Uno de los primeros spoilers que alguien puede contarle a otra persona en su vida quizá sea el de “Los otros”. No porque sea un cliché, sino porque su giro final se ha convertido en una referencia constante en otras películas y series. Alejandro Amenábar construyó una historia de fantasmas que depende de esa revelación, pero también de todo lo que ocurre antes de ella. Veinticinco años después de su estreno, la película regresa a salas de cine.
Ambientada en 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial, la cinta sigue a Grace Stewart (Nicole Kidman), una madre que vive con sus hijos, Anne (Alakina Mann) y Nicholas (James Bentley), en una mansión de la isla de Jersey. Los niños padecen una condición que les impide exponerse directamente a la luz solar, por lo que la casa permanece a oscuras y funciona bajo reglas estrictas. La llegada de tres sirvientes altera esa rutina y abre la puerta a sucesos que Grace no consigue explicar.
El miedo, sin embargo, no depende de mostrar demasiado. Una puerta que se cierra, un ruido en una habitación vacía o la insistencia de una niña en afirmar que ha visto a alguien bastan para resquebrajar la seguridad de Grace. Amenábar construye el suspenso con silencios, conversaciones y una fotografía que hace de la penumbra un espacio de amenaza. No necesita llenar la casa de apariciones: le basta con sembrar la duda sobre aquello que sus habitantes creen conocer.
“Realmente la cinta nace por mis miedos más infantiles. Yo he sido un niño muy miedoso”, cuenta. Aquellos recuerdos de mansiones embrujadas y habitaciones oscuras reapareció años después, cuando comenzó a escribir una historia de fantasmas por el placer de hacerlo. A esa memoria se sumaron películas como “The Haunting” y “The Changeling”, de Peter Medak, además del cine de casas encantadas que había visto durante su infancia.
Atrás de escena
Aunque hoy parezca inseparable de su escenario anglosajón, “Los otros” no nació como una película en inglés. Amenábar empezó a escribirla en español, pero sus productores le propusieron trasladarla a un universo anglosajón, más cercano al terror gótico que al realismo mágico latinoamericano del cual toma ciertas prestaciones. El cambio amplió la dimensión internacional del proyecto. Rodada íntegramente en inglés, la película se filmó en España, incluidos los interiores recreados en Madrid y los exteriores del Palacio de los Hornillos, en Cantabria. “Quería que fuera como aquellas casas coloniales en Chile”, agrega el director.
La participación de Kidman también supuso ajustes. La actriz, que venía de rodar “Moulin Rouge” y arrastraba una lesión en la rodilla, intervino en la construcción de Grace con propuestas propias. “Ella cambió cosas muy activamente, las fue construyendo y traía propuestas cuando grabábamos. Uno de esos cambios era que su personaje tuviera una ligera cojera, supongo que lo pidió porque venía arrastrando un problema de rodilla y yo no me di cuenta del motivo en ese momento” recuerda Amenábar. “Para Nicole no fue una experiencia fácil crear su personaje”, agrega.
El director precisa que no llegaron a un acuerdo sobre ese detalle y que la actriz se retiró dos semanas antes de lo previsto por sus problemas físicos, aunque llegaron a grabar las tomas que necesitaban para terminar la película. La relación profesional entre ambos se desarrolló mientras Kidman atravesaba también una etapa personal compleja. Tom Cruise, entonces su esposo, participó como productor ejecutivo, y la separación de la pareja se hizo pública mientras Amenábar montaba la película. Pese a la coincidencia, el director sostiene que Hollywood no interfirió en su dirección. “Tom Cruise era el productor ejecutivo, un día fue a verme y me dije que tenia carta blanca para las decisiones creativas”, menciona el director.
El rodaje tampoco estuvo libre de dificultades técnicas. El equipo utilizó lentes especiales para trabajar con muy poca luz y conseguir una penumbra que no se limitara al contraste entre sombras y zonas iluminadas. “En esencia la película es una historia contada a través de la iluminación, no recurrimos a sustos de primera porque no eran necesarios”, explica Amenábar.
La apuesta terminó dando frutos. Estrenada en 2001, Los otros recaudó más de 210 millones de dólares en todo el mundo y obtuvo ocho premios Goya, entre ellos el premio a Mejor Película. Su permanencia, Incluido este reestreno, explica el director se debe a que la cinta se permite desarrollarse sin adelantarse cosas por cuestión de tiempo en pantalla. “Una película como ‘Los otros’, va a su propio ritmo, despacito, con muy pocos sustos, con muchas conversaciones y mucha construcción de atmósfera, creo que eso hace que siga conectando de forma profunda”, afirma el director que prepara una nueva cinta, mientras esta consigue sorprender a las nuevas generaciones.


