San Juan de Lurigancho (SJL) tiene una de las mayores concentraciones empresariales de Lima, pero gran parte de la actividad económica se desarrolla en un entorno de informalidad, advierte un análisis de Business Network International (BNI).
Las cifras recopiladas del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) indican que SJL concentra 108,275 empresas, lo que equivale al 7.6% de las empresas activas de Lima Metropolitana, el segundo mayor volumen de la capital.
De ese total, BNI Región SJL estima que gran parte de los negocios son informales, lo que tiene un impacto negativo en las condiciones de trabajo de las personas.
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Excesivamente informales por “temor” al crimen
En ese sentido, se advierte que el Registro de Información de Trabajadores en la Informalidad Laboral del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) identifica que hay un total de 450,5 mil trabajadores informales en el distrito.
“Es el distrito con mayor informalidad a nivel nacional, y esta cifra representa casi el doble que los puestos de trabajo generados de manera directa en el sector minero formal”, señala BNI.
Incluso, de acuerdo con datos oficiales, el 66.7% de estos trabajadores -unos 300,7 mil- no tiene antecedentes de haber trabajado alguna vez en un puesto formal.
Las principales actividades de estos peruanos que laboran en la informalidad son los servicios, con 183,5 mil trabajadores; comercio, con 79,2 mil; construcción, con 27,5 mil; y manufactura, con 25,9 mil.
Esto coincide con la concentración de empresas identificadas por BNI. Según Lourdes Chávez, directora regional de BNI Región SJL, entre los sectores con mayor presencia en el distrito están la industria, la metalmecánica, el rubro automotor, la construcción, la gastronomía y el comercio.
“Las empresas tienen un problema de falta de confianza. Ahora estamos con una situación de inseguridad en toda la parte comercial, así que los negocios tratan de ser muy cuidadosos en no ser tan visibles, eso nos afecta mucho. Las extorsiones y todo lo relacionado hace que nosotros no confiemos”, comentó a Gestión.
Jorge Luis Ojeda, docente de la Facultad de Negocios de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), coincidió en que este problema tiene un impacto directo sobre las empresas y puede terminar afectando las decisiones de inversión.
“La seguridad debe ocupar un lugar central. El riesgo de robos o extorsiones afecta la continuidad del negocio, encarece su operación y puede desalentar nuevas inversiones. Se requiere una respuesta coordinada entre la municipalidad, la Policía y las instituciones responsables de investigar y sancionar estos delitos”, refirió.
En ese sentido, José Luis Nolazco, docente de la Facultad de Economía de la Universidad de Lima, consideró que una de las prioridades que debería tener la nueva gestión municipal es la infraestructura y orden urbano orientado a las actividades económicas.
“Se trata de identificar corredores comerciales y productivos con mayores problemas de accesibilidad, seguridad y servicios, y concentrar allí las intervenciones. El MEF dispone de mecanismos públicos de seguimiento presupuestario y de inversiones que permiten monitorear estos proyectos”, indicó.
Inseguridad no es el único freno
Otro problema que resalta Chávez, de BNI Región SJL, es el desconocimiento de los empresarios sobre las herramientas disponibles para formalizarse y mejorar sus capacidades para impulsar sus negocios.
En ese sentido, Chávez consideró necesario mejorar las capacidades de gestión de los empresarios de SJL para elevar la productividad de sus negocios.
Pero, ¿en qué debería enfocarse esto? Nolazco señaló que la capacitación que acompañe la formalización debe orientarse en la gestión financiera, costos, contabilidad, marketing, digitalización y gestión empresarial.
A su vez, Ojeda señaló que las medidas deben llegar a la operación del negocio para que aprendan a conocer sus costos, controlar inventarios, administrar su flujo de caja, reducir desperdicios y mejorar la calidad de sus productos o servicios.
“La capacitación debe acompañarse de asistencia técnica aplicada y seguimiento; una charla aislada difícilmente transforma una empresa. También se necesita facilitar la incorporación de tecnología y herramientas digitales, así como el acceso a financiamiento adecuado para capital de trabajo y equipamiento”, explicó.
El reto para alcanzar un mayor crecimiento
El reto, resaltó, no pasa únicamente por aumentar el número de empresas formales, sino por conseguir que los negocios que ya existen puedan crecer y generar mayor valor.
“La brecha muestra una economía muy emprendedora, pero poco escalable. El desafío no debería ser formalizar por formalizar, sino conseguir que la formalidad genere un retorno económico: acceso a financiación, clientes más grandes, contratación pública, nuevos mercados y posibilidades de asociación”, sostuvo.
Por ello, además de lo expuesto, Nolazco también consideró necesario reducir los costos de formalización y operación, simplificar licencias y procedimientos municipales y acercar los servicios de formalización al propio distrito.
El crecimiento también depende de que las empresas puedan encontrar nuevos clientes y acceder a mercados de mayor tamaño. Por ello, Ojeda resalta la necesidad de vincular a pequeños productores con compradores grandes, promover compras conjuntas y facilitar servicios compartidos para impulsar los negocios.


