran donaciones a la investigación sobre las enfermedades mentales contra las que él luchó hasta el final.


