Gabino Pampini tenía 17 años cuando subió por primera vez a un escenario. Llevaba un pantalón y una camisa prestados, además de un saco que le había facilitado un trompetista. Nunca había cantado con una orquesta y aquella noche debía reemplazar a su hermano, el bolerista Sócrates Lazo. Los abucheos del público lo llenaron de miedo, pero bastó que comenzara a cantar para que los silbidos dieran paso a los aplausos. Así, en la ciudad panameña de Colón, comenzó una carrera que supera las seis décadas y que, a sus 77 años, todavía tiene mucho por ofrecer.
El intérprete de éxitos como “Cuerpo de guitarra”, “A nuestro modo” y “Cinco pa’ las doce” recuerda aquel debut con la picardía que lo caracteriza. Entre bromas y risas, habla de sus hijos, sus amores y las anécdotas que le han dejado más de seis décadas sobre los escenarios.
“Todos nos tenemos que poner viejos, pero no por eso nos vamos a echar para atrás. Le doy gracias a Dios que llegué a esta edad y todavía estoy cantando muy bien”, dice el salsero panameño, que reconoce haber atravesado algunas dificultades médicas. “Estuve un poco mal de salud, pero ya parece que me hicieron de piedra”, añade sonriente.
Canciones y recuerdos
Ese entusiasmo lo ha acompañado durante más de seis décadas de grabaciones, viajes y canciones que se convirtieron en clásicos de la salsa romántica. Aunque, curiosamente, no todas lo convencieron al principio. Una de ellas fue “Cuerpo de guitarra”.
“Esa canción, la verdad, yo no la quería grabar porque decía. ‘Voy a quitarle el estuche para empezar a tocarla...’. Estaba chapado a la antigua y eso no me gustaba. Y mire usted que fue la canción que pegó”, comenta.
“Cinco pa’ las doce”, en cambio, le despierta una profunda emoción. Su interpretación se ha convertido en un clásico de las celebraciones de Año Nuevo en distintos países.
Recuerda que una noche de fin de año, tomó un taxi y el conductor, al reconocerlo, comenzó a cambiar de emisora. En todas sonaba “Cinco pa’ las doce”. “Me dijo que el 31 de diciembre la ponían más de quince veces”, dice sonriente.
Pero detrás de esa canción festiva hay un recuerdo que todavía lo conmueve. En uno de sus pregones incluyó una dedicatoria a Blasina Espinosa, su madre, quien lo impulsó a convertirse en cantante.
“Esa canción me hace llorar el 31 de diciembre. Mi mamá fue madre y padre para mí, y me duele cada vez que la canto. Cuando se fue, me quedé vacío”, reconoce.
Otra canción que conserva un lugar especial en su memoria es “A nuestro modo”. La relaciona con un amigo que, según cuenta, nunca recibió las regalías que le correspondían por aquella composición.
“Me trae muchos recuerdos porque él nunca cobró regalías de esa canción. Usted sabe que muchas compañías tratan de aprovecharse del cantante”, sostiene.
El salsero asegura haber vivido situaciones difíciles con algunas empresas discográficas. Menciona a Discos Fuentes entre las compañías con las que tuvo desacuerdos, pero prefiere no detenerse en esos episodios.
“Yo le dejo las cosas a Dios. A Dios no se le olvida nada”, afirma.
Amor recuperado
Gabino Pampini es padre de ocho hijos, nacidos en distintos países. Tiene una hija peruana, un hijo colombiano, cinco panameños y uno estadounidense. Habla de todos con afecto, aunque reconoce que las exigencias de su carrera le impidieron estar tan presente como hubiera querido durante sus infancias.
Hoy, una de sus mayores alegrías es viajar junto a su hija mayor, Anayansi, quien también lo ayuda a organizar sus actividades profesionales.
“Está pendiente de todo. Me pregunta si ya comí, si desayuné. Es tan atenta conmigo que a veces me da pena porque no me porté muy bien con ella cuando era niña”, reconoce con pesar.
Aunque todavía tiene proyectos musicales pendientes, su mayor ilusión está puesta en el futuro de sus hijos. “El sueño que me queda por cumplir es poner un buen negocio para dejárselo a mis hijos. Yo ya no quiero nada para mí”, confiesa.
La música también podría unirlo en un nuevo proyecto con su hijo mayor, Gabino Lazo, compositor de música cristiana. Recuerda que una vez le pidió que escribiera una canción para él, pero su respuesta lo sorprendió: “Me dijo: ‘Papá, yo no hago música mundana’”. Ahora planean grabar juntos un álbum de música cristiana.
Aventuras de escenario
Más de seis décadas sobre los escenarios le han dejado innumerables anécdotas. Una de las más insólitas ocurrió en Colombia, cuando un amigo lo llevó, sin advertirle, a cantar para un grupo guerrillero. Para llegar, tuvo que cruzar un puente colgante que separaba a los militares de los hombres armados.
“Yo no sabía que iba a cantarle a la guerrilla. Cuando vi a esa gente con sus botas y sus armas, dije: ‘Ay, no, ¿dónde me metí yo?’”, recuerda.
Tras su primera presentación, se refugió asustado en el bus de la orquesta. Unos hombres armados fueron a buscarlo y le preguntaron por qué no bebía con ellos. Para salir del apuro, respondió que solo tomaba Buchanan’s. Poco después regresaron con una botella del whisky escocés.
“Empecé a tomar y terminé disfrutando tanto de la fiesta que quería quedarme con los muchachos, pero los músicos de la orquesta no me dejaron”, cuenta entre risas.
En otra ocasión sufrió un accidente durante una presentación en Nueva York. Estuvo a punto de caer de una tarima y se lastimó gravemente un pie con el borde metálico del escenario. A pesar del dolor, consiguió continuar. Hoy recuerda aquel episodio como una muestra de los riesgos que también ha tenido que enfrentar durante su carrera.
Corazón peruano
Gabino Pampini habla del Perú con especial emoción. Asegura que el cariño del público peruano lo ha marcado profundamente y que su vínculo con el país es aún más estrecho porque tiene una hija peruana.
“Me preguntan por qué digo que me quieren más en el Perú que en otros países. Porque aquí me han tratado con amor. En Panamá nunca me han hecho una entrevista en un lugar tan hermoso como este (la hemeroteca de El Comercio). No le dan el mismo valor al artista. Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero gracias a Dios aquí sí lo soy. Amo al Perú, es un país fuera de serie... Perdón, soy muy sentimental”, confiesa con la voz entrecortada, sin poder contener las lágrimas.
Amores musicales
A sus 77 años, Gabino no siente nostalgia por una juventud a la que sabe que no puede regresar. Prefiere concentrarse en el presente, en sus hijos y en las canciones que aún tiene por grabar. Además del proyecto cristiano con su hijo, contempla nuevas colaboraciones musicales y espera continuar viajando mientras su salud se lo permita.
Cuando se le pregunta a qué momento de su vida quisiera volver, responde sin vacilar.
“Lo vivido, vivido está. Ahora quiero aprovechar los años que me quedan y vivirlos con dignidad. No quiero quedarme atrapado en los recuerdos. Quiero disfrutar de mi familia y seguir encontrando en cada aplauso, una razón para volver a empezar, concluye.


