En agosto del año pasado, mientras corría, encontré un sticker a manera de aviso en el malecón de Miraflores que prometía adelgazar un kilo por semana con Ozempic. Incluía un contacto de Telegram, al que escribí por curiosidad. Me ofrecieron una pluma de 4 mg por US$ 350, con consulta y seguimiento. Doce días después, el mismo contacto anunció una rebaja a US$ 250 porque “el verano se acerca”. La semana pasada hallé otro aviso idéntico en otra zona de Lima. Ignoro cuánto tiempo llevaba ahí.
La primera oferta llegó antes del lanzamiento comercial de Ozempic anunciado por Novo Nordisk para octubre del 2025. Eso no prueba que el producto ofrecido fuera falso ni que se concretara una venta. Pero plantea dudas sobre su procedencia.
Los antecedentes preocupan. En el 2023, Digemid difundió una alerta sobre Ozempic falsificado a partir de información de la autoridad sanitaria mexicana. En el 2024 comunicó otra advertencia, esta vez sobre lotes detectados en Brasil, Reino Unido y Estados Unidos. Eso no prueba que el contacto vendiera falsificaciones. Consultada por correo electrónico sobre las ofertas en Telegram, Novo Nordisk recomendó adquirir estos medicamentos únicamente por canales autorizados, debido a los riesgos de seguridad y procedencia.
Ozempic contiene semaglutida y está indicado en el Perú para tratar la diabetes tipo 2. Otros medicamentos, como Wegovy, que contiene el mismo principio activo, están autorizados para controlar el peso en pacientes que cumplen determinados criterios médicos. Su uso requiere receta y supervisión profesional. No son tratamientos destinados a cualquiera que quiera perder unos kilos.
Existe un gran atractivo económico, pues estos tratamientos van tomando tracción en el país. Según cifras de la Asociación Peruana de Farmacias (Aspefar) publicadas por Semana Económica, las ventas de medicamentos GLP-1 pasaron de S/ 10.5 millones a S/ 142.2 millones entre agosto del 2022 y agosto del 2026. Mounjaro, de Eli Lilly, ya concentraba el 48% de las ventas de la categoría en agosto último.
Hay, además, una barrera de precio para los usuarios. Algunas presentaciones de estos medicamentos superan los S/ 1,000 por pluma en farmacias locales. El desembolso depende de la dosis y de la duración del tratamiento. Una oferta callejera puede tentar, pero no garantiza seguridad ni permite comprobar las condiciones de conservación del producto.
El financiamiento plantea otro desafío. Una revisión de algunas pólizas de seguros de salud en el Perú revela exclusiones o restricciones para determinados tratamientos farmacológicos contra la obesidad. No es una condición generalizable a todas las aseguradoras ni a todos sus planes. La cobertura varía según el contrato, el diagnóstico y la indicación médica. Que estos medicamentos estén disponibles no significa que los seguros necesariamente los financien. Novo Nordisk nos confirmó que mantiene conversaciones con aseguradoras privadas para ampliar el acceso, aunque no anunció acuerdos concretos.
El dilema tampoco es exclusivo del Perú. Según Business Group on Health, entre los grandes empleadores estadounidenses encuestados, la cobertura de GLP-1 para controlar el peso pasó del 72% en el 2025 al 60% en el 2026. El elevado costo de estos tratamientos está llevando a algunas empresas a restringir su cobertura, pese a sus potenciales beneficios sanitarios.
La fiscalización tampoco ha estado ausente. Digemid ha reportado multas a establecimientos por irregularidades en la comercialización de medicamentos. La innovación farmacéutica abre oportunidades, pero no resuelve por sí sola el acceso. ¿Cómo se financian tratamientos costosos y prolongados? ¿Cómo se vigilan las ofertas fuera de canales verificables? ¿Cuál es el rol de las empresas en estos casos? Un medicamento sujeto a controles sanitarios no debería promocionarse en la calle como una liquidación de temporada.
Moisés Navarro Palacios es editor de Opinión de Gestión


