—¿Cuáles serán sus primeras acciones al asumir el cargo de embajador? ¿Tiene estimado cuándo será?
Sí, ya hay fecha. Es el 16 de noviembre. Hay un protocolo: uno tiene que llegar a Washington y presentar copia de las cartas credenciales a la jefa de protocolo de la Casa Blanca. Más adelante, te cita para presentar los originales al presidente Donald Trump en una ceremonia. Hay un equipo que está ahí ya en funciones. He tenido un contacto informal con ellos, pero lo primero es asumir la jefatura de la misión.
—Se ha reunido con el embajador saliente, Alfredo Ferrero. ¿Cuál es la prioridad que han visto?
Hemos cubierto todos los aspectos. Lo que quiero hacer de inmediato es tomar contacto con la comunidad peruana, hay casi un millón de personas. Tenemos 17 consulados y me gustaría que además de las labores consulares –donde se justifique– tengan también una toma de contacto con posibles inversionistas, alentar el comercio, el turismo... Hay lugares muy específicos de EE.UU. donde eso es posible. Hay otros temas que son la seguridad y la ayuda por el fenómeno de El Niño, que ya están en marcha.
—La comunidad peruana en EE.UU. es la mayor de connacionales en el exterior. ¿Cómo se trata el tema migratorio con ellos?
Es un tema muy importante. La tercera parte de todos los peruanos que están fuera viven en EE.UU., estamos hablando de peruanos registrados en los consulados.
—¿Peruanos registrados en los consulados, que no necesariamente son legales?
Hay un número significativo que no está registrado, tenemos que tener la información porque sabe Dios si puede haber el día de mañana incidentes o problemas y, evidentemente, vamos a tener que intervenir, entendiendo –como ya lo ha dicho el canciller– que hay unas reglas migratorias que EE.UU. fija y nosotros ahí no tenemos injerencia alguna. Si hay un sector de la comunidad peruana potencialmente en riesgo, es importante que la embajada lo sepa. Los peruanos que están allá envían más de US$5.000 millones en remesas, lo que equivale a casi el 1,6% del PBI.
—Se habla mucho de intercambio y cooperación. ¿Qué le ofrece el Perú a Estados Unidos?
En este momento exportamos muchísimas cosas: minerales, agro, textiles... Lamentablemente, por el tema de los aranceles, la venta de textiles este año ha bajado en un 10%, no así la de minerales y agroexportación, que han subido hasta 20%. En EE.UU. están en una transición energética y tecnológica que requiere un suministro enorme de minerales críticos. Nosotros tenemos por lo menos 10 de los que ellos necesitan y que no tienen nuestros vecinos. Para EE.UU., esto se ha vuelto sumamente importante porque, como mucho de esos minerales se están yendo a países como China, sienten que la cadena de suministros está en peligro. No es que EE.UU. quiera venir a apoderarse de nuestros recursos, simplemente están en una transición con una necesidad urgente de materia prima y tienen que conseguirla en alguna parte. Ellos, a su vez, pueden facilitar que esto sea conveniente para nosotros de otra manera. Como no tenemos capacidad de refinar esos envíos, muchas veces nos resulta más cómodo mandarlos a otros países del Asia, pero ahora EE.UU. nos está ofreciendo la posibilidad tecnológica de refinarlos aquí. Es muy importante entender que no es un juego de suma cero. Nosotros ganamos, ellos ganan.
—Ha dicho que la exportación de textiles ha bajado por los aranceles, cuando en realidad por el TLC que tenemos deberían ser cero, pero de 10% han subido a 12%. ¿Cómo avanzan esas negociaciones?
Ya están en contacto los ministerios de Comercio. Evidentemente, eso tiene que ser apoyado por la embajada y por otros sectores del Estado. Tiene que ser hecho discreta y diplomáticamente, pero no descarto en absoluto que lo logremos, porque la administración Trump no es fanáticamente ideológica ni mucho menos, es muy pragmática, y si ellos ven que nosotros podemos ofrecerles cosas que a ellos les interesan, estoy seguro de que son capaces de poner sobre la mesa la posibilidad de avanzar en ese tema. Hay que negociar no por la televisión, sino de manera cuidadosa y discreta.
—El canciller Carlos Espá y usted han dicho que hay una falsa dicotomía en las relaciones entre el Perú con China y EE.UU. ¿Cómo se ven esas relaciones desde Washington?
Cuando surge todo el megaproyecto de Chancay, los peruanos se van a buscar socios por todas partes, empezando por EE.UU. y no los encuentran. Y pasa una década, y los chinos deciden entrar. Los inversionistas chinos tienen la ventaja que tienen al Estado detrás, les facilitan todo. Los otros inversionistas no tienen ese respaldo, entonces tienen dificultad para competir. Eso va a cambiar ahora, porque el presidente Trump ha anunciado, precisamente, que les va a dar a sus inversionistas un respaldo, eso va a facilitar que puedan entrar a proyectos más grandes. Ya hay capitales estadounidenses en puertos peruanos, en Matarani. En el caso de la Base Naval del Callao, es a nivel del Ejército, pero también hay un proyecto de modernización.
—Acá vemos al embajador de EE.UU., Bernie Navarro, enfrentando abiertamente a los chinos, muy a su estilo.
Si lees la estrategia de seguridad nacional que publicaron a finales del año pasado, toda la estrategia de política exterior de EE.UU. está clarísima. Es una directiva clarísima a sus embajadores, a toda su línea de mando diplomática para el tema del hemisferio occidental. Por eso no hay que alarmarse cuando el embajador dice esas cosas, porque es la línea del gobierno, es la línea del Estado.
—No estábamos acostumbrados a ese estilo.
Pero eso ha cambiado. Basta leer, está en Internet. EE.UU. ha decidido que el hemisferio occidental importa, después de muchos años de no importar, y nosotros queremos ahora posicionarnos con fuerza. Tienen una política exterior afirmativa. Claro, no estábamos acostumbrados. Pero si lees el documento entiendes perfectamente lo que está. Quieren recuperar terreno. Yo digo, ¿por qué nos da miedo eso? ¿Por qué nos asusta? ¿Por qué nos acomplejamos?
—En redes sociales, Navarro le da la bienvenida y le dice que, “como no son diplomáticos de carrera, vamos a acelerar el fortalecimiento la relación entre EE.UU. y el Perú”. ¿No es acaso una crítica a los diplomáticos de carrera?
No lo tomé así. Lo tomé como diciendo vamos a trabajar juntos velozmente, sin burocracia, rápido.
—Sí, pero la crítica estaba ahí.
Lo entendí de otra manera, como qué bien nos vamos a entender. Vamos a chambear juntos porque tenemos una mentalidad parecida, de basta de burocracia, vamos a ir para adelante. Yo lo entendí así. Fue un gesto simpático.
—Él es muy al estilo Trump.
Tiene su estilo. No hay que temerle. Esto no es gratuito. Hay una línea que viene desde Washington y es así. Ellos han escogido en casi toda América Latina embajadores que no son de carrera porque Trump quiere acelerar su política exterior hacia el hemisferio. Muchos de estos embajadores vienen del mundo de los negocios. El presidente Trump lo que ha dicho es vamos a darle a esto un enfoque de eficiencia, de rapidez, de celeridad. Tiene embajadores de carrera en otras partes, por supuesto, pero como le ha puesto tanto énfasis a esta región, esa es la tónica. Tenemos que acostumbrarnos a eso.
—Usted ha dicho que le parece un enorme acto de madurez que hayan pasado por alto las críticas que como analista político le hizo a Trump. ¿Había acaso un inconveniente para decir eso?
No lo había, eso decían en Lima, las bolas limeñas, pero no había, nunca lo hubo.
—Pero decir “han pasado por alto”...
Por supuesto que es un gesto. Ellos están bien informados. Además, cuando tú presentas una solicitud de beneplácito hacen un file, en mi caso, ese file ya está ahí porque soy residente hace muchos años y además estoy en la vida pública ahí. Pero también entienden que soy una persona que se ha pasado la vida defendiendo las relaciones con EE.UU., he sido criticado por toda la izquierda latinoamericana por ser demasiado proestadounidense, me he pasado la vida pidiendo más integración, más comercio, más relaciones con EE.UU. Y, además, saben muy bien que si yo acepto esta responsabilidad, no es para meterme en asuntos de política interna. A partir de ahora yo me dedico a que estas relaciones lleguen todo lo lejos posible.
—¿Hubo una demora en el beneplácito?
No hubo ninguna. A partir de que la presidenta [Keiko Fujimori] lo hizo público, me dije que a partir de ese momento no iba a decir nada. Yo leía tantas sandeces que no podía desmentir por un elemental deber de silencio y de respeto al proceso. Estamos totalmente dentro de los plazos. Pero no solo eso, sino que había un tema concreto que sí puedo mencionar ahora, que yo soy residente en Estados Unidos, no ciudadano. Tengo la ‘green card’ y hay una incompatibilidad entre esta y la visa diplomática, con lo cual tienes que renunciar a tu residencia para asumir una visa diplomática.
—El Escudo de las Américas... Usted ha dicho que el límite es la Constitución. Como embajador, ¿cómo va a velar por los intereses permanentes del Perú?
La gente olvida que desde hace 60 años o más, casi 70, aquí hay presencia militar estadounidense. Lo que no se puede es establecer bases permanentes, la Constitución no lo permite. La cooperación militar ocurre hace mucho tiempo. Ahora toma un nuevo cariz porque hay unas urgencias que no existían, porque tenemos unas mafias que son muchísimo más poderosas, que tienen muchísimo más dinero y que además tienen capacidad de moverse a través de las fronteras. Lógicamente, esa presencia [de EE.UU.] ahora cambia de naturaleza. ¿Pero eso significa que el Perú pierde soberanía? No. Tenemos una vigilancia absoluta sobre nuestra soberanía. Pero si tú no permites que ingresen los militares americanos, los asesores americanos, la tecnología americana, entonces, ¿de qué te sirve el Escudo de las Américas? Es completamente absurdo. ¿Quién pone en peligro la soberanía del Perú? Las mafias transnacionales que estamos combatiendo. EE.UU. nos está ayudando a recuperar la soberanía que esas mafias ponen en peligro.
— ¿Cómo ser embajador de un gobierno que quiere la reconciliación?
Justamente, representando a un gobierno que tiene una vocación de reconciliación. Evidentemente, cuando tú inicias un proceso de reconciliación, no todo el mundo lo comprende y no todo el mundo lo acepta. Y no hay que ser ingenuo al respecto. Siempre va a haber sectores recalcitrantes. Hay un sector del antifujimorismo que me insulta todos los días.
— ¿Se sentirán traicionados?
Ni siquiera creo eso. Simplemente les molesta porque es más fácil atacar a un gobierno que no tiene esa representación más allá de su propio sector, que hacer una oposición feroz como la que están haciendo, contra un gobierno que más bien te demuestra que es tolerante y convocante. Supongo que es un cálculo, pero en todo caso yo sabía que eso iba a ocurrir. Y también hay otro sector, que piensa ¿cómo es posible que estos señores que han sido críticos del fujimorismo ahora resultan que colaboren con el gobierno de la presidenta Fujimori? ¿Y por qué no nosotros? ¿Por qué no capturamos nosotros todos los espacios? De ambos lados va a haber resistencia. Pero si tú, dando el ejemplo, con liderazgo, sin dejarte amilanar ni atarantar, y luego con resultados, les demuestras que la política que tú seguías era la correcta, al final se van a plegar. Y lo que van a quedar son pequeños grupos marginales no representativos. Yo sabía perfectamente lo que iba a pasar. Para mí, hubiera sido muy fácil decir: “Presidenta, es un gran honor, le agradezco muchísimo, pero mire, yo tengo mi vida hecha, busque a otra persona menos pública”. Pero, ¿por qué vamos a hacer eso? Si ella tiene el valor de hacer eso, yo tengo la obligación de responder.
— ¿Ha perdido amigos por esta posición?
No lo sé, ahora lo voy a descubrir. Es posible que algunos.
— ¿Y en el camino? Porque no es una posición nueva, desde hace cinco años...
Por lo menos gente con la que tenía más contacto, sí, sin duda.
— Porque esta posición es desde el 2021…
También la gente olvida eso, en la campaña anterior, así es. Cuánta gente dice: “tu padre debe estar revolviéndose en la tumba”. Mi padre apoyó públicamente a Keiko Fujimori hace cinco años. La gente convenientemente quiere olvidar eso.
— María Corina Machado lo ha felicitado públicamente. Ahora ella está acusando al Gobierno de EE.UU. que la dejó fuera de las negociaciones con Delcy Rodríguez. En otro momento, hubiera salido a defender a María Corina.
Voy a tener mucho cuidado con este tema. Hace 25 años que es mi amiga. Le tengo una admiración sin reservas. La quiero mucho. Yo tengo que tener cuidado porque ahora yo represento a un gobierno. Y lo que está haciendo el gobierno –y es la manera como lo define– es acompañar el proceso de transición. Y de hecho se trata de un proceso que va avanzando paso a paso. Hay gente que quisiera que avance más rápido, pero el Perú está acompañando ese proceso de cerca.


