Hay negocios que nacen de una oportunidad y otros que empiezan mucho antes de abrir una puerta y ese es el caso de D’ Sala, cuya historia comienza con una taza de espresso, un padre italiano y una hija que encontró en ese pequeño ritual una forma de compartir tiempo juntos. Muchos años después, aquella costumbre se convertiría en una cafetería de especialidad y, ahora, en un reconocimiento: D’ Sala, de Alessandra Sala, fue elegida como Mejor Cafetería de Especialidad en los Premios Somos 2026.
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Para Alessandra Sala este premio llega como una confirmación. “Estamos súper orgullosos y, en verdad, recontra agradecidos”, cuenta. Más que un trofeo, lo entiende como una señal de que el camino elegido ha sido el correcto: hacer las cosas por amor, pasión y convicción. Además, hay un detalle que vuelve especial este reconocimiento: se trata del resultado del voto del público, precisamente de esos clientes que con los años dejaron de ser simples consumidores para convertirse en parte de la historia de la cafetería.
Una taza de café, el inicio de todo
Antes de convertirse en empresaria gastronómica, Alessandra fue fotógrafa, incluso tuvo exposiciones y se dedicó a la fotografía artística. El café, sin embargo, ya estaba presente en su vida desde mucho antes. Su relación con esta bebida está estrechamente vinculada a su padre, un italiano con quien compartía una rutina muy particular: acompañarlo a tomar espresso en la misma cafetería, a la misma hora y con el mismo grupo de amigos.
Ella era la menor de tres hermanas y buscaba cualquier oportunidad para pasar tiempo con él. Así descubrió que el café podía ser mucho más que una bebida: podía convertirse en un ritual, una conversación y una forma de construir vínculos. Al principio, confiesa, tomaba capuccino y lo que terminó atrapándola fue precisamente esa costumbre.
Con el tiempo, aquella relación se transformó en nostalgia. Cuando Alessandra se convirtió en madre comenzó a preguntarse qué quería hacer, así que se inscribió en un curso y empezó a estudiar el mundo detrás de cada taza de café. Allí descubrió que el café también tenía algo de aquello que siempre le había gustado: los números, la química y la física; la calibración, las proporciones y las variables que pueden cambiar completamente el resultado de una preparación terminaron de conquistarla.
La decisión de abrir D’ Sala llegó de una manera casi intuitiva. Mientras trabajaba en una sesión de fotografía comenzó a buscar locales, encontró uno en mayo y decidió alquilarlo. No hubo demasiadas negociaciones ni un largo plan empresarial. Se lanzó a la piscina con la idea de crear un espacio que reprodujera aquella sensación que había experimentado junto a su padre: una cafetería donde uno pudiera volver, encontrar una mesa, reconocer al mozo y sentir “que está en la sala de su casa”.
El café como punto de encuentro
Desde su nacimiento en 2015, D’ Sala ha construido una comunidad alrededor de la taza. Alessandra habla de clientes que se han convertido en amigos y casi en familia. Personas que regresan, que saludan al equipo cuando los encuentran en la calle y que han acompañado el crecimiento del negocio desde sus primeros días.
Esa relación también se refleja en la diversidad de públicos que recibe cada local. Para la fundadora, cada uno desarrolla una especie de “microclima”: la ubicación determina quiénes llegan, qué buscan y cómo viven la experiencia. Hay locales con públicos más jóvenes, otros con clientes adultos y algunos donde las personas llegan solas y terminan formando amistades entre ellas.
Pero detrás de esa experiencia existe también una apuesta por controlar buena parte del proceso. Alessandra trabaja directamente con los caficultores, pide muestras y mantiene una relación cercana con ellos. El objetivo no es únicamente conseguir un buen grano, sino contribuir a que toda la cadena del café pueda crecer, para ella, comprar un café de calidad tiene también un componente de responsabilidad: saber que detrás de ese producto hay una familia y una producción que se beneficia cuando encuentra compradores que valoran su trabajo.
Esa filosofía también la llevó a asumir una parte más compleja del proceso: trabajar con café verde y estandarizar el tostado para asegurar la calidad de lo que llega a las tazas. La idea es que el resultado no dependa del azar, sino de un trabajo técnico que permita respetar las características de cada café.
Más que una cafetería
Aunque D’ Sala ha ampliado su propuesta con panadería, pastelería, sándwiches y bebidas frías, Alessandra tiene claro cuál es el centro de todo. “El corazón de D’ Sala sigue siendo el café”. No busca convertir el espacio en un restaurante ni seguir cada tendencia gastronómica que aparece en el mercado. Su filosofía es más sencilla, “hacer bien aquello que ya funciona y que puede conectar con la memoria de quien se sienta frente a una taza”.
En sentido, en D’ Sala se encuentran dos cafés en tolva: el Timbuyacu, un café de finca única y tueste claro, con notas frutales, cuerpo ligero y una acidez más marcada y el Mendoza, de tueste medio-oscuro y con notas de caramelo, vainilla, nueces y chocolate bitter. Además, tiene microlotes de diferentes regiones del país como el Espresso Blend de Rodríguez de Mendoza y Villa Rica, el Blend Mendoza, La Esperanza de Cajamarca y Wasi de Cusco.
Actualmente, la cafetería explora nuevas formas de acercarse al café, entre ellas las bebidas de autor que ofrecen dentro de la propuesta de experiencia. Alessandra reconoce que mirar lo que ocurre en otros países sirve como inspiración, pero también entiende que innovar no significa necesariamente abandonar la esencia de una marca.
Mensajes en la taza: el origen de las frases
Acompañando a la propuesta cafetera de D’ Sala, existe un elemento identificativo que sus clientes suelen fotografiar y compartir: los pequeños mensajes y frases con los que se sirve cada pedido.
El origen de estos textos nació como un ejercicio personal de resiliencia y automotivación, en un momento complejo de su vida, Alessandra comenzó a escribirse mensajes breves a sí misma para sobrellevar la carga diaria y cambiar el enfoque hacia lo positivo. Con el tiempo, notó que aquellas palabras que a ella la reconfortaban también podían servir a otros.
Esta iniciativa tuvo su primer hito en los pizarrones de sus locales y en las mangas descartables de los vasos para llevar. Sin embargo, fueron los propios clientes habituados a consumir en el salón quienes empezaron a pedir que la experiencia de los mensajes no se limitara únicamente al formato to go.
Para llevar esa misma cercanía a las mesas, Alessandra ideó insertar pequeños papeles desglosables junto a las tazas. Se trata de textos inspirados en la lógica de las galletas de la fortuna, pensados como un detalle para robar una sonrisa o acompañar el día de quien se sienta a tomar un café. El proyecto creció al punto de contar con decenas de mensajes distintosy derivar en la publicación de un libro desglosable a finales de 2025, concebido para que sus lectores puedan arrancar las hojas y compartir las palabras con otras personas.
Es a partir de todo el camino recorrido que el premio recibido en los Premios Somos 2026 parece cerrar un círculo. La niña que acompañaba a su padre a tomar espresso terminó convirtiendo aquella costumbre en un proyecto propio. Y quienes hoy entran a D’ Sala pueden encontrar algo de esa historia en cada taza: la búsqueda por un buen café, pero también el deseo de hacer de una cafetería un lugar al que uno quiera volver.
Porque, al final, quizá esa sea la verdadera especialidad de D’ Sala: conseguir que el café no sea solo el motivo de la visita, sino parte de un ritual. Uno que, como el de Alessandra con su padre, pueda repetirse durante años.
