En las profundidades del mar de la Antártida Oriental, una gigantesca acumulación de sedimentos ha comenzado a revelar un capítulo decisivo en la historia de su capa de hielo. Los investigadores descubrieron que, al concluir la última glaciación, el hielo dejó de retroceder temporalmente y avanzó unos 65 kilómetros hacia el océano antes de continuar su retirada. Este registro natural ofrece nuevas pistas sobre los factores que influyen en el comportamiento de los glaciares. La formación se encuentra en la bahía de Vincennes y alcanza aproximadamente 260 metros de altura. Su extensión y dimensiones la convierten en una estructura extraordinaria bajo el lecho marino antártico.
Con más de 580 kilómetros cúbicos de volumen, esta gigantesca estructura se ha convertido en la mayor formación aislada de su tipo conocida hasta ahora en una plataforma continental cubierta por glaciares. Su hallazgo permite reconstruir parte de los cambios experimentados por la capa de hielo y comprender mejor cómo respondió a las transformaciones climáticas del pasado. La investigación fue encabezada por científicos de la Universidad de Kiel y del Instituto Alfred Wegener, ambas instituciones alemanas. Los resultados fueron publicados en la revista científica Geophysical Research Letters. Así, los sedimentos del fondo oceánico se consolidan como una valiosa fuente de información para descifrar la evolución de los glaciares y sus posibles cambios futuros.
¿Qué revela la estructura de sedimentos del hielo antártico después de todos estos años?
En las profundidades de la Antártida Oriental, una formación geológica conocida como grounding-zone wedge o cuña de la zona de anclaje conserva las señales de un antiguo cambio en el comportamiento del hielo. Esta estructura se originó en el punto donde la masa glaciar, asentada sobre el lecho marino, se encuentra con la plataforma de hielo que flota sobre el océano. Durante el retroceso de la capa de hielo antártica, esta frontera permaneció inmóvil durante un tiempo prolongado. Aquel periodo de estabilidad permitió que el proceso natural dejara una huella en el fondo marino.
Mientras el hielo permanecía detenido en ese límite, los sedimentos transportados por debajo del glaciar comenzaron a acumularse progresivamente. Con el paso del tiempo, estos materiales se depositaron hasta formar una gigantesca estructura en forma de cuña. El descubrimiento permite reconstruir cómo evolucionó la capa de hielo de la Antártida Oriental durante una etapa crucial de su historia. Asimismo, ofrece información valiosa para comprender por qué los glaciares pueden detener su retroceso antes de avanzar nuevamente hacia el océano.
¿Qué dicen los investigadores sobre informes recopilados durante varias expediciones?
La historia de esta gigantesca formación antártica comenzó a reconstruirse gracias a 340 kilómetros de registros sísmicos de alta resolución, obtenidos durante la expedición PS141 a bordo del buque alemán Polarstern, a inicios de 2024. Los científicos complementaron estos datos con información sobre la profundidad del lecho marino y las características de los sedimentos. Al examinar las imágenes, identificaron diversas capas de materiales que se extienden hacia el océano. Estas señales permitieron comprender cómo los sedimentos procedentes del interior del continente quedaron acumulados en el límite del hielo.
El análisis reveló detalles inéditos sobre la evolución de la cuña y los procesos que permitieron su formación a lo largo del tiempo. Chiara Tobisch, autora principal de la investigación e investigadora doctoral de la Universidad de Kiel, destacó la importancia del descubrimiento. “Por primera vez, pudimos observar estas dinámicas con gran precisión mediante métodos de alta resolución y reconstruir el proceso de formación a partir de la estructura interna de la cuña”, explicó la especialista. De esta manera, las técnicas sísmicas permitieron descifrar las huellas geológicas que el hielo dejó bajo el mar antártico.
En todos estos años el relieve del fondo marino frenó el retroceso y permitió un nuevo avance
El estudio reveló que las características del fondo marino fueron determinantes para frenar temporalmente el retroceso del hielo antártico. En la zona donde el glaciar se detuvo, los investigadores encontraron una variación en la inclinación del terreno submarino y evidencias de un subsuelo más compacto. Estas condiciones habrían incrementado la resistencia al desplazamiento de la masa glaciar, favoreciendo la estabilidad de su punto de anclaje. Con el paso del tiempo, los sedimentos comenzaron a acumularse y contribuyeron a que el límite del hielo avanzara nuevamente hacia el océano. De esta manera, la formación alcanzó una extensión aproximada de 65 kilómetros.
Los científicos estiman que la gigantesca cuña se originó después del último máximo glacial, hace alrededor de 20.000 años, cuando el planeta atravesaba una etapa de profundas transformaciones climáticas. Para determinar cuánto tiempo tomó su desarrollo, los investigadores utilizaron un modelo basado en supuestos simplificados sobre el transporte y la acumulación de sedimentos. Los resultados sugieren que este proceso pudo prolongarse durante unos 4.000 años. Aunque se trata de una estimación, el cálculo ofrece una referencia para comprender la evolución de la estructura. Así, el fondo marino conserva pistas fundamentales sobre la historia y la dinámica de los glaciares antárticos.
Las predicciones sobre el deshielo de la Antártida serán mejoradas con los hallazgos que se han dado
La Antártida Oriental alberga la mayor capa de hielo del planeta, una gigantesca reserva congelada cuya desaparición elevaría el nivel global del mar aproximadamente 52 metros. Ante este escenario, los científicos buscan comprender cómo responde esta masa helada a las transformaciones ambientales y qué consecuencias podrían producirse en el futuro. En medio de estas investigaciones, la bahía de Vincennes ha cobrado especial relevancia por su relación con el glaciar Vanderford. Este último figura entre los glaciares que retroceden con mayor rapidez en la región. A ello se suma la presencia de aguas profundas relativamente cálidas, que contribuyen a acelerar la pérdida de hielo.
El geocientífico Johann Klages, del Instituto Alfred Wegener y coautor del estudio, resaltó la importancia de las características geológicas del fondo marino en la estabilidad de los glaciares. Según explicó, las variaciones en la inclinación del terreno y las propiedades del subsuelo pueden influir en el comportamiento de las masas de hielo. Sin embargo, estos factores todavía no están suficientemente representados en los modelos numéricos utilizados para estudiar las capas de hielo. Esta limitación plantea un desafío para las proyecciones científicas sobre su evolución. Por ello, comprender la interacción entre el terreno submarino y los glaciares resulta fundamental para mejorar las estimaciones sobre los futuros cambios del nivel del mar.
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