Para miles de limeños, trasladarse diariamente entre el hogar y el centro de labores puede significar más de dos horas de ida y otras dos de vuelta. A este tiempo se suman la congestión vehicular, las largas colas y las esperas para abordar el tren o Metropolitano, situaciones que pueden convertirse en una fuente cotidiana de estrés, ansiedad, irritabilidad y frustración.

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