Desde la ventana de su taller en la cuadra dos de la avenida Tacna, el artista Jossué Zavala puede ver en primera fila la manifestación de fervor religioso más importante del país. La pesada anda del Señor de los Milagros, cargada por decenas de hombres vestidos de morado, va acompañada de miles de devotos que avanzan a paso lento y se unen a la festiva expresión de nuestra cultura y gastronomía popular. Así es nuestra tradicional procesión, un mar morado con olor a sahumerio, anticuchos y picarones.
Jossué Zavala eligió este local por varias razones. La principal quizás sea su abuelita Myria, quien le inculcó desde pequeño la devoción por el Cristo Moreno: “Es un espacio seguro para mi abuela, ese fue uno de mis pensamientos cuando adquirí el taller. Mi devoción nace de un vínculo con el amor. No ha habido ningún milagro, ninguna anécdota romántica con el Señor directamente. Viene de una crianza católica y de mi abuela. Ahora tiene 92 años y está lúcida completamente”, nos dice Jossué. Por su edad, es difícil que pueda continuar yendo a la procesión; sin embargo, ahora la vive desde el segundo piso del edificio de la avenida Tacna. Como devoto de toda la vida y el primer nazareno de su familia, esta es una ubicación de ensueño: además de estar cerca de la procesión, está a unos pasos del Santuario de Las Nazarenas y, hay que decirlo, cruzando la vía está la panadería Nazarenas donde los turrones de Doña Pepa salen calientitos.
Su taller se llama Sincretismo. Aquí trabaja sus piezas de arte religiosas, como la del Señor de los Milagros, junto a su primo que está siguiendo esta tradición. Se trata de réplicas exactas del lienzo, razón por la que su arte está siendo reconocido por un público que le pide sus piezas para regalar o coleccionar. Una de ellas, un anda de 35 centímetros, llegó a las manos del papa León XIV, en Roma (ver foto): “Fue un trabajo muy bonito, que se realizó por un pedido de la Hermandad del Señor de los Milagros Campodónico, de Chiclayo. Se le hizo llegar al Papa a inicios de año”, recuerda el también fotógrafo y comunicador.
Su fórmula se basa en la minuciosidad, en el detalle. Ese es su estilo. En el taller vemos réplicas, restauraciones y pedidos de pinturas religiosas por terminar. Pero es el anda del Señor de los Milagros, con los cirios iluminándola y sus colores tan vivos, lo que impacta en la habitación: “Logré hacer la reconstrucción del lienzo del Señor de los Milagros basándome en una investigación de distintas fotografías y de las propias fotos que yo le tomé al lienzo en diferentes momentos”, explica Jossué sobre su trabajo artístico. Cada vez que sale la procesión, hace capturas de detalles del lienzo, y así reconstruye la imagen tanto del Señor de los Milagros como de la Virgen de la Nube, ubicada al reverso. “Es una reconstrucción fiel por más de que esté hecha como un rompecabezas. La gente siempre busca tener lo más fiel posible”, señala. La diferencia de sus fotolienzos con otros del mercado es que no están intervenidos con Photoshop, ni pintura digital, ni inteligencia artificial. Se ve el esfuerzo por lograr el color preciso en la iluminación, los brillos y los contrastes.
Pero el trabajo no termina solo en los fotolienzos. Le piden andas que trabaja con repujados de aluminio y bronce, y a la imagen le incrusta piedras semipreciosas para que sea lo más fiel posible a la original. Jossué también dicta talleres de repujado de escapularios de aluminio con asesorías personalizadas y un compartir al finalizar la clase. Lleva a cabo talleres privados o en alianzas con instituciones.
Devoción compartidaEl 3 de octubre, primer día de la procesión, Zavala reunió a su familia y amigos en este “palco” para que tengan la mejor vista. Es una tradición personal. Lo encontramos en la víspera de esta fecha especial con los preparativos encima. Las cadenetas moradas ya se cruzaban por el techo del taller. “Tengo que poner las balconeras”, nos dice señalando unas telas moradas. “Me falta recoger unos ‘banners’ para colocarlos en los postes, hay mucho por hacer”, agrega atareado y entusiasmado al mismo tiempo. El Señor de los Milagros pasará al día siguiente, no es cualquier visita. Además, aquí se arma la jarana. Jossué lleva un conjunto criollo que pone a bailar a todos y sus invitados disfrutan con postres tradicionales del mes morado como turrones, alfajores y suspiros. ¿Qué más se puede pedir? Ese día también carga el anda, así que se tuvo que dividir.
“Cuando estoy frente a Él, soy un mar de lágrimas”, nos cuenta sobre la emoción de cargarlo cada año como parte de la Cuadrilla N.º 11. “La procesión es una maravilla. Primero van las cantoras, después las sahumadoras, la procesión, la banda y al final aparece Mistura, porque están todos los ambulantes con el higadito frito, los picarones, la mazamorra, el arroz con leche, el arroz zambito… Toda la gastronomía peruana acompaña al Señor desde atrás”. En tiempos de polarización, para Zavala cada fecha de procesión es la ocasión de ver a la gente unida: “Es como si olvidaran las divisiones. Las discusiones son para ver quién está más cerca de Él. Nos unimos y somos ese Perú de todas las sangres que decía Arguedas”, reflexiona este joven devoto preparándose para este encuentro de fe, como cada año. //


