En la apacible y calurosa mañana del 25 de noviembre de 1941, las arenas y casonas veraniegas del sur limeño dejaron atrás una larga historia de sequías y precariedades. Con la presencia de altas autoridades del primer gobierno de Manuel Prado Ugarteche, se inauguró formalmente el nuevo y ansiado sistema de abastecimiento hídrico.
Aquella obra monumental prometía transformar el porvenir de los balnearios, dotándolos por fin de un recurso vital que hasta entonces llegaba a cuentagotas. El problema no era menor ni reciente para los vecinos y veraneantes que año tras año buscaban el aire marino de Miraflores y sus alrededores.
Durante décadas, el escaso caudal disponible dependía enteramente de la misma red de tuberías concebida para la pujante avenida Arequipa. Sin embargo, el crecimiento vertiginoso de aquella arteria urbana había agotado el volumen total del líquido elemento, dejando a los balnearios en una situación de extrema vulnerabilidad durante los meses de mayor calor.
La escasez constituía una seria amenaza para la salud pública y el ornato de zonas que comenzaban a consolidarse como los enclaves de descanso predilectos de la capital. Los reclamos vecinales y la evidente urgencia técnica obligaron al Estado a proyectar una solución definitiva.
De esta forma, el Departamento Técnico del Servicio de Agua Potable ideó una intervención de gran envergadura para independizar y asegurar el suministro hacia el sur.
LA RUTA DEL PROGRESO HÍDRICO DESDE LINCE HASTA EL GRAN RESERVORIO
A las diez de la mañana, la comitiva oficial encabezada por el ministro de Fomento y Obras Públicas, Carlos Moreyra y Paz Soldán, se constituyó en el sector de Lince. Junto al director de Fomento, ingeniero Jochamowitz, y al jefe del servicio de agua, Enrique Trujillo, el titular del ramo dio inicio formal a las operaciones técnicas.
En dicho punto se realizaron las conexiones iniciales de seis pulgadas empalmadas directamente a la red principal. El momento culminante de esta primera etapa ocurrió cuando el ministro abrió las válvulas ante la atenta mirada de los ingenieros y funcionarios.
Mediante el uso de manómetros colocados ex profeso, los presentes pudieron comprobar de inmediato el vigoroso aumento de la presión en la cubierta matriz. La moderna instalación demostraba su eficacia técnica desde el primer segundo, augurando un flujo constante y seguro hacia los destinos sureños.
Tras supervisar los trabajos iniciales, las autoridades enfilaron sus vehículos hacia el corazón de Miraflores. El desplazamiento por las calles limeñas reflejaba el optimismo de una época que buscaba modernizar su infraestructura básica frente al acelerado crecimiento demográfico.
Cada hito de la jornada simbolizaba un paso firme hacia la consolidación de los servicios públicos eficientes y acordes con las demandas de una capital en plena expansión urbanística.
EL GRAN DEPÓSITO MIRAFLORINO RECIBE EL CAUDAL SALVADOR
Minutos después, la comitiva ministerial llegó al imponente tanque reservorio de Miraflores. Allí aguardaba el alcalde del concejo distrital, doctor Daniel Ruzo, dispuesto a cumplir un rol protagónico en la ceremonia.
Con gesto firme, el burgomaestre miraflorino procedió a abrir la válvula principal de entrada al reservorio, permitiendo el ingreso masivo del agua que recorría kilómetros desde las fuentes de captación.
Los instrumentos de medición no tardaron en confirmar las mejores expectativas de los planificadores urbanos. El caudal recibido representaba aproximadamente la cuarta parte de la dotación total de toda la ciudad de Lima, un volumen extraordinario para la época. Con semejante caudal ingresando a los depósitos, el fantasma de la “sequía” estival quedaba técnicamente disipado para alivio de miles de familias.
La obra no se detenía en los límites miraflorinos, pues los ingenieros ya trazaban las siguientes fases del proyecto general. Los boletines técnicos adelantaban que hacia finales del mes siguiente, diciembre, se completarían los complejos empalmes con la red de Orrantia. Asimismo, se confirmó que las conexiones hacia el distrito de Magdalena del Mar quedarían operativas a principios del mes de febrero de 1942.
UNA SOLUCIÓN ESTRUCTURAL FRENTE AL VÉRTIGO DEL CRECIMIENTO URBANO
El despliegue técnico contempló también la instalación estratégica de una cámara de reducción de presión en la concurrida avenida Grau. Este dispositivo era fundamental para regular la fuerza del caudal y proteger las tuberías secundarias de posibles fracturas ante la intensidad del flujo.
Cada detalle del nuevo sistema implementado había sido rigurosamente calculado por los especialistas del Estado para garantizar la durabilidad y estabilidad del sistema.
Para los habitantes de Lima, acostumbrados a las estrecheces de los servicios públicos tradicionales, contemplar aquella obra en funcionamiento significó presenciar el ingreso a la modernidad.
Los balnearios dejaban atrás su condición de zonas semiabandonadas en invierno para convertirse en urbanizaciones provistas de todos los adelantos sanitarios. La escasez crónica cedía su lugar a una normalidad tan anhelada como necesaria para la higiene colectiva.
El gobierno de Manuel Prado respondía así con hechos concretos a las demandas de saneamiento que reclamaba el sur de la capital. La crónica de aquel miércoles 26 de noviembre de 1941 en El Comercio recogió el entusiasmo de una ciudad que veía correr el agua potable por nuevas rutas de bienestar.
Ochenta y cinco años después, comprender el origen de estas tuberías nos recuerda que detrás de cada llave en nuestros hogares late una historia de esfuerzo técnico y visión de futuro, el legado de gestiones que supieron transformar los destinos de nuestra capital.


