Los demócratas demoraron 38 años, dos más que los que tardamos en ir a un mundial, en llegar al Senado en Estados Unidos. La victoria es doble porque junto al escaño de James Talarico, la latina demócrata Gina Hinojosa ha ganado la gobernación del Estado al republicano Greg Abbott que postulaba a su cuarto mandato consecutivo. En Texas hay reelección indefinida y muchas singularidades que lo hacen; perdón, lo hacían; un bastión del conservadurismo.
Texas, el segundo estado más grande de su nación luego de Alaska; también tiene un 40% de población latina que, aunque votaba conservadora, se ha resentido por el tono supremacista blanco del trumpismo y la política migratoria. Eso puede explicar fácilmente el triunfo de Hinojosa, así como el del demócrata Xavier Becerra en California, primer gobernador latino en ese Estado. Y podría explicar que los republicanos ahora vean al secretario de Estado latino Marco Rubio con más apetito para el 2031 que al blanquísimo vicepresidente JD Vance.
¿Por qué ganó, entonces, Talarico, blanco texano de octava generación y demócrata radical? Esa singularidad lo ha consolidado como la bestia negra que ya era para los republicanos -Trump lo llamó ‘Talafreako’- y lo ha puesto en el candelero internacional. Podemos apuntar dos razones que lo han hecho capitalizar el voto de los relegados y descontentos latinos, blancos y demás. James esgrime un argumento eficacísimo, la lucha de clases. Trump también lo esgrimió cuando se presentó como candidato de las aspiraciones populares frente a los encopetados ‘caviares’ demócratas.
Talarico hace lo mismo que muchos populistas de derecha, pero como progresista liberal que es, agrega la defensa de los derechos reproductivos y de la población LGBT. Por supuesto que no gana por eso, menos en Texas; sino por su eficaz división del mundo entre ricos y pobres. No solo la esgrime, sino que la predica en sentido literal. Ha sido seminarista presbiteriano, es soltero con novia, y dice que mientras otros “practican la política del deporte sangriento, del troleo, del pugilismo”, él practica “la política del amor”. Ello provocó un ataque homofóbico de JD Vance. A un seguidor que le gritó ‘I love you’ en un mitin le respondió “yo también lo amo, pero en un sentido platónico, no soy James Talarico”.
Propios y latinos
James no necesita demostrar que es tejano, usando sombrero y camisa de franela a cuadros, algo común entre sus paisanos. Nació en los alrededores de Austin, la capital del Estado. El gran Capitolio de Texas, en el centro de la ciudad, fue una referencia constante en su juventud de seminarista y maestro de escuela pública. Hasta que ingresó a la cámara de representantes del Estado (el ‘congreso’ estatal) a los 29 años en el 2018.
Ahora, con 37 años, ganó el senado con una campaña intensa pero austera. Se presentó como el candidato de los pobres frente a “los políticos títeres de billonarios mega donantes”. Se jactó de no recibir fondos de ninguna PAC (los Political Action Committee, que fundan grandes empresas y grupos de ciudadanos, para financiar diversos candidatos, pues una empresa está prohibida de aportar directamente a una campaña).
Nuestro candelero tejano no solo se jacta de haber ganado a su contendiente republicano Ken Paxton, sino “al hombre más rico del mundo” que apoyaba a este. Elon Musk trasladó desde el 2021 su residencia y la sede de varias de sus empresas a Texas. Vive en Boca Chica, en la costa sur del estado, cerca a Starbase, su centro de lanzamiento de cohetes. Tiene otra mansión en las afueras de Austin, donde está la sede de Tesla y de su Gigafactory. Musk se había trasladado de California a Texas confiado de que estaba en el corazón de la América por la que él apuesta y donde las autoridades republicanas, además, le daban ventajas fiscales y regulatorias. Por ahora, ha preferido expresar su sorpresa con humor. Posteó en X -su red- dos comentarios irónicos: “Parece que mis laser espaciales para interferir elecciones no funcionaron”. Y este otro: “Los data centers en el espacio empiezan a verse bastante atractivos ahora”.
Ya algunos medios y analistas habían colocado a Talarico como posible candidato en las primarias del Partido Demócrata para elegir a su candidato para el 2028. Ahora ven con más apetito a este predicador liberal de la lucha de clases y a la vez de la ‘política del amor’ que está capitalizando el hastío ante la inflación, la guerra con Irán y los supremacismos de diversa índole. Texas, una vez más, es el estado de la tradición y de la singularidad, “the lone star state”, porque cuando se independizo de México y antes de incorporarse a EE.UU., su bandera de república independiente tenía una sola estrella; la estrella que ahora encarna Talarico.


