En algún lugar del archivo histórico de El Comercio, entre enormes tomos, fotografías antiguas y páginas amarillentas, descansan historias que parecen esperar a que alguien vuelva a contarlas. Algunas marcaron el destino del país; otras quedaron relegadas al olvido, pese a tener personajes y episodios dignos de una película. Rescatarlas y darles una nueva vida es el propósito de “Cuenta la historia”, la serie audiovisual conducida por Gonzalo Torres, que este 30 de octubre estrena su cuarta temporada con una propuesta renovada.
Detrás de cada episodio hay un equipo que investiga, selecciona fotografías, escribe guiones, diseña animaciones y reconstruye sonidos para convertir documentos históricos en relatos capaces de atrapar al espectador.
Bryan Albornoz, director del proyecto; Carls Mayo, responsable del uso de inteligencia artificial en las animaciones; Gustavo Castillo y Carlos Hidalgo, encargados de producción y coordinación; y José Manuel Romero, especialista en tratamiento de audio y posproducción, cuentan cómo se construye esta experiencia que combina memoria, tecnología y humor.
“El archivo es el que se lleva todos los aplausos. Es increíble abrir cualquiera de esos libros gigantes y encontrarte con una noticia que te deja con ganas de seguir leyendo”, afirma Bryan, convencido de que allí se encuentra la verdadera riqueza del proyecto.
Del papel a la pantalla
“Cuenta la historia” nació para rescatar los acontecimientos más curiosos e interesantes registrados en las páginas de El Comercio y llevarlos a la pantalla mediante relatos audiovisuales que acercan la riqueza de su archivo histórico a nuevas generaciones.
“Veíamos todos esos libros que están en el archivo histórico de El Comercio, llenos de noticias e historias, y la idea era escoger algunas que fueran interesantes para contarlas en video”, recuerda Albornoz.
La selección requiere mucho más que encontrar una buena anécdota. Gonzalo Torres participa en la investigación y propone historias que luego son evaluadas por el equipo según su atractivo narrativo, la documentación disponible y las posibilidades de recreación visual.
“Gonzalo nos pasa 15, 20 o 30 historias y nosotros vamos viendo cuáles funcionan, si tenemos fotografías y cómo podemos representarlas”, explica Bryan.
Durante las tres primeras temporadas, Gonzalo se encargó también de escribir los libretos. Para la cuarta se incorporó Bruno Alvarado como guionista, mientras el conductor mantiene la supervisión de los contenidos y su participación frente a las cámaras.
“La idea principal es revalorizar el archivo de El Comercio. Muchas veces vemos la historia como algo plano, como un texto que leemos. Queremos que sea entretenida y que conecte con la gente”, señala Carls Mayo.
Y allí aparece el humor de Gonzalete y su abuelo, uno de los elementos más reconocibles del programa.
Un abuelo que estuvo en todas
Mientras Gonzalo Torres aporta la mirada del presente, su personaje del abuelo parece haber sido testigo de cuanto acontecimiento importante ocurrió en el Perú. Aparece en distintas épocas, recuerda episodios remotos y responde con ocurrencias que convierten la narración histórica en una conversación entre generaciones.
Según explica Carls, la idea de utilizar ambos personajes surgió del propio conductor y permite abordar el pasado desde dos perspectivas.
“La mirada de Gonzalo es la de una persona del presente que revisa los archivos. El abuelo habla desde la experiencia, como alguien que estuvo ahí”, explica.
Aunque esa complicidad da lugar a situaciones disparatadas, el equipo procura mantener una diferencia clara entre los acontecimientos documentados y los recursos humorísticos.
“Nada es ficción en cuanto a los hechos. Lo único que hacemos es una suerte de parodia con las reacciones de Gonzalo y el abuelo. A veces ponemos al abuelo en una fotografía antigua, pero se entiende que es una broma. No alteramos la historia”, precisa Albornoz.
En el equipo incluso tienen una frase que resume el espíritu del personaje: el abuelo siempre está, siempre estuvo y siempre estará.
Ese juego también implica un reto durante las grabaciones. Gonzalo interpreta a ambos personajes, por lo que debe cambiar de vestuario, mantener el ritmo de los diálogos y recordar las reacciones de una escena que quizá se grabó varias horas antes.
“Podíamos grabar una expresión de Gonzalo a las nueve de la mañana y recién a la una hacer la respuesta del abuelo. Había que recordar cómo debía reaccionar”, cuenta Bryan.
Con las temporadas, aprendieron a organizar mejor el rodaje y reducir los tiempos sin sacrificar la naturalidad de las interpretaciones.
Las fotografías cobran vida
Una de las mayores transformaciones del programa ha ocurrido detrás de las cámaras. En sus primeras temporadas, el equipo debía representar los acontecimientos con actores, vestuario, maquillaje y objetos de época. Los propios integrantes de producción y algunos redactores participaban ocasionalmente en las recreaciones.
“Antes teníamos que conseguir personas que interpretaran a los protagonistas de las historias. Muchos de nosotros terminábamos apareciendo en pantalla”, recuerda Romero.
Con el avance de la inteligencia artificial, aquella dinámica comenzó a cambiar. Primero combinaron actuaciones reales con efectos digitales. Ahora, en la cuarta temporada, las recreaciones históricas pueden desarrollarse mediante animaciones generadas a partir de fotografías y referencias documentales.
Carls Mayo explica que el proceso empieza con la reconstrucción visual de los personajes. A partir de imágenes antiguas, el equipo elabora referencias de sus rostros, vestimenta y apariencia desde distintos ángulos. Luego utiliza herramientas de generación de imágenes y videos para representar las situaciones descritas en el guion.
“Lo que necesitamos es reconstruir al personaje de la manera más precisa posible. Creamos una ficha con imágenes de frente, de lado, de tres cuartos, con la ropa que corresponde a la época, y después utilizamos esas referencias para generar las escenas”, detalla.
El resultado permite representar episodios de los que no existen registros audiovisuales, como momentos relacionados con personajes históricos, acontecimientos deportivos o sucesos ocurridos hace varias décadas.
Entre los trabajos que el equipo recuerda con especial satisfacción está el episodio dedicado a Miguel Grau, de la temporada anterior. Para Bryan, significó un avance importante en la manera de representar al héroe nacional.
“Me quedo con el de Grau porque fue uno de los primeros en los que la inteligencia artificial tuvo una intervención importante. Verlo en movimiento y a color, como en las fotografías, fue increíble”, comenta.
Sin embargo, la tecnología todavía presenta limitaciones. Las animaciones pueden mostrar distorsiones, movimientos extraños o detalles que no corresponden a las referencias originales. Por eso cada secuencia pasa por una revisión del equipo.
“Cuando terminamos de producir un video con inteligencia artificial, lo revisamos. Si una imagen se distorsiona o aparece algo que no debería estar, tenemos que corregirlo o repetir el proceso. Allí entra el factor humano”, explica Carls.
Para sus responsables, la tecnología no reemplaza el trabajo de investigación ni las decisiones creativas. Es una herramienta que amplía las posibilidades de representación y permite aprovechar mejor los materiales del archivo.
El sonido también cuenta
Mientras las imágenes recrean personajes y escenarios, el sonido ayuda a darles profundidad. Una calle antigua, un vehículo de otra época o el ambiente de un acontecimiento histórico requieren efectos que acompañen las escenas y hagan más natural la experiencia del espectador.
Esa tarea recae en Josema, quien trabaja el diseño sonoro durante la posproducción. A diferencia de las animaciones, explica, buena parte de los sonidos continúa elaborándose mediante procedimientos tradicionales de edición y mezcla.
“Aunque podríamos generar también el sonido con inteligencia artificial, preferimos trabajarlo desde el diseño sonoro y la posproducción. Utilizamos doblajes cuando son necesarios y las herramientas que tenemos a nuestro alcance para conseguir un buen resultado”, señala.
El proceso de grabación también ha cambiado. Antes podían intervenir hasta diez personas, además de Gonzalo y los actores que participaban en las recreaciones. Hoy el equipo necesita menos recursos durante el rodaje, porque gran parte de las escenas históricas se construyen posteriormente.
Doce historias por descubrir
La cuarta temporada de “Cuenta la historia” tendrá doce episodios y comenzará el viernes 30 de octubre con “El caso Luza”. A partir de esa fecha, se publicará un nuevo capítulo cada viernes en el canal de YouTube de El Comercio.
El recorrido incluirá acontecimientos y personajes de distintas épocas, como las eliminatorias al Mundial de Argentina 1978, la llegada de la televisión a color al Perú, la visita de Juan Pablo II, el fin del tranvía, la historia del aeropuerto Jorge Chávez, José Abelardo Quiñones, Ricardo Palma, Lucha Reyes y el incendio de Mesa Redonda, entre otros.
Detrás de los cuatro entrevistados existe, además, un equipo de profesionales que participa en las distintas etapas del proyecto. En esta temporada se incorporaron, entre otros, Bruno Alvarado en los guiones y Joshua en las animaciones, bajo la supervisión de Carls. La producción reúne a unas doce personas.
Después de cuatro temporadas, los responsables coinciden en que el mayor aprendizaje ha sido encontrar nuevas maneras de narrar sin perder el valor de los documentos originales.
Para Bryan Albornoz, la riqueza está en esos archivos capaces de sorprender incluso a quienes trabajan diariamente con ellos. Basta abrir un tomo, detenerse en una noticia aparentemente pequeña y descubrir que detrás hay una historia que merece regresar a la memoria.


