Creo que Victoria’s Secret recuperó un poco de la magia de sus desfiles. Y lo digo porque, después de varias ediciones que parecían haber perdido parte de esa fantasía que convirtió a sus pasarelas en verdaderos espectáculos, este año finalmente volví a sentir esa emoción de ver algo extraordinario.
El Victoria’s Secret Fashion Show 2026, celebrado en Los Ángeles, fue mucho más colorido y elaborado que sus ediciones recientes. Regresaron las alas monumentales, los volúmenes exagerados, las combinaciones atrevidas, la pedrería y, sobre todo, ese maximalismo que durante años fue parte esencial de la identidad de la marca.
Como diseñadora, lo que más disfrutado de estos desfiles es la capacidad de transformar una prenda de lencería en una propuesta completa.
El regreso del rosa, las alas y la fantasía
Bella Hadid fue la encargada de inaugurar la pasarela en un primer segmento dominado por el rosa, con acentos verdes y una estética floral que inmediatamente marcó el tono del espectáculo. Sus alas fueron espectaculares, pero también me llamaron especialmente la atención los accesorios en la cabeza y la manera en que cada elemento contribuía a construir una silueta mucho más elaborada.
Uno de mis looks favoritos de toda la noche fue el de Alessandra Ambrosio, quien apareció con una falda globo y una cola dramática. Me encantó ver esta silueta, tan presente en las tendencias actuales, reinterpretada dentro del universo Victoria’s Secret.
Ashley Graham también protagonizó uno de los momentos más interesantes visualmente, con un body de encaje y unas alas formadas por rosas giratorias que cobraron vida. Ese tipo de recursos es precisamente lo que extrañaba: piezas que sorprenden por su construcción y movimiento.
A lo largo del desfile vimos repetirse los volúmenes globo, los flecos de pedrería, las aplicaciones brillantes y las alas que flotaban alrededor de las modelos. Me gustó especialmente que el brillo no se limitara al vestuario. La propia pasarela incorporaba glitter, un detalle que enriquecía visualmente el escenario y recuperaba esa atmósfera de fantasía que tanto asociamos con la marca.
Cuatro estaciones, muchas interpretaciones
La propuesta creativa de este año estuvo inspirada en las cuatro estaciones, bajo la dirección creativa de Adam Selman, con distintas interpretaciones de la primavera, el verano, el otoño y el invierno.
Esta inspiración permitió desarrollar universos visuales bastante diferentes. Pasamos de los colores románticos y las referencias florales a combinaciones más atrevidas, propuestas oscuras en negro y dorado, y un segmento invernal que parecía inspirado en auténticas reinas del hielo.
Hacia el final, los cristales, los tonos metálicos y las aplicaciones de pedrería adquirieron todavía más protagonismo, creando una atmósfera de lujo y extravagancia que dialogaba perfectamente con el regreso del icónico Fantasy Bra.
Lo que más rescato de esta dirección creativa es que el desfile volvió a tener una narrativa visual. Cada segmento tenía su propia personalidad, pero todos compartían una intención: hacer que la pasarela se sintiera nuevamente como un espectáculo.
PINK y el maximalismo más divertido de la noche
La línea juvenil de Victoria’s Secret apostó por colores atrevidos, mezclas inesperadas, denim intervenido con gemas y una estética cargada de referencias al universo pop.
Uno de mis detalles favoritos fueron los pequeños perritos de peluche, símbolos característicos de PINK, utilizados como accesorios y colgados de las caderas como si fueran llaveros gigantes.
Me pareció una manera ingeniosa de recuperar los códigos visuales de la marca y llevarlos hacia una imagen mucho más lúdica.
Aquí el maximalismo se manifestó a través de los accesorios, las proporciones y las combinaciones de materiales. Había una intención evidente de divertirse con la moda, algo que personalmente celebro.
La presentación de KATSEYE acompañó muy bien esta propuesta y reforzó esa energía juvenil, desenfadada y colorida.
Las grandes ángeles nunca pasan de moda
Otro de los grandes aciertos fue reunir nuevamente a algunas de las figuras más emblemáticas de Victoria’s Secret.
Adriana Lima, Alessandra Ambrosio y Candice Swanepoel demostraron por qué sus nombres siguen siendo parte fundamental de la historia de estos desfiles.
Pero los regresos que me parecieron más emocionantes: Rosie Huntington-Whiteley, quien volvió después de 16 años, y Elsa Hosk, que regresó tras ocho años de ausencia.
Esta última protagonizó uno de los momentos más impresionantes de la noche al llevar las alas más grandes de todo el desfile. Una pieza monumental que recordaba aquellas épocas en las que las alas no eran simplemente un accesorio, sino auténticas obras de arte.
También destacó Barbara Palvin, quien regresó a la pasarela apenas seis semanas después de convertirse en madre. Su esposo, el actor Dylan Sprouse, la alentaba desde el público, protagonizando uno de los momentos más emotivos del evento.
Palvin tuvo dos apariciones, pero me quedo con la segunda, en la que lució un corset de pedrería acompañado de unas alas preciosas. Fue uno de mis looks favoritos por el equilibrio entre la delicadeza de los detalles y el impacto visual del conjunto.
Me parece interesante que Victoria’s Secret continúe incorporando distintas generaciones y perfiles de modelos, incluyendo figuras como Ashley Graham y Alex Consani, mientras mantiene presentes a las supermodelos que construyeron su identidad.
Kylie Jenner y el Fantasy Bra: ¿un privilegio que debía ganarse?
Sin duda, uno de los momentos más comentados de la noche fue el regreso del Fantasy Bra, después de ocho años de ausencia. Y Victoria’s Secret decidió hacerlo a lo grande.
Kylie Jenner debutó en la pasarela luciendo una creación de la firma de alta joyería Jacob & Co., valorizada en 50 millones de dólares, convirtiéndose en el Fantasy Bra más caro de la historia.
La pieza incorporaba 4.410 diamantes naturales, entre ellos un impresionante diamante amarillo de 75,54 quilates. Su elaboración requirió más de mil horas de trabajo y la participación de quince artesanos.
Más allá de su valor económico, me parece importante destacar el nivel de trabajo artesanal detrás de esta creación. Estamos hablando de una pieza de alta joyería concebida para integrarse al cuerpo y acompañar el movimiento de quien la lleva.
Sin embargo, la elección de Kylie Jenner también abrió un debate interesante.
Durante años, llevar el Fantasy Bra fue considerado uno de los mayores reconocimientos dentro del universo Victoria’s Secret. Modelos como Gisele Bündchen, Heidi Klum y Adriana Lima fueron algunas de las encargadas de lucirlo, convirtiéndolo en un símbolo de prestigio y trayectoria.
Por eso, muchos cuestionaron que Kylie Jenner recibiera este privilegio en su primera participación en el desfile. Para una parte del público, era algo que debía ganarse después de años de trabajo y presencia en la marca.
Otros, en cambio, celebraron su aparición y consideraron que su impacto mediático y su influencia cultural justificaban perfectamente la elección.
Creo que aquí aparece una pregunta interesante sobre la evolución de la industria: ¿qué pesa más hoy, la trayectoria de una modelo o su capacidad para generar impacto global?
No podemos negar que Kylie Jenner consiguió eso: convertirse en uno de los temas más comentados del desfile. Y aunque su elección pueda resultar polémica, también refleja cómo las marcas están redefiniendo sus estrategias para conectar con nuevas audiencias.
El espectáculo musical: entre grandes aciertos y momentos mejorables
No todo fue perfecto.
Si bien disfruté muchísimo la propuesta visual, considero que el espectáculo musical tuvo algunos momentos menos logrados, especialmente al comienzo.
En una de las primeras presentaciones, incluso hubo un cruce poco fluido entre la cantante y una modelo mientras se desarrollaba el número musical. Puede parecer un detalle menor, pero en un desfile de esta magnitud, donde la coordinación entre música, modelos y escenografía es fundamental, estas situaciones terminan afectando la experiencia visual.
Afortunadamente, el nivel del espectáculo mejoró considerablemente conforme avanzó la noche.
Para mí, la presentación de Tate McRae fue la mejor de todas. Su vestuario rojo, acompañado por sus bailarinas en la misma tonalidad, creó una propuesta visual muy potente. La energía, la coreografía y la integración con la pasarela funcionaron de manera mucho más convincente.
¿Victoria’s Secret recuperó su magia? Creo que sí, al menos una parte importante de ella. Durante los últimos años, Victoria’s Secret ha tenido que replantear su identidad, su relación con la diversidad y la manera en que presenta sus ideales de belleza. Y aunque esa evolución era necesaria, siento que en el proceso sus desfiles habían perdido parte de la teatralidad que los hacía únicos.
La edición 2026 demuestra que ambas cosas no tienen por qué ser incompatibles. Es posible construir una pasarela más diversa y contemporánea sin renunciar al espectáculo, a las alas monumentales, a la pedrería o a los looks extravagantes.


