Hace tres años, en Dubái, el mundo alcanzó un acuerdo histórico para iniciar una transición que permita dejar atrás la quema de combustibles fósiles. Sin embargo, quedó en gran medida sin respuesta cómo debían los países abordar esa enorme tarea para frenar el cambio climático.
Brasil, anfitrión el año pasado de la cumbre climática COP30 de Naciones Unidas, intenta ahora responder esa pregunta. El martes presentó una hoja de ruta para ayudar a los países a reducir durante la próxima década la dependencia de sus economías del petróleo, el gas y el carbón. La idea es determinar cuánto dependen las economías de las exportaciones e importaciones de combustibles fósiles y luego diseñar soluciones a la medida para eliminarlos gradualmente.
“Necesitamos hacer avanzar esta agenda”, dijo en una entrevista Ana Toni, economista y directora ejecutiva de la COP30. “Todos los países deben comenzar ahora”.
Desde Dubái, los países han discrepado sobre qué significa realmente abandonar los combustibles fósiles. El gobierno de Arabia Saudita, por ejemplo, uno de los principales exportadores de combustibles fósiles, intentó restar importancia al acuerdo de Dubái al afirmar que el compromiso era solo uno de los componentes de un menú “a la carta” para enfrentar el cambio climático. Más de 80 países pidieron un acuerdo global para adoptar una hoja de ruta en la COP30, pero la iniciativa fracasó debido a una fuerte oposición.
Finalmente, Brasil, como país anfitrión, asumió la tarea de elaborar planes para la transición de los combustibles fósiles y poner fin a la deforestación. Por lo tanto, son voluntarios y no necesitan ser negociados por los países en una cumbre climática de Naciones Unidas.
La hoja de ruta para los combustibles fósiles establece tres etapas. En la primera, que abarcará los próximos dos años, se invitará a los países a evaluar su dependencia de las importaciones y exportaciones de combustibles fósiles, así como la capacidad de sus economías para abandonarlos. Luego, cada país será clasificado dentro de una docena de “arquetipos”, desde los que lideran la transición hasta aquellos limitados por dificultades fiscales, que a su vez apuntarán a distintas herramientas de política capaces de acelerar la transición verde. Ese proceso servirá de base para la COP33 de 2028, cuando Naciones Unidas realizará el próximo Balance Mundial.
En la segunda etapa, los países evaluarán cuánto han avanzado en materia climática y detallarán qué más pueden hacer para cerrar la brecha respecto del objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1.5 °C por encima de los niveles preindustriales.
La etapa final, entre 2031 y 2033, se centrará en cómo reducir la oferta de combustibles fósiles y coincidirá con una década desde que los países acordaron por primera vez alejarse de ellos. La hoja de ruta prevé una aplicación generalizada de medidas para limitar su uso hacia 2035.
La magnitud del desafío es enorme. El mes pasado, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente señaló que las emisiones tendrían que caer un 18% para 2030 respecto de los niveles de 2025 para lograr el “menor sobrepaso posible” del umbral de 1.5 °C. Solo cinco de los 71 países evaluados tienen un compromiso vigente para eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles, según un informe de la London School of Economics publicado el martes. Países como Reino Unido, Canadá y Brasil están explorando oportunidades para aumentar la producción de combustibles fósiles.
Las hojas de ruta sobre combustibles fósiles y deforestación llegan poco más de una semana después de que el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, desafiara las expectativas al conseguir un cuarto mandato tras derrotar al escéptico del cambio climático Flávio Bolsonaro. Para Toni, el resultado demuestra por qué la transición debe implementarse tanto a nivel nacional como internacional para proteger los avances logrados.
Brasil registró durante el último año la tasa de deforestación más baja de su historia. La hoja de ruta sobre deforestación se centra en cómo medir los niveles de degradación forestal y garantizar que haya suficiente financiamiento para detener y revertir la deforestación antes de que termine la década.
Turquía será anfitriona de la COP31, que comienza la próxima semana en la ciudad costera de Antalya. Se espera que las negociaciones se concentren en la electrificación y la reducción de las emisiones de metano, en lugar de la necesidad fundamental de abandonar los combustibles fósiles, ya que el acuerdo final requerirá el consenso de las casi 200 naciones que planean asistir. Aun así, habrá intensas conversaciones al margen de la cumbre sobre ese objetivo general, según Toni.
“Esta es una nueva fase de implementación”, dijo sobre el camino para abandonar los combustibles fósiles. “No puede ser un tabú”.


