El recuerdo es un impulso natural. Recordar es un instinto que tiene lugar desde que nacemos. Su función es moral y práctica. En su origen, ‘recordar’ alude a la raíz ‘cordis’, que en la tradición grecolatina se refiere al corazón, es decir el lugar de la memoria y las emociones. Pero la palabra ‘cuerdo’ también viene de ‘cordis’. Recordar por eso, en su origen, significa “volver a pasar algo por el corazón”, lo que incluye tanto la inteligencia como las emociones.
La memoria cumple una función de reconocimiento en todos nosotros como individuos. Podemos preguntarnos si las sociedades o los países también deben o pueden recordar su historia. El Lugar de la Memoria, del que se ha hablado mucho estos días, es un espacio dedicado a la moral del reconocimiento y el recuerdo. Otro instrumento de la memoria, el informe de la Comisión de la Verdad, acaba de cumplir un aniversario, luego de que fue revelado el 28 de agosto del 2003. Al respecto vale la pena recordar que muchos países en el mundo tienen espacios que albergan su historia de injusticias y luchas. Estados Unidos tiene varios museos dedicados a las luchas sociales, entre ellos el Museo Nacional de los Derechos Civiles en Memphis. México tiene un lugar de la memoria dedicada a la matanza de Tlatelolco en la Plaza de las Tres Culturas, donde ocurrió el evento. En Santiago puede verse el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en torno a la dictadura de Pinochet. En Berlín, uno puede visitar el campo de concentración de Sachsenhausen. Otros “espacios de la memoria”, como son llamados, pueden verse en Dachau y en Buchenwald. Confrontar a sus habitantes con su historia, sobre todo cuando muestra sus horrores, es uno de los aprendizajes más importantes para cualquier ciudadano.
El informe de la Comisión de la Verdad es el documento más importante sobre el conflicto armado. En él se establece claramente la naturaleza genocida del movimiento SL. Sus grandes méritos se deben al doctor Salomón Lerner, y todos los que contribuyeron a su investigación y redacción. La exhibición del LUM, por otro lado, establece claramente que el inicio de la violencia se debió a los atentados de Sendero Luminoso y del MRTA aunque, como es natural, incluye a las víctimas de una parte de las Fuerzas Armadas. Mientras Sendero Luminoso era una organización esencialmente dedicada al terrorismo, en las Fuerzas Armadas solo quienes incumplieron su reglamento cometieron la violencia que conocemos.
Conocer nuestra historia, saber de todas las diferencias y desigualdades que llevaron al estallido de la guerra, es esencial para nuestra convivencia. En los diferentes modos de recordar y en las opiniones diversas, puede iniciarse una reflexión sobre la sociedad en la que vivimos. Recordar es un acto moral de respeto a quienes fueron víctimas de la guerra y una estrategia para reconducir nuestros caminos. El olvido en cambio es inmoral. Como bien afirma el informe de la CVR, el terrorismo aprovechó de las brechas sociales y económicas. Su espiral de violencia se propagó en zonas abandonadas por el Estado. Mientras esas fracturas no disminuyan, la violencia va a continuar por otros caminos. En su brillante discurso en torno al aniversario de la entrega del informe, el doctor Lerner afirma: “Los muertos no nos piden que odiemos por ellos; nos piden que no los olvidemos”. En nuestro país de hoy, lleno de hambre, sicarios y corruptos, los muertos aún piden no ser olvidados.