Ayer, en RPP, Jorge Nieto contó que se había reunido en horas previas con un representante del más alto nivel del gobierno para conversar sobre el tema de las facultades y añadió que su interlocutor habría mostrado su disposición a aprobar 20 facultades legislativas consensuadas y seguir conversando sobre los otros proyectos y otros temas. Lo que seguía era que el interlocutor trasladara la propuesta –a la Presidencia, suponemos–, y a esperar.
Si el representante del gobierno fue a la reunión con buena disposición y esta propuesta se acepta en el Ejecutivo, se habrá desatado un enrevesado nudo y se habrá despejado el camino.
En ese eventual escenario, lo primero que se puede decir es que por fin alguien empezó a hacer política y que lo que debió hacerse al comienzo, como parte de una estrategia política inteligente, se produce ahora, aunque sea tarde, para tratar de abrir una ventana de diálogo.
Lo segundo es que, si estas conversaciones dan frutos, quedarán al margen los extremos radicales de quienes trataban de negar cualquier posibilidad de aprobarle al gobierno alguna facultad y de quienes querían que se ampliaran las facultades contra viento y marea y a cualquier precio. Ni obstruccionismo ni autoritarismo.
Un tercer punto es que, si esto se concreta y abre el camino para desentrampar el asunto, quedaría demostrado que la “estrategia” de acusar a Buen Gobierno, Ahora Nación y Obras de ser un furgón de cola de Juntos por el Perú y tratar de meterlos en el mismo saco para buscar desprestigiarlos ante la opinión pública y obligarlos a ceder a las exigencias oficialistas no era lo más inteligente. Por el contrario, si había la disposición de este bloque de aprobar 20 facultades cuando JP quería rechazar todo, lo lógico y lo políticamente inteligente era acercarse, buscar aislar a JP y conversar para alcanzar algún grado de flexibilidad y consenso.
Buena parte del Gabinete Ministerial quedaría golpeada, en especial la PCM, que buscó en todo momento hacer prevalecer su posición maximalista a través de la confrontación y el reclamo público, en lugar de auscultar otros caminos y tratar de tender puentes. Suponemos, además, que de alguna manera influyeron en la presidenta para hacer notar públicamente que se le acababa la paciencia o que los perros estaban ladrando.
Pero también cabe la posibilidad de que no se acepte en el Ejecutivo la propuesta conversada con Nieto porque igual quieren las 29 facultades, por orgullo y celos, por obstinación o por otros motivos que no conocemos.
Si esto es así, se habrá perdido una buena oportunidad de aislar al obstruccionismo y al autoritarismo, y volveremos a las maniobras de todo tipo de ambas partes en la Comisión de Constitución del Senado y/o en el pleno. Y que no nos sorprenda que, al final y después de tanta lucha, igual se terminen aprobando los 20 puntos.


