Cuatro postulantes, un puesto de trabajo y una serie de pruebas que ponen a prueba sus límites. Así se desarrolla El método Grönholm, obra dirigida por Rómulo Assereto que aborda la competencia laboral, la ambición y la búsqueda de oportunidades.
Stephanie Orúe, quien forma parte del elenco, habló con Correo sobre su experiencia en esta puesta en escena, los desafíos de su personaje y las reflexiones que deja la historia. La obra estará disponible hasta este domingo 1 de noviembre en el Teatro Claretiano.
—La historia expone hasta dónde pueden llegar las personas cuando está en juego una oportunidad laboral. ¿Crees que, en la sociedad actual, la necesidad de triunfar puede llevarnos a perder de vista nuestros valores?
Totalmente. Y quizá también tenga que ver con que vivimos en un país en el que no abundan las oportunidades para todos y, a veces, cuando se presenta alguna en nuestra vida, si no tenemos nuestros valores bien integrados, nos podemos marear un poco y finalmente empezar a hacer cosas que quizás saquen un lado nuestro que no conozcamos o que se active por esa necesidad de llegar a algún lado, de triunfar, de alcanzar el éxito. Y, a veces, eso implica pisotear al otro o volverte corrupto en el camino, qué sé yo.
—'El Método Grönholm’ combina humor, tensión y situaciones psicológicas límite. ¿Cuál ha sido el mayor reto para mantener ese equilibrio en escena sin perder la naturalidad de las reacciones de tu personaje?
De hecho, al principio lo que me costó un poco también era entrar en ese código, ¿no Porque el director Rómulo (Assereto), desde un comienzo, tenía muy claro que estos personajes están como en un decibel un poquito más arriba desde que entran a escena, porque, claro, saben que están postulando a un puesto importante, saben que están siendo observados y evaluados. Eso mismo es lo que los lleva a querer llamar la atención, a querer sobresalir y a estar en ese código un poco más arriba.
Y, claro, la intención es que sea orgánico, pero dentro de ese código que el director marcó desde un comienzo. Creo que tiene que ver con la escucha que hay entre los cuatro, con que todos tenemos los mismos matices de color y estar presente. O sea, tener claro qué es lo que quiere el personaje, cómo lo quiere conseguir y vivir momento a momento.
—Como actriz, ¿has vivido alguna experiencia profesional en la que hayas sentido que debías competir con otras personas para demostrar tu talento? ¿Cómo ha cambiado tu manera de afrontar la competencia a lo largo de tu carrera?
En general, yo nunca he sido de sentir que estoy en una competencia con otro. No voy a negar que mi trabajo implica hacer castings y ser consciente de que quizá hay varias actrices para un personaje al que estoy postulando. Es inevitable pensar que nadie es indispensable también y que, si no estoy yo, si no soy la adecuada o acorde para el personaje porque el director tiene otra visión o qué sé yo, hay muchas otras actrices detrás de un mismo papel.
En mi caso, yo nunca miro para el costado. Siempre tengo la política y la filosofía de que compito conmigo misma. Es decir, intento siempre ser mejor cada vez, hacer mi trabajo mejor y nunca perder mi norte. Pero no soy de competir con el resto, no me gusta pensar así.
—La obra pone sobre la mesa temas como la manipulación, la desconfianza y la falta de solidaridad. ¿Qué tan identificable crees que resulta esta historia para el público peruano, especialmente en un contexto laboral marcado por la búsqueda de estabilidad y oportunidades?
Creo que es muy fácil que el público se pueda identificar con los temas que aborda la obra, porque nuestro contexto es bastante inestable laboralmente y uno siempre está intentando buscar nuevas oportunidades o inventarse trabajos. El peruano es mil oficios y, por necesidad, a veces tiene que ser creativo. Siempre estamos buscando estabilidad, no solo en mi rubro como artista, sino en general. Hay mucho desequilibrio en nuestra sociedad. Entonces, yo creo que es muy fácil que el público se identifique con la obra, con los temas que toca y con la manera en que los aborda también.
—La puesta en escena invita a preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a llegar para alcanzar nuestras metas. En tu propia vida, ¿cómo defines el éxito y qué límites consideras innegociables, incluso cuando está en juego una gran oportunidad?
Para mí, el éxito es hacer lo que me gusta, vivir de mi trabajo y tener la familia que tengo actualmente. Para mí, ese es el éxito. Y quizás eso vaya cambiando con el tiempo, porque voy a querer conseguir más cosas más adelante. Entonces, creo que para mí el éxito consiste en lograr siempre mis objetivos sin perderme en el camino, sin abandonarme y sin perder mi esencia.
—¿Qué te ofrece el escenario teatral que no encuentras en otros formatos y qué nuevos desafíos te propone esta experiencia como actriz?
Amo todos los formatos y escenarios porque en cada uno se aprende siempre con cada proyecto, pero considero que el teatro es la madre. No todos están dispuestos a sostener una temporada y correr el riesgo que hacer teatro implica. Hacer teatro es para valientes.
—¿Qué proyectos tienes confirmados para los próximos meses?
Estaré en Elba Julia Filomena, obra escrita por Italo Cordano y producida por Los Productores. También estoy gestando mi proyecto musical de gran formato para el 2027, que se llama En Guardia, el musical: la historia del doctor cantante. Esta obra está escrita por mi pareja, Jorge “Chino” Sabogal, y será dirigida por David Carrillo. Estoy enfocada también en crear mi empresa familiar.


