Por: Andrés Mompotes Lemos, director general de “El Tiempo” de Colombia (GDA)
Premio Nobel de Paz y referente de la lucha por el regreso de la democracia plena a su natal Venezuela, María Corina Machado recibió al Grupo de Diarios América (GDA) en Ciudad de Panamá. Desde allí prepara su regreso a Caracas, después de siete intentos bloqueados, para impulsar una transición que, según dice, debe surgir de “un gran acuerdo nacional”.
A la mesa que negocia esa transición le pide tres cosas: un nuevo Consejo Nacional Electoral, un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y una fecha para las presidenciales, porque “la fecha de la elección es la fecha de la liberación”. Atribuye el giro que vive Venezuela a la decisión de Donald Trump de llevar a Nicolás Maduro ante la justicia, responsabiliza a Delcy Rodríguez de la crisis y descarta una amnistía para los violadores de derechos humanos: “Esto no va a ser un proceso de revancha”, afirmó en la conversación.
-Usted se encuentra ahora geográficamente más cerca de su país, en lo que será su octavo intento por regresar a Venezuela. ¿Qué condiciones han cambiado y qué le hace pensar que esta vez sí le van a permitir entrar?
Bueno, en primer lugar, es un placer inmenso poder comunicarme con toda América Latina, con los venezolanos y latinoamericanos en el mundo. Y tú decías que desde Panamá me siento más cerca geográficamente de Venezuela. Te diría que no solo geográficamente. El afecto, el cariño, el entendimiento que hay en la sociedad panameña de lo que representa la causa por la democracia en Venezuela es enorme, y me lo hacen sentir en las calles por donde voy: un cariño inmenso hacia nuestra lucha, hacia nuestra gente.
Y te recuerdo que, además, aquí en Panamá están depositadas las actas de la libertad, que demuestran lo que fue el ejercicio de la soberanía el 28 de julio de 2024. Así que estoy muy agradecida al presidente Mulino, muy agradecida a la Asamblea y a todas las instituciones de este país que nos han acogido con tanto afecto y valentía, hay que decirlo.
Por otra parte, las condiciones cambian todos los días, y yo creo que lo más importante, Andrés, siempre en estos procesos, es escuchar y entender lo que dice, anhela y por lo que lucha la gente. Y Venezuela es un país unido, más que nunca en su historia, y yo me atrevería a decir que quizás más que cualquier otra sociedad en América Latina: una sociedad súper cohesionada, sin diferencias de orden racial, religioso, social o político. Es decir, un país en el que todos queremos lo mismo. Queremos construir una nación segura, libre, democrática, próspera, a la cual puedan regresar nuestros hijos. Y esta es una fuerza tan poderosa… Aquí en Panamá y desde todas partes del mundo, los venezolanos me escriben y me dicen: “Vamos a regresar juntos”. Y para eso estoy trabajando.
-En ese trabajo para volver, ¿ha recibido algún mensaje o señal de Estados Unidos?
No directamente. Pero sí, obviamente, muchas amenazas del régimen. Creo que el régimen sabe que está en una situación precaria como nunca. El caos que existe en Venezuela en lo económico, en materia de seguridad, en materia de servicios públicos… O sea, piensa lo que es un país que es la nación que tiene las mayores reservas probadas de petróleo, el octavo reservorio de gas natural, y los venezolanos tienen seis, ocho, diez y doce horas al día sin luz, sin electricidad.
Esto ha generado un sentimiento creciente de urgencia, de repudio. Y el régimen lo sabe. Y los venezolanos, obviamente, estamos decididos a que todas estas fuerzas se canalicen de manera cívica para lograr una transición y completar la tarea que fue el mandato del 28 de julio. El régimen lo sabe, y por eso se esfuerza por todos los medios posibles para tratar de evitar mi regreso.
-Usted está diciendo que no le permiten regresar y del régimen aún instalado. Pero, la pregunta es: ¿y si no logra hacerlo? ¿Cómo puede presionar para que en Venezuela haya elecciones el próximo año?
Bueno, en primer lugar, esto no se trata de mí. Esta es una nación que tiene, por cierto, a un tercio de sus ciudadanos en el mundo entero, forzados a salir de manera intencional. Esto se trata de un país para el cual la fecha de la elección presidencial representa la fecha de su liberación. Entonces, aquellos que creen que tratando de impedir mi relación directa con los venezolanos van a impedir este proceso no entienden nada.
Este es un país que ya tomó una decisión. Lo vimos el 22 de octubre de 2023. Nadie lo creía posible, Andrés. Nos decían que era imposible organizar una elección nacional sin plata, sin medios de comunicación, sin protección, sin apoyo internacional. Se burlaron de los venezolanos y nos subestimaron. Decían que, si acaso, iban a ir unos pocos cientos de miles. Fueron más de 3 millones, Andrés. Ese día Venezuela le dio una derrota no solo electoral, sino espiritual y cultural, a la tiranía. Y eso no tiene vuelta atrás.
Entonces, entienda: esto no lo va a detener nadie. Venezuela va a ser una nación libre, y cada día que pasa es peor para todos, incluso para el propio régimen. Y la transición a la democracia en Venezuela es algo que le conviene a toda América Latina y le conviene también a los Estados Unidos, porque solo con una Venezuela democrática es que podremos lograr los objetivos de seguridad hemisférica, integración comercial, resolver los temas migratorios que tanta presión han generado en países vecinos y, desde luego, promover la democracia y la estabilidad en la región.
-¿Qué pasa si no se logran elecciones en 2027? ¿Cuáles son los riesgos para Venezuela y para la región?
Bueno, yo quiero empezar por la gente. ¿Cómo le explicas tú a una mamá que no puede darles de comer esta noche a sus hijos que tiene que tener más paciencia? ¿Cómo le explicas tú a un comerciante, a un productor que tiene que cerrar su negocio porque no tiene electricidad, que tiene que esperar? ¿Cómo le explicas tú a un campesino, a un productor agrícola que ni siquiera tiene insumos y ve que su cosecha simplemente se pierde, pero no tiene ni diésel, ni gasolina, ni luz?
¿Cómo le explicas tú a un maestro que solamente puede dar clases dos días a la semana porque gana un dólar al día? ¿Cómo le explicas tú a un policía, a un militar que llega a su casa y (encuentra) la nevera vacía —pero él sabe lo que ha ocurrido en términos de corrupción y narcotráfico dentro de las propias Fuerzas Armadas— que tiene que esperar?
¿Esperar qué? Si este es un país que ha demostrado estar absolutamente listo. Mira, nos han provocado tanto para que cayéramos en la tentación de la violencia, y una y otra vez la sociedad venezolana ha recurrido a mecanismos democráticos y cívicos, dando un ejemplo impresionante al mundo entero. Lo vimos el 28 de julio: más de un millón de voluntarios, en una legión ciudadana sin precedentes en la historia de este hemisferio, organizados para defender el voto. Y cada persona decía: “Yo defiendo mi voto”. Entonces, ¿qué más hay que esperar? Esto se trata de la gente, Andrés. No es de mí, es de la gente.
Y, desde luego, para los países vecinos, entender que la única manera de que podamos tener estabilidad en la región, de que se pare la presión migratoria y de que más bien los venezolanos regresen a su país es con la certeza de que habrá un futuro democrático, que va a ser duro, durísimo, en un país destruido. Pero ese es el trabajo sabroso: el de construir, el de trabajar, el de saber que con tu esfuerzo y con mérito vas a surgir. Y eso, desde luego, le conviene también a los Estados Unidos, porque no habrá inversiones masivas como las que requiere Venezuela si tú no tienes unas instituciones democráticas bajo el Estado de derecho. Y Venezuela está hoy en el último lugar del planeta en Estado de derecho, por debajo de todos los países africanos.
-Lo cierto es que Delcy Rodríguez ha venido ganando mucha interlocución en el gobierno venezolano, incluso en el mundo. La hemos visto recorriendo foros internacionales de Nueva York a Roma. Si se logra su regreso, ¿cómo puede eso unir a una oposición que también luce fragmentada desde afuera?
Yo creo que la oposición venezolana nunca ha estado tan unida como hoy. Nosotros fuimos a unas primarias en el año 2023, y yo hago un reconocimiento a los partidos, porque fue un momento en el que los partidos políticos —los tradicionales, los nuevos, los que recién surgen— todos reconocieron que, ante la crisis de representatividad y de confianza, había que demostrarle a la sociedad venezolana que se confiaba en ellos, [darle] verdadero poder a la gente y que la gente decidiera.
Y fuimos más de diez candidatos, y yo logré recoger un mandato que, al final, aunque me bloquearon para ser candidata, se canalizó a través de Edmundo González Urrutia, en un movimiento que trajo no solamente al sector político, sino a los movimientos sociales, a la sociedad civil, a los ciudadanos de a pie. Derribamos esas barreras que nos dividían y construimos, reconstruimos la confianza entre ciudadanos, Andrés. Y eso ha sido la base de este movimiento, y está allí, más fuerte que nunca.
Entonces, que haya pretensiones de algunos actores de tentar o desviar o manipular a algunas figuras o facciones… Por Dios, eso ha pasado siempre en la historia, en todas partes del mundo. Estamos enfrentando una estructura mafiosa criminal. Salió Maduro, pero la estructura sigue allí. Pero ya la gente tiene clarísimo quién es quién. Por eso es que el régimen tiene tanto miedo de permitir que se avance en un proceso democrático en el cual los ciudadanos ratifiquen lo que ya expresaron en 2024.
-¿Cuál es su opinión sobre Dinorah Figuera, que es la figura que, en las negociaciones con el gobierno chavista, está llevando liderando la postura de la oposición frente a las reglas de la transición?
Como hemos dicho, y lo reitero, hoy no hay persona que tenga mayor interés que yo en que ese proceso avance. No existe en el mundo. No hay persona que tenga mayor interés en que este proceso concluya con lo que se ha ofrecido: un nuevo Tribunal Supremo de Justicia, un nuevo Consejo Nacional Electoral y un calendario de elecciones presidenciales a la mayor brevedad.
Esto es lo que el país requiere, demanda, y, por cierto, es lo que ha mantenido a la sociedad contenida en toda su angustia y su dolor. Y lo estamos viendo en las protestas por falta de luz, por falta de comida, por falta de insumos. Es decir, Venezuela está en ebullición. Quien no quiera verlo es porque intencionalmente quiere ignorar una realidad. El país se aguanta porque tiene la expectativa.
-¿Cree que hay la posibilidad de un estallido social en Venezuela?
Hay que evitar que eso ocurra y que toda esa energía se canalice de manera cívica. Y ese es uno de los motivos urgentes de mi regreso. No es pedirle paciencia ni que la gente desconozca una realidad dramática; es entenderla y convertir toda esa urgencia en una razón de lucha, de organización y de preparación para lo que viene.
De alguna manera, este período ha sido mucho más largo de lo que hubiéramos querido, pero también lo hemos aprovechado para organizarnos para lo que va a ser, desde el día 1, la recuperación del país en temas muy amplios. Porque, desde luego, hay que atender la inversión en energía, en electricidad, en infraestructura —todo esto es muy necesario—, la generación de empleo, la estabilidad económica. Pero el país reclama educación, salud, seguridad, vialidad. Es decir, hay que tener una visión completa de lo que es la recuperación de un país y no de un solo sector, porque eso no va a ocurrir. O sea, tú no puedes, en una Venezuela que ha colapsado institucionalmente, pensar que puedes recuperar un sector e ignorar a la nación, a la población.
-¿Cuál es su balance de cómo la administración del presidente Trump ha manejado la situación de Venezuela tras la salida de Nicolás Maduro?
Bueno, en primer lugar, nosotros no estaríamos hoy encaminados hacia una transición si el presidente Trump no hubiera tomado la decisión histórica de llevar a Nicolás Maduro ante la justicia. Durante años advertimos lo que se estaba construyendo en Venezuela, Andrés. No es una dictadura convencional: es una estructura criminal que ha entregado nuestro territorio como santuario no solamente a la guerrilla del ELN, a las Farc y sus disidencias, sino a grupos terroristas islámicos, a redes de explotación minera, de tráfico de seres humanos, de todo tipo de actividad ilegal, que ha dejado una devastación desde nuestro medioambiente y, por supuesto, en nuestros niños, en nuestras familias.
Entonces, los venezolanos hicimos todo para demostrar nuestra vocación democrática: unimos a un país, dimos un mandato y dimos la base legal y moral para que hubiese una actuación de esta naturaleza. Ahora bien, hay que avanzar en un proceso que consolide todas estas expectativas y oportunidades que se abren, porque, al final, es absolutamente no realista pensar que quienes crearon este caos son capaces de crear las bases para la recuperación del país. Eso no va a pasar. Nadie confía en quien expolió, torturó y saqueó a Venezuela. Y Delcy Rodríguez es directamente responsable de todo este proceso.
Colombia y Venezuela, ‘una misma lucha’
-Usted menciona que Venezuela se convirtió en una retaguardia de grupos ilegales colombianos. ¿Ve factible que Colombia pueda tener cooperación venezolana en la lucha contra grupos que se esconden en su país como el ELN o la Segunda Marquetalia —señalada de haber sido la responsable del asesinato de Miguel Uribe Turbay—, mientras la presidenta sea Delcy Rodríguez?
No, absolutamente no. Pero ahora que me plantea este tema de Colombia, yo sí quiero enviar un mensaje al pueblo colombiano, porque si hay dos naciones en el mundo que comparten pasado, presente y futuro son Colombia y Venezuela. Yo recuerdo, en el 2014, cuando, estando en la Asamblea Nacional, me atacaron, me fracturaron la nariz. A los pocos días fui a Colombia, tuve el honor de dirigirme al Senado y allí yo dije: “No habrá paz duradera en Colombia mientras no exista democracia en Venezuela”. Y creo que ha quedado más que evidente.
Además, nosotros compartimos mucho más que una historia. Cuando tú ves Colombia y Venezuela: fuimos una misma nación, y además nuestra cultura, la música, la gastronomía, la fisionomía… Obviamente, somos naciones hermanas. Nuestros ejércitos nacieron de una misma lucha por la independencia y por la libertad. Y es desgarrador ver cómo dos países se protegieron: Venezuela fue [refugio] para los colombianos cuando huyeron de la guerrilla, y hoy ustedes han sido refugio de los venezolanos cuando [huimos] del comunismo y el crimen.
Y ese futuro común hay que construirlo en conjunto. Y tú ves todas las dimensiones de integración y de beneficio: en el plano de seguridad entre Colombia y Venezuela es indiscutible; en el plano energético, en el plano del comercio, de la industria, la complementariedad. Al final, somos un mercado de casi 90 millones de consumidores, desde el Pacífico al Atlántico, al Caribe. En el plano migratorio, ustedes hoy alojan a más de 2.800.000 venezolanos, muchos de los cuales quieren volver. Pero, al final, la gente en la frontera es una sola gente. Y, desde luego, en el plano democrático institucional. Entonces, este es un momento en el cual colombianos y venezolanos hemos entendido que es la misma lucha y que solamente —lo repito— habrá paz y prosperidad en Colombia con democracia y libertad en Venezuela. Y ese momento está cerca.
-Hablando de prosperidad, usted mencionó el tema energético. ¿Cuál es su visión de lo que puede ocurrir si regresan pronto las elecciones a Venezuela en esta área?
Nosotros vamos a convertir a Venezuela de hub criminal de las Américas en el hub energético de las Américas. Eso, no te quepa la menor duda.
-¿Y eso tiene que ver con Colombia, que está al lado?
Tiene que ver con Colombia y tiene que ver con todo el hemisferio. Venezuela puede llegar a producir cinco o seis millones de barriles de petróleo al día. Eso sí, necesita 200.000 millones de dólares de inversiones. Nosotros hoy en día producimos 4.000 millones de pies cúbicos de gas: la mitad se quema, solo la mitad se comercializa. Y eso que no se utiliza, que no se comercializa, es más que el consumo total de gas diario que tiene Colombia, con las necesidades que ustedes tienen y que van a agudizarse en los meses por venir.
Ahora, hay una tubería, un gasoducto de 225 kilómetros, Antonio Ricaurte, que integra a Colombia y Venezuela. Hay que repararlo. Desde luego, hay que hacerlo. Pero es que no basta con reparar el gasoducto. Venezuela tiene que producir por lo menos un millón de pies cúbicos adicionales para suplir a Colombia y también a nuestra población. Esos son miles de millones de dólares. ¿Quién invierte en un país que está —te repito— en el último lugar de Estado de derecho en el planeta, que ha expropiado, que ha perseguido, que cambia las leyes? Y no es solamente un tema de plata, porque las inversiones llegarán cuando haya Estado de derecho. Pero es que tú necesitas talento, tú necesitas gente, y la gente va a regresar si siente que tiene un futuro.
Y a tal efecto, nosotros… Y aprovecho para hablarle al sector productivo y comercial colombiano: si hay alguien que ha planteado un mensaje directo de que necesitamos inversiones en Venezuela, hemos sido nosotros, en el sector energético, pero en muchos otros sectores: en el agrícola, en el minero, en infraestructura. Es decir, Venezuela tiene una oportunidad de crecimiento enorme, y ¿quién más cercano y lógico para integrarnos que precisamente la economía colombiana?
Ahora bien, tú necesitas un marco regulatorio transparente —me refiero al sector energético— que desmonte, además, todo el sistema socialista. Tú necesitas un sistema institucional creíble y sólido a largo plazo, porque las inversiones no son a dos o tres años, sino a dos o tres décadas. Vamos a construir una agencia venezolana de hidrocarburos como la que tienen en Colombia. Necesitamos un marco fiscal súper competitivo. Necesitas protección a la inversión a través de arbitraje internacional, por los precedentes que ha habido en Venezuela, y, desde luego, necesitas un sistema transparente de licitaciones donde todo el mundo pueda competir y los venezolanos tengan confianza en que es un proceso transparente, porque, nuevamente, no puedes dejar a la gente afuera.
-En campaña presidencial, el presidente Abelardo de la Espriella dijo varias veces que esperaba verla a usted como jefe de Estado de su país. ¿Qué mensaje le envía hoy directamente al presidente de Colombia sobre la necesidad de ese regreso urgente de las elecciones a Venezuela?
Yo estoy convencida de que el presidente De la Espriella es un aliado del pueblo venezolano y de la democracia. Esto va mucho más allá de mí. Es un aliado. ¿Por qué? Porque su mandato es servir y defender al pueblo colombiano, y es la misma causa. El presidente De la Espriella incluso llegó a decir que el mejor plan tributario para Colombia, el mejor plan de desarrollo para Colombia, es la llegada de la democracia plena a Venezuela, y es algo que suscribimos todos los venezolanos, y yo sé que los colombianos también.
De modo que no habrá otro país, más allá del nuestro, no habrá una sociedad, más allá de los venezolanos, que se beneficie de manera tan directa como el pueblo colombiano de lo que va a ser el avance a una transición a la democracia. Porque, al final, imagínate esa enorme frontera que hoy está sometida al horror de la ausencia total de la ley.
Porque, al final —y esto se lo digo a los soldados, a los marinos, a los policías, a los aviadores colombianos—, yo sé que muchos han entregado su sangre en episodios de guerra que se planificaron del otro lado de la frontera. Y lo que yo les quiero asegurar es que los soldados venezolanos no están de acuerdo con compartir su territorio con el ELN. Han sido forzados a ello, y nosotros vamos a construir una Fuerza Armada venezolana al servicio de la República, al servicio de la Constitución, y que, de manera coordinada, luche junto con el Ejército de Colombia para convertir esa zona gris del crimen en una zona de seguridad para la población y de prosperidad económica.
-Pero, ha habido denuncias de que mandos militares de alto rango en Venezuela, sí han estado con esa presencia de la guerrilla…
Pero absolutamente, que son socios del régimen. Socios del régimen. Lo fue Chávez, lo fue Maduro y lo es Delcy Rodríguez. Y lo que ella no haga hoy es, obviamente, por instrucciones y coacción de los Estados Unidos, pero esa es su naturaleza.
-Entonces, habría que eliminar o salir de ese elemento que genera ruido y esa desviación del ejercicio legítimo y del orden de la fuerza venezolana…
En la Fuerza Armada y en las policías, aquellos actores que hayan estado vinculados con narcotráfico, con extorsión, con violación de derechos humanos tienen que, absolutamente, salir de las Fuerzas Armadas. Pero te aseguro que hay hombres y mujeres de armas en Venezuela que conservan muy presente su deber constitucional de servir a la República y no a un grupo político, y mucho menos a una guerrilla.
-¿Usted ve oportuno tener algún tipo de conversación con el presidente De la Espriella en este momento, con miras a que eso le pueda ayudar a su causa de regresar pronto a Venezuela?
Mira, nuevamente te digo: creo que el presidente De la Espriella es una de las personas que tiene más claro lo que ocurre en Venezuela. Nos lo ha demostrado. Yo tuve oportunidad de hablar con él durante la campaña, así como hablo con muchos otros presidentes de América Latina. Y creo que hoy, más que nunca, entienden la urgencia de lo que ocurre en Venezuela y la importancia —insisto— para todo el hemisferio de ponerle una fecha a un proceso electoral que les dé certeza a los venezolanos.
Tú no le puedes pedir —repito— a una sociedad que está pasando hambre, que no puede trabajar, que no puede educar a sus hijos, que no tiene medicinas, que indefinidamente aguante y se aguante. Eso moralmente no es posible. Tú sí puedes pedirles a los venezolanos que hagamos un esfuerzo adicional con la certeza de lo que viene, porque —te repito— la fecha de la elección es la fecha de la liberación.
Y si estuvimos preparados e hicimos lo que hicimos el 28 de julio de 2024, cuando no existían ni remotamente las condiciones que se han ido abriendo a partir del 3 de enero… Por Dios, Andrés, mira lo que está pasando: los medios empiezan a hablar, a reportar; la gente sale a las calles, hay decenas de protestas, la gente se está organizando, vuelve el entusiasmo. La gente me dice: “Voy a regresar. Cuando vuelvas, yo vuelvo”. Es decir, hay todo un sentimiento de esperanza que surge. Ni remotamente existía eso antes, y aun así arrasamos. Imagínate lo que viene.
La mesa de transición
-Si quienes están conversando hoy en Venezuela sobre la transición han excluido reiteradamente a María Corina Machado, ¿qué margen real tiene para influir en las decisiones sobre unos comicios urgentes?
Me encanta esta pregunta, porque cuando tú ves en la historia, típicamente las transiciones son acuerdos de élites: algunos líderes, algunos partidos de un mismo país, algunos actores internacionales. Como los venezolanos siempre innovamos, nos hemos propuesto que se haga una transición de la gente y con la gente. Y una de las razones por las cuales yo voy a regresar, y el propósito, es convertir un gran acuerdo nacional en un acuerdo que surja de las entrañas del país; que todo lo que hemos preparado —porque tenemos las propuestas, los planes, los equipos; es decir, nosotros [estamos listos] para trabajar [al] instante—, que esto se convierta en la nueva conversación nacional y que sea un debate en las cocinas, en las escuelas, en las fábricas, en los campos, en toda la sociedad venezolana.
Imagínate miles, decenas de miles de asambleas de ciudadanos, con un formato que vamos a ofrecer, donde la gente pueda discutir, aportar, votar. Y con todas las herramientas de tecnología que tenemos hoy en día, inteligencia artificial, todo lo vamos a procesar. Entonces van a ser millones de voces. ¿Quién para eso? ¿A quién están excluyendo?
-¿Qué mensaje le envía usted a esa mesa de conversaciones en la que aparecen Dinorah Figuera y el presidente de la Asamblea venezolana, Jorge Rodríguez, reunidos de nuevo por estos días?
Que cumplan su palabra. Les dieron una tarea: nombren un Consejo Nacional Electoral con base en la Constitución. No son cuotas, no es uno de un lado y otro del otro lado. La Constitución venezolana es clarísima: personas probas, sin vinculación política alguna. Lo mismo para el Tribunal Supremo de Justicia. Y pónganle una fecha a la elección. Eso es todo lo que tienen que hacer, y rápido.
-Sobre eso, ¿no ha habido fecha en esas conversaciones?
Todavía no.
-Hemos visto mensajes del Departamento de Estado diciendo que Washington no ha impedido su regreso a Venezuela. Pero, ¿qué debería hacer Estados Unidos con relación a los diálogos de esa mesa en la que se están negociando las condiciones de la transición?
Fíjese, hace unas semanas el senador Bernie Moreno, de Ohio, planteó, por iniciativa propia, que las elecciones presidenciales debían ser el 24 de julio de 2027, que es la fecha del natalicio del Libertador. Y la verdad es que a alguna gente le pareció muy lejos, porque decía: “Pero bueno, si se empieza a organizar una elección ya, en ocho meses, diez meses podría estar realizándose. ¿Por qué esperar hasta julio del año que viene?”.
Pero yo creo que es una iniciativa potente y es una fecha hermosa, porque, al final, la figura de Bolívar unifica no solamente a los venezolanos, sino a muchas otras naciones. Y después, a la propuesta del senador Moreno se han sumado el senador Rick Scott, Mario Díaz-Balart, otros congresistas, voces de muchas otras partes del mundo. Y yo creo que han recogido la urgencia y la necesidad de un pueblo que decidió ser libre. Decidió ser libre.
Que queremos a nuestros hijos de vuelta a casa, que tenemos derecho a vivir con seguridad, con dignidad, con justicia, que hemos aprendido y nos hemos forjado en unos años horribles, pero que esos años de hambre nos hicieron más generosos que nunca; que esos años de terror y persecución demostraron la valentía del bravo pueblo; que esos años de silencio nos hicieron entender que no hay nada más poderoso que la defensa de la verdad. Así que es una sociedad solidaria, organizada como nunca antes y decidida, porque para nosotros esto no es una lucha electoral o política: esto es una lucha existencial por la vida, es una lucha ética por la verdad y es una lucha espiritual por el bien.
Verdad, justicia y amnistía
-En esa lucha ética por la verdad, recientemente la exmagistrada Bárbara César confesó que firmó su inhabilitación por presión del gobierno chavista y por amenazas directas a su familia. En un escenario democrático con María Corina en Venezuela, ¿usted qué priorizaría en este caso: ¿la verdad o la justicia?
La verdad y la justicia van de la mano. Han sido tantas las personas que se me han acercado y me han enviado mensajes. Personas que estuvieron reprimiendo protestas pacíficas y que me han escrito pidiendo perdón. Personas que han estado involucradas en la detención de compañeros.
-¿Le piden perdón?
Gente que me ha llorado en las calles. Familiares que me han escrito lo que ocurrió en las cárceles cuando llegaron nuestros compañeros, con otros presos comunes, incluso por delitos mayores, con los custodios. Esto es algo sobre lo cual algún día podremos hablar libremente. No lo hacemos porque no queremos arriesgar la vida y la seguridad de nadie. Sigue un sistema represivo en Venezuela: los mismos que ordenaron la detención, la persecución y la tortura en estos cuerpos. Aunque se está avanzando —hay que decirlo y hay que reconocerlo, hay más de 700 presos políticos liberados, hay que reconocerlo—, siguen allí y, obviamente, intentan recordarle todos los días a la población lo que ellos son capaces de hacer.
Pero aquí hay un país que ha entendido. Y yo debo decir algo: la experiencia del terremoto, de los dos terremotos del 24 de junio, fue un quiebre definitivo.
-¿Por qué?
Porque fue tan brutalmente cruel e [irresponsable] la reacción del régimen que el país no olvidará eso jamás. Y lo que hizo fue demostrarnos que nos tenemos unos a otros y que, al final, el ciudadano se impone incluso por sobre los obstáculos que pone el régimen. Pero eso quebró una relación para siempre. Y sí, ha traído, desde luego, una conciencia más profunda de la urgencia y de que depende de nosotros terminar de concretar la transición. Y reconstruir una gran nación requiere de una nación unida, unida al margen de lo que pueden ser algunas tentaciones, provocaciones o traiciones que siempre ocurren en estos procesos, mucho más cuando hay tanto dinero como el que ha existido y todavía hay en Venezuela.
-Pero queda claro, como se ha revelado recientemente también en el juicio contra Nicolás Maduro, que ha habido una maquinaria de tortura, persecución y una cantidad de violaciones a los derechos humanos que, si Venezuela regresa la democracia, habrá que atender y habrá que juzgar. ¿No hay un escenario que usted se imagine de una amnistía para todos estos violadores de derechos humanos venezolanos en el momento en el que se regrese con certeza a la democracia?
Bueno, eso es contrario a la Constitución y a todos los tratados internacionales. Lo que sí nosotros garantizamos es que esto no va a ser un proceso de revancha, porque precisamente nosotros no somos lo que ellos son, porque precisamente queremos un país donde se les ofrezca justicia a todos, incluyendo a los que nos la negaron a nosotros. Yo tengo un amigo que me dice que tú tiras el Código Penal en Venezuela y la página que se te abra, ese delito me lo han aplicado a mí. Yo no sé ni siquiera en cuántos expedientes está mi nombre. Todos los días sé de uno nuevo. No. Lo que yo sí te puedo garantizar es que en mi corazón no hay odio.
Este movimiento lo ha movido una fuerza más poderosa que todo lo que ellos han promovido de violencia, odio, separación, revancha, resentimiento. Y es un profundo amor por mi país, por nuestra gente y por la libertad. Y eso es más poderoso que nada. Y por eso tú ves a gente que hace cosas extraordinarias. O sea, lo que nosotros hemos hecho sin plata, sin medios: la gente poniendo sus casas, poniendo sus propios ahorros, arriesgando a su familia por un sueño común.
Entonces, esto que nosotros hemos construido se ha convertido en un movimiento social y cultural sin precedentes. Somos otra sociedad. Por supuesto que somos otra sociedad, mucho mejor a la que jamás hubo en Venezuela, mucho más consciente de lo que significa perder la democracia, de lo que significa perder la posibilidad de tener a tus hijos contigo, de poder recorrer tu país.
Imagínate lo que sienten esos millones de venezolanos alrededor del mundo que no tienen esos colores, esos olores, esos sabores que tanto anhelamos, pero que están pensando en el regreso. La potencia y la fuerza de esto: un país que se reencuentra. Esto es algo que nunca antes ha ocurrido en América Latina, y lo estamos construyendo nosotros, y por eso no tiene vuelta atrás. Hagan lo que hagan, podrán ponernos obstáculos, tratarán de dilatar, pero en el fondo Venezuela va a ser libre, y vamos a transformarla en una verdadera tierra de gracia.
Mensaje para América Latina
-Para finalizar, envíeles, por favor, un mensaje a esos latinoamericanos que la están leyendo desde todas las plataformas de los diarios que integran el Grupo de Diarios América. ¿Qué mensaje hay para nuestra región en este momento?
Creo que hay momentos en la historia en los cuales las sociedades y los individuos enfrentan esa decisión existencial en la cual no hay espacio para la indiferencia. Y claramente este es uno de ellos. En Venezuela no tenemos una sociedad polarizada o dividida. Lo que hay es una nación que, después de haber sido humillada, perseguida, separada, empobrecida, se levanta erguida para transformar nuestro país —que fue en estos años foco de desestabilización, de creación de redes criminales, de promover el debilitamiento institucional en toda la región, utilizando los recursos de los venezolanos para el crimen— y transformarlo en un foco de estabilidad, de luz y de verdadera construcción conjunta de instituciones que van a perdurar por siglos. Y los necesitamos.
Así como Venezuela en otros momentos se convirtió en refugio de colombianos, de chilenos, de uruguayos, de paraguayos, hoy los venezolanos necesitamos que América Latina alce la voz cuando algunos quieran callarnos, cuando algunos prefieran pasar agachados, cuando algunos prefieran hacer ciertos negocios o ignorar a la gente. Que sean las voces de América Latina las que le recuerden al mundo de lo que estamos hechos.
Somos pueblos hermanos que amamos la democracia, que compartimos cultura, religión, historia, lenguaje, y que hoy, más que nunca, estamos frente a ese momento decisivo en la historia. Por lo cual yo le doy gracias a Dios, porque son las razones por las cuales vale la pena vivir la vida, las que le dan trascendencia a la existencia y te demuestran que la ética en política es efectiva, y que al final lo único que nos queda es la palabra frente a nuestra gente y frente a la historia.
Y la historia juzgará de manera implacable a los que hicieron, a los que no hicieron, a los que callaron. Pero, al final, como siempre ocurre en la historia, se impondrán la verdad, la justicia y la luz, y nos encontraremos en una Venezuela libre y democrática.


