Todos –hasta muchos excongresistas de derecha– sabían que el modelo de bicameralidad que se había aprobado era no solo precario, sino que iba a terminar tensando las relaciones entre ambas cámaras. La bicameralidad, en todos los países donde funciona bien, lo hace cuando las dos cámaras, por más rivales que sean, respetan a sus opositores, aunque sean capaces de ironizar con fiereza en sus intervenciones parlamentarias. Exige una cultura democrática y de paciencia que los parlamentarios peruanos no han cultivado. Por eso, de los creadores del parlamentarismo Frankenstein, llega a ustedes el bicameralismo Frankenstein.
Hay muchos motivos para predecir que el nivel de hostilidad va a escalar. Entiendo que el oficialismo quiera celebrar una victoria legislativa, pero a qué viene el ánimo tan peruano de gritarle el gol en la cara a una oposición tan lánguida y enclenque como la que enfrentan. Es innecesario ridiculizarla colocando sillas vacías en una conferencia de prensa con el logotipo de las bancadas que no habían participado en la sesión de la Comisión de Constitución del Senado. Pienso que no hay nada más innecesario que ese ‘jojolete’. ¿Qué viene después? Una guerra fría. La Cámara de Diputados no va a volver a confiar en los senadores y van a iniciar seguramente una estrategia de congelamiento.
Es mucho más innecesario si se considera la tranquila victoria que obtuvieron en el pleno del Senado que bien refleja todos los eslabones débiles de la oposición. El fujimorismo conoce que puede doblegar pragmáticamente a muchos senadores. Es inentendible que el fujimorismo cometa estos errores pueriles de celebración de barra brava. Las pistas del extravío amateur en el que andan los senadores son tantas que hasta el presidente del Senado ha tenido que salir a rectificar errores que horas antes decía no existían.
Alberto Fujimori gobernó convirtiendo la política en una sucesión de escenas donde el adversario aparecía como un obstáculo. Pero para construir esa dinámica se tuvo que deshacer del Senado. Ridiculizar al opositor gráficamente en el Congreso funciona si lo controlas totalmente; si no, pues solo te has cerrado puertas futuras. Y eso es precisamente lo que ha hecho el oficialismo. Cerrarse futuras puertas creyendo que las dinámicas de la unicameralidad siguen firmes.
Todo este episodio de la delegación de facultades ha demostrado que la bicameralidad peruana no ha creado un espacio de deliberación, sino que ha vuelto a construir las barricadas y que la guerra fría ha empezado. Quizá es más saludable que los conflictos y las barricadas se trasladen siempre al Congreso, pero el problema es que la primera controversia importante del Senado no produjo una discusión reflexiva sobre sus límites o sobre los cauces en los que va a terminar funcionando, sino en una competencia de ego ridícula por decidir quién podía acusar al otro de abandonar al país y quién tiene el ‘cuchillito que no corta’. Creo que los senadores no entienden que están labrando las reglas prácticas que decidirán cuánto la ciudadanía va a odiar la bicameralidad.


