El Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia anunció esta semana la detención de un periodista japonés en la ciudad de Yuzhno-Sajalinsk (isla de Sajalín) por sospechas de espionaje. El hombre en cuestión fue identificado por la cancillería rusa como Yuki Imai, quien trabaja como corresponsal del periódico “Hokkaido Shimbun”.
El arresto del reportero en el Lejano Oriente de Rusia se debió a que las autoridades locales consideraron que habría estado recopilando información sobre la capacidad defensiva de la potencia euroasiática y otros elementos relacionados con la guerra de Ucrania bajo las órdenes de la agencia de inteligencia japonesa.
En concreto, el FSB sostiene que el periodista recabó información sobre el número de efectivos movilizados para el conflicto y la participación de voluntarios entre la población de las islas Kuriles, lo que fue juzgado como una actividad inusual dentro de las labores periodísticas de Imai.
El “Hokkaido Shimbun” ha señalado que su corresponsal había llegado a Rusia con una visa de reportero y su retorno a suelo nipón estaba programado para este lunes 12. La Embajada de Japón en Moscú declaró este miércoles 14 a NHK, radiodifusora estatal nipona, que están tratando de verificar con urgencia cuál es la situación de Yuki Imai.
Esta información tiene correspondencia con la brindada por la agencia de noticias rusa TASS, que informó que el reportero nipón fue detenido justo cuando se preparaba para retornar a su país, aunque sin especificar la fecha del arresto.
El propio FSB compartió con los medios locales un video que mostraba la detención, con agentes irrumpiendo en la habitación de un hotel para apresar a Imai.
Tras la captura, el corresponsal fue trasladado por vía aérea a Moscú, donde permanece en prisión preventiva por orden de un juzgado. La prensa local menciona que podría permanecer en custodia hasta el 12 de diciembre, a la espera de un proceso legal por el que el reportero podría pasar hasta 20 años en prisión.
El Kremlin defendió la medida considerándola necesaria, indicando que se defenderá de cualquier intento de terceros países de vulnerar su seguridad nacional a través de mecanismos legales en la superficie.
“Son lamentables los intentos de Tokio de utilizar a sus corresponsales en Rusia, bajo condición de periodistas extranjeros, para recabar información con el objetivo de socavar la seguridad de nuestro Estado”, indicó María Zajárova, vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso.
Zajárova asegura que no se trata de un “incidente aislado” y que cualquier tipo de acciones de esta naturaleza son consideradas “inaceptables” por Moscú.
En la misma línea se mantuvo el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, quien aseguró que el Servicio Federal de Seguridad simplemente se remitió a “cumplir sus funciones” y que “si hay espías, estos son detenidos”.
Tokio respondió al incidente este miércoles 14 reclamando “un trato justo e imparcial” para su ciudadano y agregó que se ha llamado a consulta a Nikolay Nozdrev, embajador ruso en su territorio, para pedir explicaciones sobre la detención y preguntar por qué esta no fue informada previamente al gobierno japonés. La cartera de Exteriores nipona aseguró que ha solicitado “información inmediata” sobre el caso.
“La Embajada japonesa en Moscú y el Consulado General en Yuzhno-Sakhalinsk presentaron una solicitud a las autoridades rusas para que suministren información rápidamente, así como que tengan en cuenta consideraciones humanitarias y brinden un trato justo e imparcial (al periodista)”, dijo Toshimitsu Motegi, ministro de Relaciones Exteriores de Japón.
Por su parte, el “Hokkaido Shimbun” ha señalado que sigue con atención el estado del periodista y viene “verificando los detalles”, asegurando que “su máxima prioridad sigue siendo garantizar su seguridad”.
El mismo diario informó que la Asociación de Corresponsales Extranjeros de Japón ha expresado “su profunda preocupación” por el arresto de su colega, a la vez que pide al gobierno nipón “dar prioridad a la seguridad del periodista y hacer todo lo que esté a su alcance para garantizar su libertad lo antes posible”.
Desencuentro histórico
La captura del reportero japonés se enmarca en un contexto complejo porque el FSB atribuye de forma explícita al periodista labores de espionaje ligadas a las islas Kuriles, controladas de facto por Rusia y que durante décadas han sido fuente de tensión diplomática entre los dos países.
Estas masas terrestres son relevantes porque el mar que las rodea contiene grandes recursos pesqueros y se cree que albergan recursos minerales importantes.
El Kremlin las considera un punto de control vital en el área que va desde el mar de Ojotsk hasta el Océano Pacífico, al punto de que la isla de Iturup, la más grande del archipiélago, alberga la base militar rusa más importante en dicha región.
Dichos territorios insulares, llamados Territorios del Norte por los nipones, fueron ocupados tras el fin de la Segunda Guerra Mundial por la Unión Soviética, que desalojó a unos 17.000 japoneses residentes y los reemplazó con población rusa.
Las diferencias se remiten a la interpretación del Tratado de San Francisco de 1951, mediante el cual Japón renunció a los territorios que había ocupado durante su etapa de conquista imperial. Aquel acuerdo nunca fue firmado por los soviéticos.
Si bien el documento incluía también a las Kuriles, los nipones consideran que las cuatro islas meridionales del archipiélago no entran dentro de esa categoría, defendiendo que su soberanía sobre esos territorios es anterior a la era expansionista y había sido confirmada por el Tratado de Shimoda, firmado en 1855.
Rusia, como estado heredero de la Unión Soviética, argumenta que la Conferencia de Yalta (1945) definió, mediante un acuerdo con los aliados, que todas las islas pasaran a su control y que se trató entonces de una ocupación legítima.
Pese a que Japón y la Unión Soviética restablecieron sus relaciones diplomáticas en 1956, la cercanía japonesa con Estados Unidos durante la Guerra Fría y la cuestión de las cuatro islas han impedido que se firme un tratado de paz definitivo. El país del Sol Naciente condiciona cualquier acuerdo de este tipo a que las islas pasen a su control fáctico y formal.
Desconfianza permanente
Al desencuentro de larga data se suma que Rusia ha incluido a Japón dentro de su lista de “países y territorios hostiles” tras el inicio de la guerra en Ucrania. El estado asiático fue añadido por su alineamiento con las sanciones económicas impuestas por las naciones occidentales a Moscú y por su compromiso de fortalecer sus lazos con los ucranianos.
Tokio ha otorgado ayuda a Kiev por medio de contribuciones financieras, de carácter no humanitario y de equipo no letal, siendo uno de los principales contribuyentes a la causa ucraniana fuera del ámbito de la OTAN. Japón incluso llegó a reafirmar su compromiso de colaboración cuando Donald Trump solicitó no enviar ayuda militar a Ucrania durante el 2025, asegurando que seguiría coordinando con el G7 las penalizaciones impuestas a Moscú.
Se ha calculado que, solo en el 2024, Japón envió al país presidido por Volodímir Zelenski unos 4.200 millones de dólares en ayuda, además de ofrecer financiación para futuras labores de reconstrucción. Para el presente año esta cifra sería ampliada, pues la primera ministra nipona, Sanae Takaichi, asignó un presupuesto de 6.000 millones de dólares en asistencia económica para Ucrania.
La respuesta rusa al respaldo japonés a Kiev se tradujo en la ruptura de todas las negociaciones de paz relacionadas a las Kuriles en marzo del 2022. Esto incluyó los permisos especiales que Moscú otorgaba a los ciudadanos nipones para visitar estos territorios, sobre todo para visitar las tumbas de sus antepasados en las islas.
Asimismo, el Kremlin incluyó prohibiciones de visados para funcionarios japoneses e incrementó sus ensayos militares en la región marítima circundante.
Recientemente el archipiélago ya había sido fuente de una tensión renovada a causa del viaje de Vladimir Putin a Iturup en agosto.
Esta fue la primera ocasión en la que el mandatario ruso visitó el territorio disputado, lo que fue calificado por Takaichi como una provocación “completamente inaceptable”.
La disputa diplomática tendría un episodio adicional a fines de setiembre, cuando el gobierno japonés anunció sanciones contra 35 buques de la llamada “flota fantasma de Rusia”, con la que el Kremlin busca sortear las sanciones que afectan sus exportaciones petroleras.
En el mismo paquete de medidas, Tokio admitió que recurriría a más medidas para ampliar las sanciones contra Moscú y limitar el comercio de bienes que “contribuyeran a reforzar el núcleo industrial” ruso.
El hecho fue calificado por la cancillería rusa como una serie de “ataques inamistosos que no quedarían impunes”.
“El gobierno japonés sigue tomando medidas irreflexivas que provocan un mayor deterioro de lo poco que queda de sus relaciones con Rusia”, declaró por entonces María Zajárova.
Un reportaje de “The New York Times” publicado en julio señalaba que Japón era un foco de inteligencia capital para Rusia, debido a que había establecido en el país asiático una red clandestina con la que obtenía tecnología para emplear en la guerra contra Ucrania.
Según el informe, agentes de la inteligencia militar del Kremlin se hacían pasar por empleados de la oficina comercial de Aeroflot, la aerolínea de bandera rusa, en Tokio.
Desde ahí se habría creado una red con empresas locales de logística y transporte para trasladar dispositivos electrónicos y de aviación hacia su país, camuflando las operaciones al pasar por otros territorios. El objetivo era mitigar la falta de acceso a equipos tecnológicos que afronta Rusia a causa de las penalizaciones internacionales.
La investigación detectó la presencia de componentes de origen japonés de marcas como Toshiba, Panasonic o Murata en misiles y drones rusos.
El mismo artículo da cuenta de un reporte del Instituto Real de Servicios Unidos de Londres en el que se menciona que Japón ha sido durante mucho tiempo una “paraíso del espionaje” y que su gobierno ha buscado resolver esa problemática mediante una serie de reformas de su sistema de inteligencia. Entre otras cosas, Tokio busca mitigar su dependencia de Washington y de otros socios extranjeros para la defensa.
Dentro de esas consideraciones, Japón ve con suma desconfianza la cercanía entre Rusia, Corea del Norte y China, países con los que mantiene diferencias relevantes. A la luz de los hechos recientes, el marco de desconfianza con Moscú sigue sumamente vigente.
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