Cuando León XIV aterrice este domingo 8 en el Aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires, se encontrará con una Argentina distinta a la que vio Juan Pablo II, el último Papa en visitar este país cuarenta años atrás.
En la década de los 80, nueve de cada diez argentinos profesaba la religión católica. Hoy, las mediciones más recientes se ubican en torno al 60%. La caída se explica, en parte, por el crecimiento de los movimientos evangélicos y los que no tienen afiliación religiosa.
También se topará con una cara de la pobreza más visible. Mientras que, en 1987, los pobres no superaban el 16%, el reporte emitido este viernes por el INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos), refiere que el 34,4% de la población no llega a cubrir sus necesidades básicas.
La situación económica asoma como la principal preocupación en la ciudadanía. En una última encuesta de la UBA (Universidad de Buenos Aires), sobre las expectativas de la visita papal, casi la mitad de los entrevistados espera que el pontífice priorice la agenda social por encima de temas como la paz internacional o transparencia de la iglesia.
“Creo que conforme el Papa haga referencia a la pobreza, a la crisis, puede terminar siendo una visita incómoda para el Gobierno”, refiere Mariano De Vedía, periodista de La Nación especializado en la cobertura eclesiástica.
Además de las actividades protocolares, el itinerario de León XIV incluye compromisos que podrían generar tensiones con la gestión de Javier Milei. El Sumo Pontífice se reunirá con líderes sindicales y representantes de movimiento sociales, con quienes el Ejecutivo ha tenido fricciones. Asimismo, visitará el Cottolengo de Don Orione, un albergue dedicado al cuidado de personas con discapacidad.
El desfinanciamiento de programas y el recorte de pensiones, convirtió al sector de la discapacidad en uno de los grupos más expuestos a la política de ajuste fiscal. “Este gesto del Papa se puede prestar a múltiples lecturas. En el contexto actual, esta visita al Cottolengo tiene mucha trascendencia simbólica”, anota De Vedía.
El cronista eclesiástico refiere que, pese a que el Papa asuma una postura neutral, su presencia podría quedar atravesada por las disputas de la política argentina. En esa línea indica estar atentos al juego del peronista Axel Kicillof, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y uno de los principales competidores de Milei en la carrera electoral de 2027. Según De Vedía, el ex ministro de Cristina Fernández podría intentar sacar provecho de esta visita, al darse dentro de su jurisdicción.
“Durante la preparación de la recepción, tanto oficialismo como oposición han priorizado la sana convivencia, pero eso no quiere decir que el clima no se desborde cuando el Papa esté entre nosotros”, indica De Vedía.
Una relación compleja
En el ejercicio del poder, Milei ha mantenido una relación tensa y distante con la Iglesia local. El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, en diversos momentos, cuestionó los ataques a la prensa, reclamó por jubilaciones dignas y criticó el lenguaje agresivo que emplean figuras del oficialismo en las redes sociales.
Por su parte, el mandatario, desde marzo de 2024, no atiende las solicitudes de audiencia con la cúpula eclesiástica.
Este congelamiento dista del trato fluido que tiene el líder libertario con el mundo evangélico. En los últimos dos años, inauguró templos en provincias y recibió a delegaciones de pastores en Casa Rosada.
“Algunos ven esta proximidad como una provocación al mundo católico, pero también puede ser cierto olfato de Milei en ver si puede capitalizar algo del alcance que los evangélicos tienen en las clases populares”, indica Diego Mauro, historiador e investigador Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas).
Para los especialistas, pese al distanciamiento con los líderes católicos locales, el Gobierno buscará evitar fricciones durante la estadía de León XIV y priorizará el tono protocolar. “La estrategia que se está viendo es no confrontar, sino tratar de presentar la visita como exitosa desde el punto de vista logístico y de impacto internacional”, anota Mauro.
El historiador, especializado en religión, refiere que la reducción de la masa católica no afectará la capacidad de convocatoria que tiene el Papa como líder espiritual. En las últimas semanas se agotaron las plazas hoteleras de Córdoba y Luján, lugares donde se ofrecerán misas multitudinarias. El Gobierno estima que aproximadamente 7 millones de personas se movilizarán durante los cuatro días de la visita apostólica. Por ello, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, detalló que alistan el “operativo logístico más grande de la historia”.
La llegada de León XIV también tiene un tono reivindicador para los fieles argentinos. Ante la frustración de no recibir a al Papa Francisco durante los 12 años de su pontificado, esta gira puede entenderse como la posibilidad de saldar una deuda. “Creo que el mismo León XIV piensa esta visita como un tributo a Francisco”, dice Mauro.
Por la proximidad que tuvo con el pontífice argentino, en los discursos e intervenciones se esperan referencias explícitas a la figura de Francisco. “León se alineó al proyecto de sinodalidad, de una Iglesia con opción preferencial por los pobres. Es la misma vertiente teológica”, agrega el especialista.
Por esa línea pastoral, se espera que el Sumo Pontífice dedique buena parte de sus intervenciones a las deudas con los sectores vulnerables. En cada uno de los actos masivos, la Iglesia ha destinado espacios preferenciales para que personas de bajos recursos participen de las homilías.
El desafío del Gobierno será tratar de minimizar las tensiones y el costo político de lo que el Papa pueda decir. “A fin de cuentas, el Papa se irá y la política argentina retomará su senda habitual de confrontación”, cierra De Vedía.


